Un grupo de militares camina por la principal calle comercial de Ceuta. A su alrededor, las mesas en las terrazas de varias cafeterías están ocupadas de ceutíes que disfrutan del festivo que conmemora la conquista española de la ciudad. Al paso de los uniformados, un grupo de vecinos vestidos con los colores de las banderas rojigualdas rompen en aplausos. “¿Donde se ha visto que haya militares en el centro de una ciudad? Pero ellos son los únicos que nos defienden”, dice un hombre, con su hijo en brazos, preparados para acudir a la manifestación para reivindicar la españolidad de la ciudad autónoma y cuestionar la gestión gubernamental de la llegada de 70.000 migrantes a la ciudad hace un más de un mes.
A unos 500 metros, otro grupo de militares intentaba despejar la zona de cualquier persona que pareciese migrante en situación irregular, en una ciudad caracterizada por la diversidad y la multiculturalidad. Cuando se topa con Youssef, uno de los migrantes marroquíes que entraron de forma masiva en la ciudad autónoma a finales de julio, se dirige a él en tono amenazante. “Te tienes que ir. Vete a Marruecos. Te voy a llevar yo mismo a la frontera, a Marruecos”, le dice el uniformado. El hombre se había acercado al centro de la localidad junto con Ossama, un adolescente marroquí de 17 años al que protege como su hijo, para intentar cargar su teléfono móvil. Nervioso trató de buscar ayuda ante lo que sería una actuación ilegal, pues una expulsión debe realizarse a través de un procedimiento administrativo. Cuando el militar es consciente de la presencia de la periodista junto al hombre marroquí, su tono amenazante se transforma en informativo. Deja de dirigirse al hombre afectado y solo da explicaciones a quien le acompaña: “Tenemos orden de despejar la zona de gente inmigrante”, apunta con una actitud ahora apaciguadora tranquila.











