El acuerdo petrolero anunciado entre Estados Unidos y Venezuela ha sido presentado con bombos y platillos por los múltiples beneficios que teóricamente traerá consigo. Al mismo tiempo, ha sido recibido con sorpresa, dudas y desencanto por la opinión pública de ambos países. En algunos sectores de la política venezolana crece la preocupación por el fortalecimiento de la alianza entre Estados Unidos y el chavismo, un malestar que sigue siendo personal y todavía no tiene expresión política. Se extiende la impresión de que Washington maniobra para reforzar el statu quo revolucionario y que no tiene interés en el liderazgo opositor. En el chavismo disidente también es evidente la irritación con las decisiones del alto gobierno. El Gobierno y la institucionalidad del PSUV, con Diosdado Cabello al frente, han cerrado filas de manera ortodoxa y disciplinada en favor del acuerdo.¿En qué consiste el acuerdo?Estados Unidos ha anunciado un pacto para explotar 17 campos petroleros de Venezuela con 65.000 millones de barriles de reservas probadas, una cifra cercana al 22% de las reservas totales del país si se compara con el estimado oficial venezolano de alrededor de 300.000 millones de barriles. Esto se hace mediante una especie de cesión de derechos de largo plazo. Pero hay una discrepancia sobre la duración: el gobierno interno de Venezuela, presidido por Delcy Rodríguez, habla de una cesión preferencial de 25 años, mientras que Washington insiste en que serán 100 años.Las cifras que se han manejado son de 100.000 millones de dólares en inversión y unos 209.000 millones de dólares en regalías e impuestos para el Estado venezolano en los primeros 25 años.El economista Leonardo Vera, de la Universidad Central de Venezuela, reconoce que el impacto de estas inversiones, de cumplirse, puede ser muy positivo para la economía nacional. Sin embargo, advierte: “Estamos tan necesitados de inversión en Venezuela que, aun un acuerdo como este —oscuro, chucuto, que regresa al país a prácticas de contratación con el extranjero que ya se habían dejado atrás—, de todas formas hay gente contenta”. ¿Quién es Alejandro Betancourt y por qué es clave NABEP?El acuerdo se ejecuta a través de North American Blue Energy Partners (NABEP), la sociedad mercantil que ha recibido los derechos de explotación de los pozos. El gobierno de Estados Unidos tiene una participación accionaria del 35 % en la matriz de NABEP, a través de la Oficina de Capital Estratégico del Departamento de Guerra, y un 20 % garantizado de la producción a precio de costo para el Departamento de Estado, además de derecho de primera opción sobre el 80 % restante. La junta directiva requiere mayoría de ciudadanos estadounidenses y Washington tiene poder de veto sobre sus nombramientos.El profesor Vera ve con preocupación la concentración de poder que acumulará NABEP, “porque puede ser usada en contra de los intereses nacionales; siempre ha sido más ventajoso negociar con varias compañías”. Para el economista, el acuerdo representa un retroceso en las relaciones de la república con las compañías petroleras y el capital internacional. NABEP está controlada por el controvertido empresario venezolano Alejandro Betancourt, cercano alguna vez al gobierno de Hugo Chávez y hoy amigo de Washington. El propio secretario de Estado, Marco Rubio, ha defendido a Betancourt y ha afirmado que este no es un acuerdo entre naciones, sino de Estados Unidos con un empresario con experiencia en el negocio petrolero y con vínculos con la oposición venezolana en los tiempos de Juan Guaidó. “Esta operación permitirá desplegar ese potencial en beneficio sustancial, tanto de venezolanos como de estadounidenses”, declaró el empresario en un comunicado de NABEP.¿Por qué la figura de Betancourt es tan polémica?Betancourt ha sido investigado en Venezuela, Estados Unidos, España y Suiza y fue arrestado dos veces en el Reino Unido en 2025 por solicitudes de extradición de España y Suiza, los dos países que aún mantienen investigaciones abiertas sobre él por lavado de dinero. Nunca ha sido acusado formalmente y él siempre ha negado cualquier irregularidad.Sobre Betancourt, Delcy Rodríguez ha afirmado este miércoles en el Palacio de Miraflores: “Él no tiene cuentas pendientes con la justicia. Lo que pasa es que la prensa a veces es la que sentencia a la gente, no los tribunales”. En Venezuela, a Betancourt se le acusó de orquestar con abultados sobreprecios la compra de repuestos y maquinarias usadas, organizar contrataciones sin licitación y fomentar el tráfico de influencias durante la crisis eléctrica de 2011 a través de Derwick Associates de Venezuela, empresa de la cual era propietario. En 2011, Derwick contrató con el Estado venezolano la responsabilidad de suministrar, instalar y poner en funcionamiento equipos para atender aquella emergencia, que se iba a agravar aún más hacia 2014 y que se ha convertido en un mal crónico en el país.Pese a las acusaciones, Betancourt ha logrado relacionarse con astucia con dos gobiernos enemigos y parece vivir su momento cumbre como empresario. Rubio ha calificado de positiva la experiencia del gobierno de Trump con él, asegurando que “no tenemos en nuestros registros ninguna información que lo comprometa con situaciones irregulares”.¿Qué críticas ha generado el acuerdo?Las críticas llueven en ambos países. Varios voceros lo interpretan como una tentativa con cierta desfachatez por parte de la Casa Blanca de apoderarse del petróleo venezolano, con la anuencia de un gobierno chavista que en el pasado hizo muchos aspavientos antiimperialistas. Se señala también que parece haberse dejado de lado el compromiso de Washington de contribuir a unas elecciones libres en Venezuela. En una entrevista con el periodista Sergio Novelli, Rubio insistió en que ese sigue siendo el objetivo, pero Donald Trump ha afirmado este miércoles que el país todavía no está listo para organizarlas.En Venezuela, la molestia es apreciable en la academia, la dirigencia sindical, el mundo empresarial, las redes sociales, el activismo por el cambio democrático y sectores importantes del propio chavismo. El oficialismo se mantiene cerrado sobre su relato optimista. Entre los políticos de la oposición, el malestar convive con la urgencia de no enemistarse con Estados Unidos, aunque han surgido algunas voces críticas entre los habituales defensores de Trump, tanto por legitimar al Gobierno de Rodríguez como por la alianza con Betancourt.En el Congreso de Estados Unidos, demócratas como Gregory Meeks y Jeanne Shaheen han cuestionado a Rubio por la falta de un panorama institucional claro sobre la transición a la democracia detrás de este interés económico, y crecen las voces que exigen a Trump un compromiso más firme con ese objetivo.¿Cómo defienden el acuerdo Trump y el gobierno de Delcy Rodríguez?Ambos gobiernos aseguran haber logrado un pacto extremadamente beneficioso. Estados Unidos afirma haber ampliado sus reservas energéticas de referencia —la Casa Blanca habla de pasar de unos 46.000 millones a más de 100.000 millones de barriles bajo su órbita— y haber asegurado crudo abundante y combustible barato de forma indefinida: el crudo pesado venezolano es ideal para sus refinerías del Golfo de México. El desembarco de capital y técnicos estadounidenses, además, reduce la influencia de China y Rusia —que en el pasado operaron algunos de estos campos— en línea con la doctrina Monroe.Para el economista petrolero Rafael Quirós, profesor de posgrado de la Universidad Central de Venezuela, se trata también de “un golpe de efecto para controlar los daños colaterales de la guerra de Irán, que se ha prolongado y puede empantanar a la Casa Blanca. Es un esfuerzo por mejorar la narrativa de su gobierno y recuperar posiciones en las encuestas antes de las elecciones de mitad del mandato de noviembre”.Venezuela, por su parte, reivindica haber asegurado un gran volumen de inversión y de recursos para las arcas del Estado. “No hacemos nada teniendo las mayores reservas de crudo del mundo si no las sacamos de ahí para atender las necesidades de nuestro pueblo, agravadas por las sanciones internacionales y los efectos del doble sismo”, declaró la presidenta encargada.Delcy Rodríguez insiste en que el país mantiene la soberanía sobre sus recursos naturales y que las concesiones otorgadas se traducirán en la reactivación definitiva de la economía. Muchos en Venezuela, sin embargo, temen que lo que se esté imponiendo, más que la inversión extranjera, sea el control de los recursos naturales de un país por otro, en un fortalecimiento del régimen chavista de la mano de Washington.¿Qué otras inversiones se han anunciado?El acuerdo con NABEP abrió paso a nuevos anuncios de inversión de otras petroleras en campos locales de extracción de crudo. Este miércoles, en el Palacio de Miraflores, la presidenta encargada recibió al secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, y a representantes de nuevas multinacionales dispuestas a invertir (GeoPark, Keo Capital, Primavera, Aspect Energy, GE Vernova).Las inversiones van capitaneadas por el gigante Chevron, que anunció más de 7.000 millones de dólares para duplicar su producción en Venezuela hasta unos 600.000 barriles diarios en cinco años, con inversiones en sus sociedades mixtas con PDVSA —Petropiar, Petroindependencia y Petroboscán—. La italiana Eni firmó también un acuerdo para ampliar sus operaciones, entre ellas el bloque Junín 5. También avanzaron negociaciones con General Electric y otras compañías para incorporar tecnología bajo esquemas de participación productiva.