Belén Rodríguez |
Santa Cruz de Tenerife (EFE).- Vicente Macías sabe cuándo nació, pero desconoce qué ocurrió durante los 27 días que transcurrieron hasta que apareció registrado en una Casa Cuna. Dácil Vera creció con una identidad que creía propia hasta que, a los 40 años, descubrió que no era hija biológica de quienes figuraban como sus padres. Sus historias son distintas, pero comparten una misma herida: una identidad rota y una parte esencial de sus vidas que todavía buscan reconstruir.
Son dos de las voces que atraviesan «Cosmos», el proyecto fotográfico de Espe Pons encargado por el Gobierno de Canarias sobre la sustracción de menores en Canarias, una obra que, más allá de las imágenes, intenta iluminar una historia construida durante décadas sobre silencios, documentos que no aparecen y familias que siguen buscando respuestas.
Pons ha dedicado dos años a investigar esta realidad, ha recorrido archivos, antiguos centros de acogida, hospitales, cárceles y otros lugares vinculados a la memoria de aquellos niños, y ha escuchado a víctimas, madres, hermanos y personas que prefieren permanecer en el anonimato.
De las más de 60 fotografías que forman el libro, 13 han llegado a la exposición instalada en el Parlamento de Canarias, que muestra espacios como la antigua Casa del Niño de Las Palmas de Gran Canaria o el antiguo hospital de la Beneficencia de Santa Cruz de Tenerife y termina en el Laboratorio de Genética Forense de Las Palmas, donde una imagen de una extracción de ADN introduce una posible vía de salida al laberinto.








