Llega a Santiago la expresión política de reacción al wokismo, la cual comparte el mismo tronco filosófico que caracteriza la posmodernidad. En efecto, wokismo y la ultraderecha son dos caras de una misma medalla. ¿cómo así?
En efecto, la respuesta desde la denominada ultraderecha al lenguaje inclusivo, a la ideología de género, al exceso de corrección política, al radicalismo de izquierda manifestado en la “cultura de la cancelación”, a las políticas identitarias, a la reinterpretación de la cultura con fines ideológicos, entre otras manifestaciones, mantiene un mismo acervo cultural y propósito por parte de los grupos reaccionarios, los cuales lejos de representar la tradición que ha caracterizado el avance hacia el respeto y tutela de la dignidad humana, presentan una alternativa a ratos deshumanizante, con pulsiones autoritarias que desconocen principios antropológicos que caracterizan una sociedad inspirada en el bien común.
La plasticidad de los movimientos políticos de nuestros días no nos permite observar una homogeneidad discursiva entre sus líderes, pero sí ciertos relatos entorno a la Patria, Dios y Familia, sin embargo, toman distancia del sentido original de los conceptos en comento, ya que evitan la razón aristotélica–tomista y maximizan la instrumentalización de las emociones.









