Rajendra Dawadi se encontraba en el interior de una clase cuando un compañero entró corriendo a la estancia. La advertencia del docente le dejó conmocionado: el agua corría a toda velocidad por el valle de Trishuli, en Nepal, donde estaba situado el instituto en el que Dawadi ocupaba el cargo de director. Su fuerza arrasaba casas, puentes y pueblos enteros a su paso. Instantes después, una madre llegó al centro educativo para llevarse a su hijo a casa. El peligro aún no estaba confirmado por las autoridades pero Dawadi tenía poco tiempo para actuar. Tocó el timbre de la escuela y ordenó a sus alumnos y personal que salieran del edificio, dirigiéndose hacia un lugar más elevado. "Inmediatamente decidí suspender las clases y sacar a los niños", declaró el director a la agencia de noticias AP. Mientras Dawadi los seguía hacia una colina cercana, la devastadora riada engullía las instalaciones a su espalda. Desde la seguridad de la ladera, se giró para ver cómo el instituto donde había sido alumno —y donde había impartido clases durante años— desaparecía bajo un torrente de agua, lodo, rocas y escombros. Dos miembros del personal no lograron llegar a tiempo a la colina y permanecen desaparecidos.La decisión de Dawadi de evacuar la escuela salvó al menos a 900 estudiantes de las inundaciones repentinas que azotaron Nepal y China —puesto que ocurrieron muy cerca de la frontera entre ambos países— la semana pasada. El desastre se ha cobrado ya 939 vidas mientras 3.925 personas permanecen desaparecidas.La historia de Dawadi se ha convertido en un ejemplo de previsión y valentía. La escuela secundaria Tribhuvan Trishuli tenía 1643 alumnos. Al menos 900 se encontraban en el campus la mañana de la catástrofe, mientras que algunos alumnos aún se dirigían a la escuela. Dawadi ordenó a los que ya estaban allí que se marcharan y llamó a los conductores de los autobuses para decirles que no vinieran. Según relató el director, un autobús lleno de estudiantes ya había llegado a la escuela de secundaria cuando le ordenó al conductor que diera la vuelta. El vehículo cruzó un puente recién construido y, momentos después, el antiguo puente que estaba a su lado se derrumbó.Para Dawadi, la magnitud de la destrucción se ha convertido en algo personal, ya que la escuela había sido tanto su lugar de trabajo como una parte importante de su vida. "No tengo palabras. Me formé en esa escuela. Y también impartía clases en ese centro", contó el director.Casi 70 escuelas destruidas en el país por la riadaLa destrucción del centro educativo de Dawadi no fue una pérdida aislada. En todo el norte de Nepal, las inundaciones han dejado a miles de niños sin sus escuelas, han interrumpido su educación y han generado temores de que el desastre pueda costarles meses de escolarización. La organización Save the Children declaró que al menos 69 escuelas han quedado completamente destruidas, poniendo en riesgo la educación de casi 19.000 estudiantes.La rápida reacción y la pronta respuesta de Dawadi durante el desastre han sido aclamadas como un acto heroico. Cuando regresó al lugar donde se encontraba la escuela días después de la tragedia, los familiares de los menores lo abrazaron agradecidos por haber salvado a sus hijos. "Los padres me abrazaron, lloraron conmigo, estábamos muy emocionados", manifestó el director. Su petición al gobierno nepalí es sencilla: reconstruir las escuelas y conseguir que los niños vuelvan a clase.
Rajendra Dawadi, el director que salvó a 900 estudiantes minutos antes de que las inundaciones arrasaran su escuela en Nepal
Save the Children ha concretado que al menos 69 centros educativos han quedado destruidos, poniendo en riesgo la educación de casi 19.000 alumnos.








