Esta noche a las 21, a su regreso de Chile —donde mantendrá una reunión clave con el presidente José Antonio Kast —, Javier Milei hablará al país por cadena nacional para referirse al reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas. En los pasillos de la Casa Rosada y en los despachos ministeriales la orden es una sola: silencio rajatabla. Nadie puede filtrar información, lo que incrementa la expectativa en torno al alcance real del anuncio. La cadena fue convocada tras un hecho desgajado del tablero internacional convencional: las declaraciones de Donald Trump sugiriendo que Estados Unidos podría revisar su histórico apoyo al Reino Unido respecto a la soberanía del archipiélago. Es cierto que, como primera impresión, Trump es capaz de decir una cosa y su contrario en el mismo día, y que el mundo civilizado suele tomar sus posturas con pinzas. Sin embargo, en este caso existe un fundamento subyacente de altísima densidad geopolítica e industrial. El factor petrolero: offshore, Israel y la conexión chilena El meollo de la cuestión radica a unos 200 kilómetros al norte de las islas, donde se despliega una operación petrolera offshore de envergadura. Tras tareas de exploración que arrojaron hallazgos de gran magnitud, se configuró un esquema comercial donde una compañía británica dio participación a la firma israelí privada Navitas Petroleum para la explotación del yacimiento, sumado a un entramado logístico de abastecimiento que involucra a Chile.