En plena preparación para la vuelta a las aulas, los padres pueden verse inmersos en un mar de dudas ante la toma de ciertas decisiones, entre ellas, qué zapatos escolares son los idóneos. Entre las tendencias que han irrumpido con fuerza en los últimos años destaca el calzado barefoot o respetuoso, diseñado para simular la pisada descalza, pero ¿es realmente un sistema seguro y beneficioso para el desarrollo de los menores?

“Actualmente, evidencia como tal, puramente científica, no hay”, advierte Gabriel J. Dávila, podólogo y director de DM Clínicas de podología infantil. No obstante, aunque no exista todavía “bibliografía pura y dura como tal”, el especialista matiza que sí se trata de una corriente clínica que demuestra claros “beneficios en según qué condiciones y en según qué pacientes”.

“Durante el desarrollo de los niños, mientras más libertad de movimiento y de apoyo tenga el pie, más capacidad de utilización de los músculos internos del pie tienen los niños porque no se les atrofian”, explica Dávila, sobre el principio que sustenta este tipo de calzado, el respeto por la anatomía natural del crecimiento.

Al evitar que la musculatura quede aprisionada y pasiva dentro de estructuras rígidas, los niños consiguen desarrollarse en “una posición mucho más normal, ganando fuerza y una mejor propiocepción”, según el especialista, que destaca la capacidad de sentir el suelo y mover los dedos, especialmente en los más pequeños.