OPINIÓN

Romy Schaller

En la entrada del templo de Apolo, en Delfos, había una inscripción: ‘Conócete a ti mismo’. Siempre me ha intrigado que estuviera en la entrada y no en la salida. Como si los griegos hubieran entendido que ninguna respuesta importante puede encontrarse al final del camino sin aceptar primero esa pregunta.

Han pasado más de dos mil años y seguimos sin aprender. Construimos carreras, dirigimos empresas, formamos familias, acumulamos experiencias, pero pocas veces nos enseñan a preguntarnos quién es, exactamente, la persona que hace todo eso.

Hace unos días acompañé a mi hijo Salvador a una sesión en la que le pedían definir conceptos sencillos. Le dijeron: