0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLos jóvenes de casa han leído Garlanda de Maria Rovira. El mayor dijo que le había gustado mucho, pero no concretó. La pequeña confesó que se había visto reflejada, que había conectado mucho. Coincidieron en que se trataba de un libro generacional. Aunque ellos están en la treintena, no me dejé acoquinar por el adjetivo generacional y se lo pedí para leerlo en verano.Tal vez el nombre de Maria Rovira a algunos de ustedes no les diga nada y les suene más Oye Sherman, su nombre artístico como monologuista y guionista. Andreu EstebanEl volumen lleva un subtítulo – “Paraules, pèrdues i altres celebracions”– que una vez leído el libro toma todo el sentido. Yo me sumergí en él con pocas pistas, así que con pocas expectativas, y me encontré con que Garlanda no es una recopilación de monólogos ni de bromas o guiones afilados. No sé cómo lo vende la editorial Blackie Books, qué estrategia de marketing ha elegido, pero para mí Garlanda es un libro de lengua. Un buen libro de lengua en que Rovira se encariña con una palabra y su etimología curiosa, como llondro, nos cuenta un montón de anécdotas desde niña hasta hoy, aliñadas con muchas referencias cinematográficas y añadiendo toques de humor en las abundantes notas a pie de página. Nos revela que su “sinestesia es propia de una niña glotona: hasta donde me alcanza la memoria he tenido asociada cada palabra ( por su sonido) a una imagen, y en la inmensa mayor parte de los casos la imagen es de comida. Cada palabra tiene su textura”.Maria Rovira construye una guirnalda con lengua y luto rematada con humorDesde sus 35 años, como “Dante cuando escribe Nel mezzo del cammin di nostra vita”, también nos habla a menudo de su padre y de su pérdida y de cómo se transforma el duelo: “Si no recuerdas no sufres, pero no creo que compense. A veces me consuela pensar que un corazón que no se puede romper no lo quiero para nada”.Entre las piezas que forman esta guirnalda hay una ristra de adjetivos referidos a colores que es una delicia y listas de palabras que le gustan, de palabras que no has visto venir o que crees que son incorrectas pero no... Por la conciencia lingüística que muestra Maria Rovira, no sé si se ha tragado todo el estante de los diccionarios, pero que acumula muchas partidas de Paraulògic seguro que sí.Redactora de Opinión de La Vanguardia y novelista