CineEl m�tico director regresa a su cine de personajes �nicos, animales impredecibles y cuevas profundas para presentar una delicada y desconcertante rareza detenida en su propio asombroWerner Herzog con las actrices y hermanas Kate (R) and Rooney Mara en la presentaci�n de Bucking Fastard.EFEActualizado Jueves,

septiembre

18:14No conviene confundir el asombro con, por ejemplo, la sorpresa o el pasmo o incluso la admiraci�n. Ni la perplejidad. El asombro es hijo de la curiosidad y la curiosidad, ya se sabe, pica. La fil�sofa Jeanne Hersch propuso no hace tanto repensar la Historia del pensamiento, y hasta la Historia entera de la cultura, desde un est�mulo entre simple y cotidiano: la curiosidad. "Saber asombrarse es lo que hace el hombre", dice el frontispicio de El gran asombro, el libro donde Hersch defiende el arte de detener el aliento ante lo extraordinario. La obra trata b�sicamente de seguir el rastro a la cara de asombro de los muchos pensadores que pisaron la Tierra y, desde ese primer instante de sorpresa, procura dise�ar una cosmogon�a de la duda, de la interrogaci�n, de la curiosidad. La idea es "reencontrar" la capacidad de asombro en el asombro ajeno. Asombroso.Si hay un cineasta que subscribir�a cada l�nea del p�rrafo anterior, �se sin duda Wener Herzog. A un lado el hecho de que sea el due�o de la voz m�s asombrosa del planeta, su cine ha sido desde el primer fotograma all� en los a�os 60 hasta el jueves en el que present� Bucking Fastard en Venecia una celebraci�n no tanto del asombro sin m�s como de la capacidad del cine para capturar el momento primigenio y por ello asombroso. Desde El enigma de Gaspar Hauser (1974) a La cueva de los sue�os olvidados (2010) pasando por Grizzly Man (2005), toda su filmograf�a vive detenida en la curiosidad, en el descubrimiento de un hombre solo, de una gruta inviolada o del movimiento impredecible de un animal salvaje.Para saber m�sSu �ltimo trabajo se antoja un regreso a s� mismo, una especie de viaje al centro de Herzog desde Herzog mismo. Para lo bueno y, en efecto, tambi�n para la autoindulgencia que es mala. De nuevo, su inter�s se detiene en la historia real y sin explicaci�n posible de dos hermanas gemelas, Jean y Joan Holbrooke, que llegaron a sincronizarse de tal modo que hablaban a la vez, amaban a la vez y viv�an una a trav�s de la otra. De nuevo, la cueva aparece como imagen y met�fora del otro lado de la pantalla y de la misma vida. Y otra vez, los animales, en este caso un zorro, se deja ver sin atender a nada m�s que a su firme voluntad tal vez de ser �l tambi�n Herzog: libre e imprevisible.De principio a fin, Buking Fastard (en alusi�n a la confusi�n simult�nea) con las hermanas Mara (Rooney y Kate) en una derroche de talento, perfecci�n y sincron�a se mueve por la pantalla ajena a cualquier definici�n posible. La pel�cula cuenta la vida de las gemelas, pero de aquella manera. No se trata de un drama de �poca, sino m�s bien de justo lo contrario: un desdrama eterno que no quiere ser ni f�bula ni met�fora ni todo lo contrario y que hace suya la rareza de cada uno de los movimientos de sus protagonistas. POr momentos, cuesta diferenciar el asombro, de lo solo perplejo.Y en efecto, esa es su virtud y su condena. Sin moverse un �pice de su propio asombro la pel�cula empieza y acaba en Herzog. Se dir�a que a fuerza de filmar el asombro, el director ha acabado por no ser m�s que puro y algo hueco asombro. Todo tan asombroso, eso s�, como ver a un cineasta dar a luz a dos gemelas. Como mantendr�a Jeanne Hersch, el asombro en el asombro ajeno.