Entrevista Exclusivo suscriptores Tomas Walschburger, líder en el desarrollo del Manual sobre Manejo Integral del Fuego para los Llanos, advierte que Colombia no está preparada.El biólogo Tomas Walschburger señala que el cambio climático está creando condiciones para que los incendios sean más extensos y difíciles de controlar. Foto: Daniel López - EL TIEMPOPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD03.09.2026 16:38 Actualizado: 04.09.2026 06:15
Los incendios forestales de grandes dimensiones no han sido un fenómeno habitual en buena parte de Colombia. Sin embargo, esa situación podría estar cambiando. Las sequías más intensas y prolongadas, asociadas al cambio climático, están creando condiciones en las que ecosistemas que históricamente no estuvieron expuestos de manera frecuente al fuego pueden comenzar a arder y, una vez iniciado un incendio, permitir que este se extienda con mayor facilidad.La advertencia la hace Tomas Walschburger, biólogo y asesor sénior de Ciencias de The Nature Conservancy (TNC), quien lideró el desarrollo del Manual de Manejo Integral del Fuego en las sabanas naturales de los Llanos de Colombia. El documento plantea que el fuego no debe ser entendido únicamente como una amenaza que debe apagarse, sino como un proceso ecológico y social que, en determinados ecosistemas, debe ser manejado de manera planificada. LEA TAMBIÉN Un escenario de Súper Niño podría poner a prueba la capacidad del país para enfrentar incendios. Foto:Bomberos de PopayánPara Walschburger, Colombia atraviesa una coyuntura particularmente importante ante la posibilidad de un escenario de “Súper Niño”. En entrevista con EL TIEMPO, sostiene que los grandes incendios pueden aparecer con una frecuencia y una extensión mucho mayores a las observadas históricamente.“Los fuegos forestales en Colombia eran muy raros y seguramente se van a volver mucho más frecuentes”, afirmó el experto. A su juicio, el cambio climático está contribuyendo a generar las condiciones ideales para que se presenten incendios de características más catastróficas.A medida que el bosque pierde humedad, aumenta la posibilidad de que un fuego provocado en el exterior pueda ingresar y propagarse. Walschburger señala, además, que buena parte de los incendios pueden tener origen humano, por prácticas como la quema de vegetación para ampliar potreros o limpiar terrenos.“Si alguien prende un fuego, pues la probabilidad de expansión es altísima”, explicó al referirse a ecosistemas que no están naturalmente expuestos al fuego. En esas condiciones, añadió, el país podría enfrentar incendios de una frecuencia y una extensión que no corresponden con lo observado históricamente. LEA TAMBIÉN Un país que responde más que previeneUno de los principales cuestionamientos del investigador es que Colombia continúa teniendo una aproximación al fuego centrada en la respuesta, en lugar de una estrategia preventiva.Según Walschburger, la legislación actual todavía concibe el fuego principalmente como una amenaza que debe ser controlada. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) ha planteado una propuesta para crear una ley de manejo integral del fuego, pero, según el experto, esta iniciativa no ha avanzado con la fuerza necesaria para convertirse en ley.Para él, ese cambio normativo resulta fundamental porque el manejo integral del fuego requiere mucho más que apagar incendios una vez que comienzan. También implica contar con personal capacitado, brigadas preparadas, equipos, sistemas de comunicación, coordinación institucional y conocimiento sobre los ecosistemas en los que se trabaja.Voraces incendios han consumido más de 50 mil hectáreas durante los últimos días en Tolima. Foto:Daniel López / EL TIEMPO.El manual elaborado para las sabanas naturales de los Llanos propone precisamente pasar de una lógica de supresión a una estrategia que combine prevención, supresión y uso planificado del fuego, con criterios ecológicos, culturales y económicos y la participación de los actores locales.El documento parte, además, de una particularidad de las sabanas de la Orinoquía: son ecosistemas que evolucionaron con el fuego. Por eso, eliminarlo completamente tampoco constituye necesariamente una solución. El propio manual advierte que la exclusión total puede generar acumulación de biomasa, invasión de vegetación leñosa, pérdida de biodiversidad dependiente del fuego y, eventualmente, incendios más severos. Su principio es “quemar mejor”, no “quemar más”.Walschburger explica que, en las sabanas naturales del Llano, la ausencia prolongada de fuego permite que el bosque avance sobre la sabana y que aumente la cantidad de combustible disponible. Por eso, el manejo adecuado consiste en mantener un paisaje heterogéneo, con áreas quemadas recientemente, áreas sin quemar y otras con mayor tiempo desde la última quema.El manual propone para las sabanas del Llano dejar entre el 20 y el 40 por ciento de cada bloque sin quemar durante una operación, distribuido en parches irregulares. Estos espacios funcionan como refugios para la fauna, permiten la recolonización de la vegetación y pueden actuar como barreras naturales frente a futuros incendios. LEA TAMBIÉN Soldados ayudan a apagar incendios en Tolima. Foto:Daniel López / EL TIEMPO.La advertencia frente al próximo gran incendioPara Walschburger, Colombia no está preparada para enfrentar los grandes incendios que podrían presentarse. En su opinión, pese a que el país cuenta con aproximadamente 120 brigadas para el control del fuego, estas no tendrían, en general, el equipamiento, los sistemas de comunicación ni una estructura de coordinación suficiente para responder a un escenario de grandes incendios. “En resumen, no estamos preparados realmente para hacer un manejo integral o un control de fuego más efectivo en Colombia”, sostuvo.Su preocupación aumenta ante un posible Súper Niño que podría convertirse en uno de los eventos de mayor intensidad de los últimos 100 años. Walschburger considera que los impactos ya observados son una señal de alerta, incluso antes de que se presente una sequía extrema.Por eso, plantea que el país debería aprovechar el conocimiento existente y convertir el manejo integral del fuego en una política preventiva. Esto incluye fortalecer las brigadas, preparar a las comunidades, mejorar la coordinación entre autoridades ambientales, organismos de gestión del riesgo, bomberos y Defensa Civil y desarrollar diagnósticos territoriales que permitan saber dónde están los combustibles y cuáles son los ecosistemas más vulnerables.El manual también insiste en que los planes no deberían limitarse a cada finca de manera aislada. La coordinación entre predios vecinos puede permitir planes de manejo del fuego a escala de paisaje, más efectivos que la suma de esfuerzos individuales.El biólogo Tomas Walschburger. Foto:Cortesía LEA TAMBIÉN En ese contexto, Walschburger considera que el momento actual representa una oportunidad para cambiar la forma en que Colombia enfrenta el fuego. La meta, dice, no debería ser esperar a que aparezcan incendios de grandes dimensiones para enviar helicópteros, bomberos o brigadas, sino reducir desde antes las condiciones que permiten que un fuego pequeño termine convertido en una emergencia de grandes proporciones.“Creo que sí es un momento histórico y necesitamos tomar la decisión de realmente ver cómo avanzamos con el manejo integral del fuego”, afirmó.La advertencia tiene una particularidad: no plantea simplemente apagar más rápido los incendios. Propone conocer mejor el fuego, entender dónde puede ser parte de la dinámica natural de un ecosistema y, al mismo tiempo, reconocer aquellos lugares donde su presencia puede resultar devastadora.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud @CaicedoUcrosEDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud @CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.










