Hace 25 años, una reunión de la Interparlamentaria del PSOE de Andalucía en el inicio del curso político era una muestra visible del músculo institucional de la federación más numerosa del partido en España, con un enorme despliegue de diputados en las cuatro cámaras legislativas: Congreso, Senado, Parlamento andaluz y europeo.

Para la de este martes no se ha reservado el salón de un hotel de Sevilla, como era habitual. El cónclave socialista se ha celebrado, de forma inédita, en el patio interior de la sede del partido en la calle San Vicente, un espacio reducido donde hoy caben todos los diputados y senadores socialistas andaluces, la representación más exigua de su historia.

Esa esclerosis de poder institucional en el PSOE andaluz viene arrastrándose desde 2012 -la primera vez que pierden las andaluzas frente al PP de Javier Arenas- y hoy está estionada por María Jesús Montero, médica de profesión, exvicepresidenta del Gobierno de España y número dos de la dirección federal.

Pero a Montero no le duelen los huesos del partido, porque este martes, ante sus compañeros apretados y muertos de calor en un recinto sin aire acondicionado, ha pedido que muevan el esqueleto para afrontar las elecciones municipales y generales de 2027 -“no sabemos cuál será primero”- y les ha hablado de victorias en las urnas, de la “responsabilidad histórica” del PSOE de ganar los comicios y presentarse para gobernar. No para empatar ni para perder.