NoticiaDesde la semana pasada, y hasta el 6 de septiembre, la ciudad invita a experimentar otras formas de cuidar la salud.Actividades como tejer en grupo mitigan la soledad en lo adultos mayores Foto: Archivo personal02.09.2026 21:11 Actualizado: 03.09.2026 11:24
Yayoi Kusama hizo del arte una forma de atravesar el miedo, la ansiedad y la enfermedad que la acompañaron durante buena parte de su vida. Desde 1977 vivió voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio, cerca del estudio donde continuó creando hasta sus últimos días. Kusama murió el pasado 14 de agosto, a los 97 años.En su autobiografía Infinity Net, Kusama escribió que luchaba cada día contra el dolor, la ansiedad y el miedo, y que seguir creando era el método que había encontrado para aliviar su enfermedad. Su vida deja una imagen poderosa de lo que puede significar el arte cuando se lo mira más allá del entretenimiento o del consumo cultural: un refugio, una disciplina y una manera de relacionarse con aquello que nos acompaña.Algo similar experimentaron millones de personas durante la pandemia de covid-19. Cuando salir, encontrarse, abrazar, viajar o simplemente caminar dejaron de ser posibles, la lectura, el cine, la música, la danza y otras formas de creación o de expresión artística nos ayudaron a sobrellevar el aislamiento y la incertidumbre. El arte no podía detener un virus, pero sí podía acompañar la experiencia de vivirlo.La pregunta que quedó después de aquella experiencia es, sin embargo, más amplia: ¿cómo incorporamos estas y otras herramientas de bienestar para atravesar el miedo, el estrés, la soledad y los cambios que alteran nuestra vida en comunidad?Salud y recreaciónPor estos estos días, cuando se realiza la Semana del Bienestar Bogotá: Cultura y Salud para Vivir Mejor, la ciudad empieza a responder esa pregunta a partir de distintas disciplinas, pero también desde una política pública que ponga en diálogo el bienestar con las prácticas artísticas, culturales y recreodeportivas. A través de una agenda que se extenderá hasta el 6 de septiembre, la iniciativa une experiencias que normalmente transitan por caminos separados: arte y salud, movimiento y cultura, alimentación y bienestar emocional, espacio público y vínculos comunitarios.Son más de 100 actividades gratuitas, con la participación de más de 90 ponentes, talleristas y expertos de 15 países. La Alcaldía Mayor, a través de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, organiza el encuentro en alianza con Hearth Summit Bogotá y Vive + y Mejor. Por primera vez confluyen en una misma agenda estas tres iniciativas dedicadas al bienestar. Para Natalia Suárez, abogada, profesora de meditación y fundadora del podcast Buddhi.Om, la pregunta por el bienestar adquirió una dimensión particular durante la pandemia. Cuando desaparecieron de un momento a otro los encuentros, los viajes, el ejercicio o el contacto con la naturaleza, muchas personas descubrieron que sus formas habituales de regular lo que sentían dependían de actividades que ya no estaban disponibles.Las actividades al aire libre en el Jardín Botánico le dan aire a la rutina de la ciudad Foto:Archivo personal“Nos dimos cuenta de las pocas herramientas que teníamos para regularnos sin tener que ir hacia afuera”, explica.Pero Suárez cree que el siguiente paso no consiste solamente en aprender a sentirse mejor de manera individual. “Ya no es suficiente que uno se sienta bien con uno mismo. También necesitamos volvernos una fuente de bienestar para los demás”.El cuerpo también hablaAna O’Callaghan llega a Bogotá desde Barcelona con una experiencia que parte precisamente de esa capacidad de conexión. Teatroterapeuta, comunicadora social y especialista en artes audiovisuales, es fundadora de Teatro del Sótano, una agrupación dedicada a crear piezas sobre asuntos de urgencia social e individual como la experiencia migratoria, los arquetipos de género y el pensamiento crítico.Su propio proceso migratorio terminó convirtiéndose en materia de creación. En su trabajo, el arte puede funcionar como un tercer elemento que facilita el diálogo cuando las palabras no alcanzan.“Muchas veces estamos atrapados por la palabra y por la racionalidad”, explica. Las terapias artísticas permiten entonces acudir a la metáfora, la poesía, el cuerpo, una escena o un juego de roles. “El arte sirve allí como un facilitador del diálogo, un amplificador del lenguaje”.O'Callaghan dirigirá en Bogotá el taller Teatro e Improvisación para el Bienestar, en el que trabajará sobre la presencia, la escucha, la aceptación de lo inesperado y la relación con los demás. La improvisación tiene, en su metodología, puntos de encuentro con el mindfulness: estar en el presente y desprenderse de la presión de hacerlo todo bien.Su experiencia también permite pensar en el papel de las artes después de una tragedia. Ante una emergencia, explica, las personas entran en una especie de modo de supervivencia: ayudan, rescatan, buscan alimentos y suministros. Pero cuando la emergencia pasa pueden quedar emociones sin procesar. “Lo importante de las terapias artísticas es realmente preguntarte y darle un poco el micrófono a tu cuerpo y a tus emociones”, dice.La música ofrece otro camino. El neuropsiquiatra Juan Manuel Orjuela, especialista en neuromúsica, tuvo a su cargo la charla Cerebro musical: beneficios de la música desde las neurociencias, durante la Semana del Bienestar. La investigación científica ha mostrado que la música involucra redes relacionadas con la memoria, la atención, el movimiento y las emociones, y se estudia su utilización como apoyo en procesos de rehabilitación y bienestar. Oliver Sacks, neurólogo y escritor, dedicó buena parte de su libro Musicophilia a explorar esa relación y documentó cómo la música podía despertar recuerdos, emociones y capacidades incluso en personas con importantes alteraciones neurológicas.Meditación, teatro y música parten de prácticas diferentes, pero coinciden en algo: amplían las posibilidades que tenemos para relacionarnos con nuestro cuerpo, nuestras emociones, los demás y el entorno.Esta conversación hace parte de una transformación que se extiende a nivel global. La Organización Mundial de la Salud ha revisado más de 3.000 estudios sobre el papel de las artes en la prevención de enfermedades, la promoción de la salud y el manejo de distintas condiciones. La UNESCO, por su parte, ha planteado en los últimos años una concepción más transversal de las políticas culturales y su relación con campos como la salud, la educación y el bienestar.Una de las expresiones de este cambio es la llamada prescripción social: la posibilidad de que los sistemas de salud conecten a las personas con actividades de su comunidad —arte, ejercicio, naturaleza, grupos sociales o espacios de encuentro— que respondan a necesidades relacionadas con su bienestar. El Reino Unido ha avanzado en este modelo y Helsinki ha incorporado el arte y la cultura a sus estrategias de bienestar. La idea no es sustituir al médico, al psicólogo ni a los tratamientos clínicos. Es ampliar el repertorio de herramientas con las que una sociedad puede cuidar.Hay, además, una diferencia entre atender una enfermedad y cultivar el bienestar. Vamos al médico cuando algo duele, cuando una molestia nos obliga a detenernos y buscar ayuda. Las prácticas culturales y recreodeportivas funcionan de otra manera: no tenemos que esperar a sentirnos mal para leer, bailar, caminar, cantar, hacer teatro o encontrarnos con otros. Podemos incorporarlas a nuestra vida de manera habitual, como espacios para expresar lo que sentimos, cuidar nuestros vínculos y prestar atención a aquello que ocurre dentro de nosotros antes de que se convierta en un malestar mayor. El bienestar, en ese sentido, no solo se atiende cuando falta: también se construye en la repetición de aquello que nos hace bien.Para Gerson Bermont, secretario distrital de Salud, este enfoque nos invita a ampliar nuestra definición tradicional del bienestar: “La salud también tiene que ver con lo que sentimos, con las relaciones que construimos y con la forma en que vivimos y disfrutamos la ciudad. Por eso desde la Secretaría de Salud apostamos por la prescripción social, pues la cultura, el arte, el deporte y la comunidad también son aliados para cuidar nuestra salud física y mental”.Bogotá ya tiene un antecedente en esa dirección. EstarBien Bogotá, estrategia intersectorial liderada por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte en articulación con Salud, Educación e Integración Social, trabaja con jóvenes con ideación suicida y personas mayores con sentimientos de soledad mediante procesos de creación, movimiento, expresión y encuentro.Para Santiago Trujillo Escobar, secretario de Cultura, Recreación y Deporte, ese tipo de experiencias muestran la necesidad de superar las fronteras tradicionales entre sectores. “El bienestar y el vivir bien en una ciudad no son únicamente responsabilidad del sector salud”, afirma. “El arte, la cultura, la recreación y el movimiento también son herramientas para cuidar y mejorar la calidad de vida”.Uno de los grandes aportes de la Semana del Bienestar está precisamente en llevar esta conversación al espacio público, reunir experiencias que hasta ahora han circulado en ámbitos privados, comunitarios o especializados y permitir que los ciudadanos las conozcan y las experimenten. No se trata de presentar a Bogotá como una ciudad que ya encontró la fórmula del bienestar, sino de comenzar a explorar qué puede funcionar aquí y cómo podría convertirse, con el tiempo, en políticas públicas de largo aliento.Bogotá tiene, además, una experiencia de más de medio siglo que demuestra que una práctica asociada al bienestar puede convertirse en política pública masiva. La Ciclovía, que comenzó en 1974 y se consolidó posteriormente como programa distrital, transformó la relación de millones de ciudadanos con el espacio público: cada domingo y festivo, la ciudad reserva más de 154 kilómetros de vías para caminar, montar bicicleta, hacer ejercicio y encontrarse con otros.La pregunta que empieza a plantearse ahora es si algo semejante puede ocurrir con las prácticas culturales. Si cantar, bailar, leer, crear, escuchar música, hacer teatro o simplemente compartir una experiencia con otros pueden dejar de verse como actividades accesorias y ser reconocidas también como parte de las condiciones que permiten vivir mejor.La necesidad de contar con esas herramientas se vuelve especialmente visible después de una crisis. El sismo del pasado 10 de agosto sacudió buena parte del país y dejó tras de sí, además de daños materiales, experiencias de miedo, incertidumbre y pérdida que necesitan ser procesadas.Atender una emergencia consiste, por supuesto, en salvar vidas, atender heridos, reparar infraestructura y restablecer servicios. Pero después pueden quedar emociones que necesitan ser gestionadas, tanto individual como colectivamente. Las prácticas culturales no sustituyen la atención psicológica ni los servicios de salud. Pero pueden crear espacios para encontrarse, recuperar vínculos, expresar emociones y elaborar aquello que ocurrió.La Semana del Bienestar no aspira a demostrar que el arte puede resolver mágicamente los problemas de Bogotá. Su valor está en explorar qué necesita una ciudad para cuidar mejor a quienes la habitan. Cuidar, no solo desde el punto de vista del sistema público de salud, sino de los vínculos, emociones, prácticas y experiencias que nos generen bienestar colectivo. Sigue toda la información de Salud en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.









