NoticiaEl ataque terrorista cometido por el Eln dejó 11 personas heridas. Ataque con carro bomba en la estación de Policía de Cúcuta. Foto: Redes sociales.01.09.2026 10:40 Actualizado: 01.09.2026 10:40
Tras el carro bomba que sacudió a Los Patios, en el área metropolitana de Cúcuta, que dejó un muerto y 11 heridos, tres analistas de seguridad coinciden en que ni las bombas ni las capturas bastan si el Estado no ataca las raíces del poder armado.Tras el atentado, el Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella respondió con un consejo de seguridad convocado de urgencia, un despliegue del ministro de Defensa hacia la zona y una promesa de "mano de hierro" contra los responsables, que las autoridades atribuyen al Eln. Es el mismo gobierno que en menos de un mes ha ordenado tres bombardeos contra estructuras armadas en el Catatumbo y en Guaviare.Para la subdirectora del centro de pensamiento Pares, Laura Bonilla, lo ocurrido en Los Patios no es un hecho aislado sino la manifestación de una escalada que, dijo, "ya se venía incubando" desde hace tres años, alimentada por una capacidad de daño que resulta, en sus palabras, "muy barata" para los grupos armados frente a lo poco que le cuesta contener al Estado.El ministro de Defensa, Jorge Mora, junto a la cúpula de la Fuerza Públic antes de salir a Cúcuta. Foto:CortesíaBonilla recordó que Colombia neutraliza, entre capturas y bajas, a cerca de quince mil personas al año, una cifra que —advirtió— no se traduce en una disminución real del poder de estas organizaciones. Sobre la obsesión oficial con capturar o dar de baja a cabecillas como alias Mordisco, fue tajante: "estoy tratando de desocupar el mar con una cucharita", dijo, porque detrás de cada jefe abatido hay varios más dispuestos a ocupar su lugar mientras el grupo conserve acceso a dinero, territorio y nuevos reclutas."Se pueden hacer 20 bombardeos al mes y no obtener los resultados estratégicos que realmente se necesitan para desactivar la amenaza. Este es un trabajo de largo plazo; no se trata de victorias de veinte, treinta o cuarenta bajas. Podemos neutralizar 15.000 personas al año, incluso 20.000, y aun así no estaríamos cerrando el grifo de todo aquello que les está generando capacidad a los grupos armados", dijo.Atentado en Cúcuta. Foto:Redes sociales.El consultor en seguridad Hugo Acero aseveró en que la naturaleza misma de los actores que hoy protagonizan la violencia. "Ya no tenemos guerrillas, tenemos grupos criminales dedicados a las rentas criminales", explicó, en referencia a estructuras que viven del narcotráfico y la minería ilegal y que, al no tener capacidad real de enfrentar de manera directa a la Fuerza Pública, recurren al terrorismo indiscriminado —ahora también con drones cargados de explosivos— como su principal arma.Acero indicó que investigación criminal deben ser el eje de cualquier respuesta estatal, con la Fiscalía y la rama judicial trabajando codo a codo con las Fuerzas Militares. "Yo creo que hay que hacer un trabajo conjunto de Estado, más que de gobierno y más que de fuerza pública. Desde luego, hay que trabajar de manera mucho más integral, no solo con la presencia y el accionar de la fuerza pública en los territorios, sino también procurando que esa presencia tenga permanencia. Además, hay que desarrollar acciones en términos de justicia, con presencia de la Fiscalía y de jueces en esos territorios", indicó.Estación de Policía Los Patios, en Cúcuta. Foto:CortesíaPor su lado, el profesor de la Universidad del Norte Luis Trejos aseveró que el atentado en Los Patios funciona como una carta de presentación de un grupo armado ante un gobierno que apenas comienza: una manera de "notificarle" al nuevo mandatario que, pese a la ofensiva militar, esa organización sigue teniendo capacidad de destrucción y que, tarde o temprano, tendrá que convertirse en un interlocutor válido, porque su derrota militar total —advirtió— es improbable.Trejos fue enfático en que los bombardeos, aunque necesarios, no pueden ser la única herramienta. "El Estado no puede renunciar a su superioridad aérea", afirmó, pero insistió en que esa ventaja debe combinarse con asaltos a campamentos, golpes a las finanzas de estos grupos y una disputa por sus bases."El Estado no puede renunciar a su superioridad aérea. Sin embargo, tampoco podemos limitarnos únicamente a ese tipo de acciones, porque hay que tener en cuenta que estos grupos criminales tienen una larga trayectoria en la ilegalidad y, seguramente, adaptarán sus formas de operar a la estrategia del Gobierno. Por eso, vamos a ver cómo disgregan sus fuerzas y procuran no concentrarse en campamentos, precisamente porque saben que, en estos momentos, la principal amenaza para ellos proviene del poder aéreo", explicó.Sobre Venezuela, el analista matizó el optimismo oficial: explicó que la acción militar estadounidense golpeó mandos de la Segunda Marquetalia y del Eln en Caracas, pero no tuvo un efecto directo en la frontera con Colombia, y dudó de que Washington tenga hoy un interés prioritario en desalojar a esa guerrilla del territorio venezolano."La acción de los militares norteamericanos se produce sobre Caracas y, a partir de ahí, se logra sacar a algunos mandos estratégicos de la Segunda Marquetalia y del Eln, que podían tener vínculos estrechos con funcionarios de alto nivel del régimen de Maduro. Pero yo no sé si Estados Unidos tiene hoy un interés primordial en expulsar al Eln de Venezuela, teniendo en cuenta que esa guerrilla, actualmente, no está afectando los intereses norteamericanos, que son, o que pasan principalmente, por la industria petrolera", puntualizó Trejos.Redacción Justicia Sigue toda la información de Justicia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.











