Explicativo Exclusivo suscriptores El cementerio Central donde daños en un mausoleo y en la cúpula de la iglesia. Foto: Samir RojasPERIODISTA03.09.2026 15:54 Actualizado: 03.09.2026 16:14

En aquella mañana, las entrañas de la tierra crujieron con una fuerza que desdibujó los límites de la vida y la muerte. El lunes 10 de agosto no solo temblaron los vivos en Cali.Cementerio San José de Siloé. El muro desplomado estaba sobre la calle. Foto:Samir RojasEl eterno descanso en los camposantos de la ciudad y de todo el departamento del Valle del Cauca se vio abruptamente interrumpido por la feroz acción de la naturaleza.Ese terremoto de magnitud 7,4, que se quedó grabado en la memoria de miles de caleños y vallecaucanos, sembró el caos en la superficie y causó graves estragos en aquellos cementerios de esta región que resultaron igualmente devastados por la tragedia.Féretros a la vista al momento del terremotoLos minutos posteriores al gran sacudón revelaron una realidad que subió rápidamente por la ladera del oeste de Cali. Más de una decena de féretros del cementerio San José de Siloé quedó completamente al descubierto cuando el imponente muro de 20 metros de longitud, que los protegía de cara hacia la calle 6 oeste del vulnerable y empinado barrio El Cortijo, se desprendió y rodó hecho pedazos.Cementerio San José de Siloé. El muro desplomado estaba sobre la calle. Foto:Samir RojasSin embargo, en medio del desastre, ocurrió un hecho asombroso: ninguna de esas bóvedas empotradas en la pared de uno de los costados del camposanto —abierto desde 1952 en lo alto del montañoso Siloé y barrios vecinos de escasos recursos, administrado por la Arquidiócesis de Cali— sufrió daños estructurales internos. Fue como si una suerte de protección divina hubiera evitado una afectación mayor para los cuerpos.Los custodios silenciososNi siquiera sufrieron el más mínimo rasguño los osarios de los restos de Inés Obando de Mera, cuya muerte quedó marcada en la desgastada lápida sobre la bóveda 449 con la fecha del 20 de marzo de 1967, o la de Paulina Ramírez, fallecida apenas dos meses antes en ese mismo año, arriba de la bóveda 453. Podría decirse que estas almas, junto a las de Agustina de Arenas (quien partió el 9 de octubre de 1967), Juan B. Arenas (22 de julio de 1982) y Sara Cobo (5 de marzo de 1967), se convirtieron en los silenciosos custodios de los demás moradores de aquellas tumbas hoy ya desocupadas.Cementerio San José de Siloé. El muro desplomado estaba sobre la calle. Foto:Samir RojasHoy, las oraciones se mezclan con el sonido de maquinaria y el cemento. El maestro de obra, el palmirano Diego Aguirre, junto a sus auxiliares Elkin Avendaño y Rodolfo Erazo, trabajan sin descanso bajo el sol de la ladera. Ellos son los encargados de levantar nuevamente ese muro, bloque a bloque, para devolverle la dignidad y la tranquilidad a los vivos y a los muertos en esta zona del Jardín K, uno de los seis que conforman el camposanto. Como testigo enmudecido de sus jornadas, al fondo del jardín se levanta una imponente y geométrica colmena gris: una pared de 108 nichos desocupados, distribuidos perfectamente en cuatro filas de alto y 27 de largo, cuyos huecos vacíos miran hacia el patio interior. Justo al pie de esta enorme cuadrícula, donde una carretilla naranja y varias placas de concreto esperan ser usadas, el equipo trabaja para asegurar que la historia y el descanso no se sigan desmoronando por la ladera de Cali.Cementerio San José de Siloé. El muro desplomado estaba sobre la calle. Foto:Samir RojasEl administrador del cementerio de Siloé desde hace año y medio, Ángel Ramírez, llegaba al camposanto la mañana del terremoto con la rutina habitual de abrir las puertas al público a partir de las 8:00 a. m.Sin embargo, la tierra se le adelantó por 26 minutos. Al evaluar los daños, Ramírez dio un parte de tranquilidad entre la crisis, destacando la resistencia de la estructura principal."Realmente, entre las afectaciones, la más grave fue la caída de este muro de 20 metros, pero afortunadamente no hubo ningún daño a la infraestructura, digámoslo así, en el término de bóvedas. El daño que se presentó fue en el tema de pared, que fue algo que le dimos manejo de momento; nos desplazamos con el mismo personal operativo y empezamos a tapar", aseguró.El manejo inmediato fue crucial, pues el desplome del muro de contención perimetral dejó al descubierto una realidad sobrecogedora. Aunque a simple vista ese centenar de bóvedas empotradas se veían vacías desde la distancia, don Ángel reveló que más de una decena de ellas sí tenían restos en su interior.En el momento de esa caída, los ataúdes quedaron vulnerables ante la mirada de moradores y caminantes de la calle 6 oeste. Camilo Magaña, jefe de Mercadeo de los camposantos de la Arquidiócesis de Cali, explicó el trasfondo de esos cofres expuestos. Esos féretros pertenecen a personas que, aunque están plenamente identificadas en los libros parroquiales, nunca fueron reclamadas por sus seres queridos con el paso de los años. A raíz del terremoto y para evitar una emergencia sanitaria o la profanación, la administración activó un protocolo técnico: los restos fueron trasladados de forma digna hacia la fosa común del cementerio. Sin embargo, Magaña envió un mensaje de total tranquilidad para la comunidad y los deudos ausentes: "Si llega un familiar y reclama, los restos están individualizados".Violencia y naturalezaMientras el administrador Ramírez seguía explicando los detalles técnicos de la reconstrucción, la realidad humana y social de la ladera se hacía presente a solo unos metros del Jardín K. Allí se encontraba el hermano de Carlos Augusto Zúñiga, un joven cuya vida se apagó prematuramente, al parecer, víctima de un hecho de intolerancia el 20 de octubre de 2024. Su presencia en el camposanto recordaba que en Siloé las tragedias suelen encadenarse unas con otras.Cementerio San José de Siloé en Cali. Foto:Samir RojasAl indagar sobre las circunstancias de la muerte de su ser querido, la respuesta del hombre reflejó la dura cotidianidad con la que se convive en el sector: —"Como siempre, toda la adrenalina de aquí de Siloé", soltó con una resignación que helaba la sangre.Pero la violencia no era el único miedo que rondaba su mente. Al cambiar el rumbo de las preguntas y consultarle sobre los minutos de terror vividos durante el terremoto de 7,4 de aquella mañana del 10 de agosto, el hombre revivió el pánico en su mirada, dejando ver el impacto emocional que aún arrastran los caleños: "¡Uy no, Dios mío, me acuerdo! No, Dios mío. Si estaba nervioso, ya me puse peor. Dios mío, bendito". Su relato dejó en evidencia que el sismo no solo agrietó los muros del cementerio y dejó al descubierto los féretros olvidados; también terminó de quebrar la tranquilidad de los vivos, quienes ya cargan a cuestas el peso de sus propios lutos en un barrio donde el peligro por las agresiones físicas no ha dado tregua.El cementerio Central donde daños en un mausoleo y en la cúpula de la iglesia. Foto:Samir RojasDaños en el corazón de la historia caleñaKilómetros más abajo de la ladera, en la planicie de Cali, el sismo de 7,4 golpeó el corazón de la memoria de la ciudad. El cementerio Central (calle 30 con carrera 1) sufrió daños severos que van más allá del concreto: afectaron el patrimonio mismo de los caleños. Como bien explica el historiador Ricardo Realpe, este espacio posee una profunda carga simbólica y patrimonial, pues su origen se remonta a mediados del siglo XIX y se levanta sobre un territorio con raíces aún más antiguas.El cementerio Central donde daños en un mausoleo y en la cúpula de la iglesia. Foto:Samir Rojas“El cementerio fue oficialmente instalado en este punto en 1852, en lo que sería la tercera ubicación del cementerio católico, pues la primera fue en donde hoy está la Plaza de Cayzedo y la segunda en el actual parque de San Nicolás”, había reseñado Realpe en un informe de la Alcaldía el 30 de julio de 2025.El cementerio Central donde daños en un mausoleo y en la cúpula de la iglesia. Foto:Samir RojasEl movimiento telúrico de aquella mañana del 10 de agosto revivió viejos fantasmas en este templo del silencio. Wilson Yantén, el administrador del cementerio Central —un caucano originario de El Tambo que vive en Cali hace más de 35 años—, camina entre los pasillos evaluando los daños.El administrador avanzó hacia uno de los puntos más emblemáticos del camposanto: el mausoleo que los padres de Elisa Eder y Cayzedo ordenaron construir en un área de unos 45 metros cuadrados. Nacida el 17 de septiembre de 1907, Elisa, familiar del alcalde de Cali, Alejandro Eder, es recordada por los caleños como "la niña que se perdió en el mar", tras fallecer prematuramente el 4 de enero de 1925 en París. El cementerio Central donde daños en un mausoleo y en la cúpula de la iglesia. Foto:Samir RojasEn ese mismo terreno encerrado, esculpido en mármol, reposan también sus padres y otros dos familiares sepultados entre 1923, 1928 y 1949. A pesar de ser un material sumamente pesado y compacto, la violencia del terremoto provocó que varios bloques de mármol se desprendieran, cayendo directamente sobre la escultura realizada por el maestro E. Maccagnani en Roma en 1926, la cual representa el cuerpo tallado tal cual de la joven perdida, fracturando la invaluable obra de arte.Por el momento, desde la Arquidiócesis de Cali no han emitido un balance con el costo o la gravedad exacta de los daños. Se han limitado a informar que técnicos e ingenieros siguen evaluándolos minuciosamente, teniendo en cuenta el reto que implica intervenir el cementerio Central, al ser considerado un patrimonio arquitectónico, histórico y cultural de la capital del Valle.Cementerio de Roldanillo con intervención de la UBPD. Foto:UBPDRoldanillo: la grieta que reabrió la búsqueda en el norte del Valle del CaucaLa onda destructiva del sismo no se detuvo en las fronteras de Cali. Al norte, en el municipio de Roldanillo, la tierra también se sacudió con violencia.Tras el movimiento telúrico, imágenes evidenciaban graves afectaciones en las paredes de las bóvedas, contenedores fracturados, prendas antiguas como botas a la vista de la población y estructuras colapsadas que dejaron expuestos algunos féretros de personas no identificadas.Cementerio de Roldanillo con intervención de la UBPD. Foto:UBPDAnte esta crítica situación, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) activó de inmediato acciones humanitarias urgentes. En el marco de sus funciones de protección de sitios de interés forense, la UBPD inició desde el mismo día del evento el levantamiento de un censo regional.El objetivo: establecer un nivel preliminar de afectación y determinar cuáles camposantos del Valle del Cauca requieren verificación y atención prioritaria para salvaguardar los restos de las víctimas del conflicto armado que el sismo dejó a la intemperie.Cementerio de Roldanillo con intervención de la UBPD. Foto:UBPDSin embargo, más allá de los protocolos técnicos, el desastre en Roldanillo removió la esperanza contenida durante décadas en los hogares vallecaucanos. Al enterarse de la noticia, Bryan López no lo pensó dos veces para acudir ante la UBPD. Su hermano Orley López permanece desaparecido desde diciembre del año 2000 y el colapso del cementerio encendió en él el temor, pero también la fe, de que el cuerpo de su ser querido pueda estar sepultado como una persona no identificada en ese camposanto del norte del Valle.Cementerio de Roldanillo con intervención de la UBPD. Foto:UBPD"Lo estamos buscando, no podemos decir que pues todavía, pero lo estamos buscando", relató Bryan entre la incertidumbre y la determinación de 26 años de ausencia.Cementerio de Roldanillo con intervención de la UBPD. Foto:UBPDEl impacto de las imágenes de las tumbas rotas unió virtualmente a una familia fragmentada por la distancia: "Vimos la noticia en el Facebook. Nosotros en el WhatsApp tenemos el grupo familiar, porque mi hermana vive en otra ciudad, mi sobrina vive en otra ciudad, mi hermano vive en otra ciudad; entonces yo compartí por el grupo que habían hallado unos cuerpos y pues hablamos, más que todo con mi mamá. Decirle a mi mamá: 'Encontrando los cuerpos, vamos a ir hasta allá. Mis otros familiares no pueden ir, pues vámonos. Agarramos la moto y vamos hasta Roldanillo y miramos a ver qué encontramos, qué nos dicen, cómo mirar a ver si son o no son, qué proceso seguir'".Cementerio de Roldanillo con intervención de la UBPD. Foto:UBPDPara Bryan y su madre, el viaje en moto por las carreteras del Valle fue el impulso de una herida que lleva un cuarto de siglo abierta, esperando que entre los escombros provocados por la naturaleza aparezca una respuesta."Son muchos años y esperamos que algún día lo encontremos, porque no tenemos nada de él; no sabemos nada todavía. Tenemos que encontrarlo, mirar qué pasó", agregó.Cementerio de Roldanillo con intervención de la UBPD. Foto:UBPDEl padre Germán Andrés Clavijo, párroco de la iglesia San Sebastián y encargado del cementerio de Roldanillo, asumió la vocería para traer claridad sobre lo que realmente ocurrió tras el desastre."El pasado 10 de agosto tuvimos este impase del terremoto en nuestro municipio, donde nuestro cementerio se ve muy afectado. Con ello quedan expuestas algunas partes externas y algunos de los restos, pero lo que genera un poco de controversia son algunas prendas de uso militar que allí aparecieron. Se empezaron a difundir algunos videos con una información que no es la correspondiente", indicó.Cementerio de Roldanillo con intervención de la UBPD. Foto:UBPDPara frenar las falsas interpretaciones y salvaguardar la evidencia física, el sacerdote actuó de inmediato con el personal del lugar: "Por eso nosotros inmediatamente tomamos medida con el sepulturero de decirle: 'Mantenga bajo custodia estos restos que parecen ser de dos cuerpos y algunas prendas como botas y prendas militares; téngalas allí cuidadas hasta que nosotros contactemos con las entidades pertinentes'".El hallazgo, lejos de ser un enterramiento ilegal, forma parte de un proceso de preservación preexistente. El padre detalló que la parroquia ya venía trabajando de la mano con las autoridades para resolver los misterios fúnebres que datan de las épocas más crudas del conflicto."Hemos articulado todo esto con la Unidad de Búsqueda, con los que ya hemos venido realizando un trabajo aquí en el cementerio de identificación de cuerpos que aparecen como NN, disponiendo de los archivos de la parroquia para que ellos también hagan allí todo un escaneo de entre ciertos años de qué cuerpos han llegado aquí al cementerio. Parece ser que estos están entre el 2000 y el 2006", anotó.Concluyó enviando un mensaje de calma a una comunidad históricamente golpeada: "Hemos actuado de manera inmediata cuidando, para tranquilidad de los dolientes, que no va a haber pérdida, ni desaparición, ni ocultamiento de nada, porque de hecho con la Unidad de Búsqueda hemos articulado muy bien para así poder garantizar que sean identificados y sean entregados a sus dolientes".La crisis obligó a una movilización sin precedentes del Estado. La UBPD se integró de inmediato en el Puesto de Mando Unificado Nacional (PMU) para coordinar las labores humanitarias y científico-técnicas.El subdirector Técnico Forense de la Unidad de Búsqueda, Julián David Arias, dijo: "Desde el mismo 10 de agosto que sucedieron los hechos en nuestro país del sismo, nos encontramos haciendo un diagnóstico del estado de los cementerios que son de interés forense para la búsqueda. Este diagnóstico, sobre todo en la zona de la tragedia, ha implicado que nuestros equipos nos empiecen a reportar la información de cómo se encuentran los cementerios actualmente".También sostuvo: "Cementerios como Roldanillo, que han aparecido en las redes sociales, ya los tenemos rastreados y conocemos sus afectaciones. Hay equipos que en este momento se han dirigido hacia estas zonas para poder tener con mayor detalle el estado de los sitios de interés forense. Como Unidad de Búsqueda también invitamos a la comunidad a que se sume a estos reportes de manera muy seria y rigurosa. A las entidades del Estado nos toca hacer lo suficiente para poder salvaguardar los cuerpos y los sitios que han sido afectados por el desastre".Para blindar esta labor técnica, la UBPD complementó el despliegue con drones industriales dotados de cámaras térmicas, imágenes aéreas y sistemas de posicionamiento global (GNSS), rastreando las zonas afectadas de difícil acceso para captar mapas de calor y orientar a los cuerpos de socorro. Paralelamente, la entidad recibió 159 solicitudes urgentes de búsqueda de ciudadanos que perdieron el contacto con sus seres queridos tras el temblor, iniciando un cruce de datos forenses en tiempo real para evitar nuevas desapariciones en medio del caos."De manera urgente, el equipo de la Unidad de Búsqueda en el Valle del Cauca se contactó con la administración de este camposanto y asesoró técnicamente al sepulturero para resguardar los elementos expuestos", dice un informe de la UBPD. "El 13 de agosto, una comisión de la Unidad de Búsqueda atendió la emergencia con el objetivo de salvaguardar las estructuras y elementos asociados reportados por el párroco administrador del cementerio. Producto de esta primera intervención, la Unidad de Búsqueda embaló y rotuló en tres contenedores dos grupos de estructuras óseas y nueve bolsas con elementos asociados (camuflados, botas y prendas que podrían ser de interés para la búsqueda). Estos contenedores quedaron dispuestos en una bóveda asignada del Cementerio Central de Roldanillo bajo la restricción formal de "Prohibido exhumar o alterar"", es parte del informe."A partir del 24 de agosto, un equipo completo de la UBPD pudo trasladarse para realizar ejercicios de verificación de lo encontrado semanas atrás. Se determinó de manera preliminar que no se evidencia una correlación directa entre los cuerpos recuperados y las prendas de vestir", sigue la explicación. "A estas estructuras óseas se les aplicó una técnica de toma de muestra anticipada para la extracción de muestras genéticas y, de esta manera, descartar que puedan corresponder con personas dadas por desaparecidas mediante el cotejo en el banco de datos genéticos (Codis) que administra el Instituto de Medicina Legal", explicaron funcionarios de la UBPD.Además realizaron acciones humanitarias de prospección orientadas a la recuperación de más cuerpos ubicados en la zona suroccidental del camposanto donde, según registros de inhumación del cementerio y de la Unidad Básica de Atención de Medicina Legal en Roldanillo, también se encontrarían cuerpos identificados no reclamados y cuerpos no identificados.Durante los cinco días que duró la misión, la Unidad de Búsqueda abordó 11 sitios de interés adicionales para la búsqueda y recuperó 11 cuerpos con señales evidentes de muerte asociadas a la desaparición, según los funcionarios. Esta acción humanitaria contó con la presencia de una delegación de la Mesa de Trabajo sobre Desaparición Forzada, dinamizada por el Observatorio de Derechos Humanos y DIH de la Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU), la Defensoría del Pueblo y el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía General de la Nación, en atención a los llamados a la coordinación con las entidades competentes y la participación de las organizaciones en la búsqueda humanitaria de personas desaparecidas.Bóvedas fracturadas en BuenaventuraAna Cecilia Morera vivió los segundos más largos de su vida atrapada en el epicentro de la muerte, sintiendo cómo las tumbas crujían a su alrededor. Mientras el casco urbano de Buenaventura veía caer techos y la zona rural de Bajo Calima perdía el 98 por ciento de sus viviendas de madera, un crujido lúgubre recorrió los camposantos de la región. Los muertos de ayer volvían a la superficie.En el cementerio católico Central de Buenaventura, el panorama era desolador: el bloque de bóvedas 10A presentaba grietas profundas, ataúdes deslizados y paredes fracturadas de lado a lado.Ana Cecilia, trabajadora del lugar, plasmó en un mensaje directo y tajante el pánico colectivo de haber estado de turno en las entrañas del camposanto a esa hora temprana de la mañana."Dígamelo a mí, que estaba de turno en ese momento". Su frase resumió el miedo de estar rodeada por estructuras que amenazaban con sepultar a los vivos con los muertos. A su voz se sumaron decenas de familias que, al ver las imágenes, conmovidas por el desastre, confirmaron que las tumbas de sus seres queridos se habían quebrado, abriendo una carrera contra el tiempo para recuperar o asegurar los restos antes de que las lluvias borraran los nombres de las lápidas. La quietud quebrada en el Bajo CalimaCerca de allí, río arriba, la emergencia adquirió tintes de tragedia humanitaria. En el corregimiento de Bajo Calima, en Buenaventura, el terremoto dejó un saldo de cuatro estudiantes fallecidos y casi dos mil viviendas comprometidas. Sin embargo, la destrucción de su pequeño cementerio rural golpeó el corazón de una comunidad afrodescendiente que ve en los rituales fúnebres el cordón umbilical con su historia. Allí, el cementerio también se fracturó.Las alertas llegaron por los relatos de lideresas de los consejos comunitarios. El sismo profanó de manera natural las tumbas, exponiendo osamentas. Para los habitantes, que ya han sobrevivido a décadas de confinamiento y desplazamientos forzados, ver los cuerpos de sus familiares expuestos a la intemperie representó una herida espiritual. Además, encendió las alarmas: en este camposanto, al igual que en gran parte del Pacífico, reposan cuerpos enterrados como personas no identificadas que podrían pertenecer a víctimas de las peores épocas de la violencia armada.El sismo del 10 de agosto no solo sacudió las estructuras de cemento de las ciudades; removió el pacto de silencio que guardaba el subsuelo del Valle. Mientras el departamento intenta levantar sus ladrillos y sanar a los vivos, los camposantos rotos —desde el cementerio San José de Siloé, en Cali, hasta los del norte del Valle— han quedado como una herida que expuso la fragilidad. En este rincón del país, la muerte ya no descansa en paz, sino que en algunos casos espera bajo el sol. La tierra, al fracturarse, revivió los duelos por seres queridos que habían partido años atrás, en el impacto del peor movimiento telúrico que ha sufrido la región en una década.CAROLINA BOHÓRQUEZCorresponsal de EL TIEMPOCaliConsulte más noticiasUn hombre de 32 años fue asesinado en Kennedy, Bogotá. Foto: Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.