Un estudio de la Universidad de Parma, liderado por Chiara Canori, Eleonora Biffi, Tiziano Travain y Paola Valsecchi, analizó el parpadeo canino para determinar si oculta una intención comunicativa directa.Los investigadores evaluaron a 35 perros mediante videos de 40 segundos. En ellos, las personas parpadeaban cada tres segundos o mantenían la mirada fija, incluyendo a sus tutores y a dos desconocidos.Los animales parpadearon más al mirar rostros en movimiento que caras inmóviles. Asimismo, la frecuencia del pestañeo fue notablemente mayor cuando observaban en la pantalla a sus propios tutores.Sin embargo, el trabajo descarta una conversación deliberada. Los autores comprobaron que los perros no parpadeaban en la ventana de 1,5 segundos posterior al gesto humano, descartando una imitación exacta.Lo que reveló el estudioEl equipo maneja cuatro hipótesis: mayor atención visual, activación afectiva, contagio motor involuntario o un mecanismo de apaciguamiento. Un estudio de 2025 ya registró este patrón entre congéneres."La mayor reactividad ante el tutor demuestra la fuerza del vínculo previo, pero no convierte el movimiento ocular en un código lingüístico deliberado", señalaron los especialistas en su informe.Para evaluar correctamente al animal, se debe analizar su postura corporal completa. Además, un parpadeo compulsivo o unilateral puede responder a afecciones médicas como conjuntivitis o blefaroespasmo.