Análisis Exclusivo suscriptores El país ocupa el puesto 48 entre 177 naciones en el Índice de Desempeño Ambiental. También está entre los diez que más deforesta bosques primigenios.En 2025 el país perdió 81.870 hectáreas de bosque primario tropical húmedo, aunque ocupa el tercer lugar de América Latina y el Caribe en el EPI 2026. Foto: Edwin Caicedo. EL TIEMPOPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD03.09.2026 17:04 Actualizado: 03.09.2026 17:04
Colombia aparece en dos fotografías ambientales del planeta tomadas prácticamente al mismo tiempo. Y, vistas por separado, parecerían describir países distintos. En la primera, la del Índice de Desempeño Ambiental 2026 (EPI), elaborado por centros de investigación de las universidades de Yale y Columbia, Colombia ocupa la posición 48 entre 177 países, con una calificación de 48,83 puntos. En América Latina y el Caribe solamente Chile, ubicado en el puesto 41, y Costa Rica, en el 45, aparecen por encima. Brasil, por ejemplo, está inmediatamente después de Colombia, en la casilla 50. Es decir, visto desde el tablero general del EPI, Colombia se mantiene en el grupo de mejor desempeño ambiental de América Latina.Pero la segunda fotografía cuenta una historia bastante más incómoda. Los datos de pérdida de cobertura boscosa entregados en el informe de Global Nature Watch muestran que durante 2025 Colombia perdió 81.870 hectáreas de bosque primario tropical húmedo. Esa cifra situó al país como el octavo con mayor pérdida de este tipo de bosque en el mundo, dentro de un listado encabezado por Brasil, con cerca de 1,63 millones de hectáreas; Bolivia, con 622.093; y República Democrática del Congo, con 559.439. LEA TAMBIÉN La deforestación es el mayor flagelo ambiental de Colombia. Foto:Edwin Caicedo. EL TIEMPOEntre los primeros diez aparecen además Perú, en la quinta posición, y Colombia en la octava. Así, cuatro países amazónicos —Brasil, Bolivia, Perú y Colombia— quedan ubicados dentro del grupo de naciones con mayores pérdidas de bosque primario tropical durante 2025.Esa es precisamente la paradoja que resalta el exministro de Ambiente Manuel Rodríguez Becerra. Como advirtió en su más reciente columna, publicada en este diario, a muchos colombianos puede sorprenderles la buena ubicación del país en el EPI porque los ciudadanos conocen de primera mano “la creciente destrucción y degradación ambiental que registra el país”.La pregunta inevitable es entonces: ¿cómo puede Colombia estar relativamente bien posicionada ambientalmente mientras continúa entre las naciones que más bosque primario tropical pierden?Un índice ambiental es mucho más que deforestaciónEl Índice de Desempeño Ambiental no es una clasificación exclusivamente forestal. Su edición de 2026 evalúa 177 países mediante 47 indicadores agrupados en 12 categorías, organizadas alrededor de tres grandes objetivos: salud ambiental, vitalidad ecosistémica y cambio climático. La estructura de la medición es clave para entender el resultado colombiano.La Vitalidad Ecosistémica representa el 45 por ciento de la calificación total; el Cambio Climático, el 30 por ciento, y la Salud Ambiental, el 25 por ciento. Dentro del primer componente se evalúan asuntos como biodiversidad y hábitat, recursos hídricos, agricultura, contaminación del aire, pesca, pastizales y bosques. LEA TAMBIÉN La biodiversidad del país ayuda a que resalte en mediciones como el EPI. Foto:Fundación Proyecto titíPara Carlos Mauricio Herrera, director de Conservación y Gobernanza de WWF Colombia, el índice permite observar asuntos como la mitigación del cambio climático, la calidad del aire, el agua potable y el manejo de residuos. La condición de los bosques y de ecosistemas específicos es apenas uno de los componentes de una medición más amplia.El profesor Diego Fernando Becerra, Ph. D. en Ciencias, en Física Educativa y docente de la Universidad de La Sabana, coincide en que el EPI debe interpretarse como una medición de desempeño heterogéneo: un país puede presentar resultados relativamente altos en algunas dimensiones y bajos en otras. En el caso colombiano, considera que el resultado refleja la existencia de capacidades y políticas ambientales importantes, pero también dificultades para controlar presiones específicas sobre los ecosistemas.Por eso, señala, contar con una gran riqueza natural no equivale necesariamente a tener un alto desempeño ambiental. La conservación y el aprovechamiento sostenible de esa riqueza requieren capacidades científicas, tecnológicas, institucionales y sociales que permitan comprender los problemas y desarrollar soluciones.Y allí aparece una explicación matemática de la aparente contradicción. La categoría de bosques equivale al 10 por ciento del componente de Vitalidad Ecosistémica, que a su vez pesa 45 por ciento dentro del EPI. Dentro de bosques, la pérdida de cobertura arbórea representa el 65 por ciento de la categoría y la pérdida de árboles dentro de áreas clave para la biodiversidad, el 35 por ciento.Eso significa que la pérdida general de cobertura arbórea, aunque ambientalmente crítica, tiene un peso efectivo cercano al 2,9 por ciento del puntaje total del índice. Por eso un mal resultado forestal puede deteriorar la calificación colombiana, pero no necesariamente arrastrarla hasta los últimos lugares si otros indicadores presentan comportamientos comparativamente mejores. LEA TAMBIÉN La ganadería extensiva es uno de los principales motores de la defoestación en Colombia. Foto:MAURICIO MORENO. EL TIEMPONéstor Sánchez, profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Sabana, plantea un matiz adicional sobre esa ponderación. Según su análisis, bosques y agricultura representan, respectivamente, el 10 y el 5 por ciento del componente de ecosistemas, mientras biodiversidad concentra el 55 por ciento de ese componente. Esto significa que, al llevar esas ponderaciones al total del índice, los bosques representan 4,5 por ciento y la biodiversidad 24,75 por ciento, mientras la calidad del aire tiene también un peso importante dentro de la medición.Para Sánchez, esta distribución muestra que el EPI prioriza unos factores sobre otros y que la posición final no está necesariamente relacionada de manera estrecha con el resultado de una política ambiental específica.Herrera coincide en que factores como la deforestación de un ecosistema de tanta importancia como la selva húmeda tropical no tienen un peso suficiente dentro de la metodología para castigar de manera proporcional la posición de Colombia. En cambio, variables como la superficie cubierta por áreas protegidas, los marcos regulatorios para la gestión de la naturaleza, los compromisos climáticos y la matriz energética contribuyen a la posición del país.Eso coincide con la explicación de Rodríguez Becerra: “su pobre desempeño en esta materia está amortiguado y enriquecido por el mucho mejor desempeño en otros temas”. Por eso, Becerra considera que el EPI debería utilizarse más como un tablero de diagnóstico que como una simple clasificación. La pregunta relevante no sería únicamente qué posición ocupa Colombia, sino en cuáles dimensiones tiene capacidades suficientes y en cuáles necesita fortalecerlas. LEA TAMBIÉN Ni el puesto 48 es un triunfo ni el octavo lugar cuenta toda la historiaRodríguez Becerra plantea que la reacción recurrente frente al EPI en Colombia ha sido de “escepticismo, de incredulidad, de burla”. La razón es comprensible: una persona que observa directamente la deforestación, la degradación de ecosistemas o los conflictos ambientales puede encontrar difícil conciliar esas experiencias con un tercer lugar regional. Pero rechazar el índice simplemente porque contradice esa percepción sería también una lectura incompleta.El propio EPI 2026 introduce cambios metodológicos importantes y, de acuerdo con el documento, su propósito no es declarar cuáles países poseen un ambiente saludable en términos absolutos, sino comparar su avance mediante decenas de indicadores. La edición de este año incorpora además inteligencia artificial en más de la mitad de ellos para aumentar su cobertura geográfica y temporal.Incluso los países que encabezan la clasificación están lejos de un desempeño ambiental perfecto. Estonia aparece primera, con 74,79 puntos, seguida de Luxemburgo, Reino Unido, Finlandia y Países Bajos. Colombia, con 48,83, está más de 25 puntos por debajo del líder.Estonia aparece como líder en el EPI 2026. Foto:IStockHerrera resume la diferencia entre ambas lecturas al señalar que el índice no busca establecer un balance absoluto sobre el estado de la naturaleza, sino observar tendencias en su manejo, la adopción de políticas y la implementación de medidas de sostenibilidad. La lectura correcta, entonces, quizá no esté en escoger cuál de las dos fotografías es verdadera. Las dos lo son.Colombia puede ocupar el tercer puesto latinoamericano en una evaluación que incorpora salud ambiental, cambio climático, biodiversidad, agua, contaminación, agricultura, bosques y otras variables, y simultáneamente permanecer entre los diez países del planeta que más bosque primario tropical pierden. Una cifra no invalida la otra.Al contrario, juntas permiten comprender mejor la complejidad del desempeño ambiental colombiano: un país capaz de mostrar avances relativos en distintas áreas, pero que sigue cargando con problemas estructurales de enorme magnitud. LEA TAMBIÉN Por eso el puesto 48 a nivel global debería leerse menos como una celebración y más como una referencia. Como señala Rodríguez Becerra, el índice mide “el progreso que ha hecho cada país para alcanzar objetivos ambientales internacionalmente acordados”. No mide la desaparición de los problemas ni garantiza que el patrimonio natural esté a salvo. Y en Colombia la situación de los bosques deja poco espacio para esa confusión.Que en 2025 la pérdida de bosque primario haya disminuido frente a 2024 es una señal favorable. Que el país continúe octavo en el mundo y que casi nueve de cada diez hectáreas perdidas estén asociadas a agricultura permanente muestra, al mismo tiempo, la dimensión del desafío.Ese es probablemente el mensaje que surge al superponer ambas mediciones: Colombia puede desempeñarse mejor que buena parte de sus vecinos y, aun así, estar muy lejos de resolver uno de sus problemas ambientales más graves.La buena posición en un ranking internacional no elimina la deforestación. Y la deforestación, pese a ser la mayor problemática ambiental del país, tampoco resume por sí sola todo el desempeño del territorio nacional.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud @CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








