Más contenidoCámaras y gremios detectan necesidades; empresas, bancos y Gobierno articulan soluciones.Más de $201.000 millones sumaron empresas y aliados en una movilización que busca llevar apoyo a las comunidades afectadas. Foto: Cortesía Andi.31.08.2026 10:28 Actualizado: 31.08.2026 10:28
Para una familia que espera reparar su techo o un comerciante que necesita reabrir, la reconstrucción se mide en materiales entregados, crédito disponible y menos días con el negocio cerrado.En Cartagena, una pantalla sumó aportes. Cali creó un formulario para ubicar negocios afectados; en Barranquilla, Gobierno y banca pactaron crédito más barato, y en Quibdó arrancó la reconstrucción. En catorce días, cámaras, gremios, empresas y Gobierno enlazaron dinero, información y respuesta.A la fecha, la UNGRD registra afectaciones en 16 departamentos y 494 municipios: hogares, negocios y empleos a la espera de soluciones.En el XI Congreso Empresarial Colombiano, el contador de Empresas Unidas por Colombia cerró el 14 de agosto con $201.637.565.026 aportados por empresas y aliados. La ANDI abrió la movilización con $2.000 millones, la mitad de las inscripciones, y luego se sumaron dinero, alimentos, medicamentos y materiales. “Ninguna institución, ninguna empresa, ningún ciudadano puede sentirse ajeno”, afirmó Bruce Mac Master, presidente de la asociación.Para dirigir la ayuda, Confecámaras identificó 269.786 empresas y 1.396.020 empleos formales potencialmente afectados en 127 municipios de Chocó, Quindío, Valle del Cauca, Risaralda y Caldas. El 93 por ciento eran microempresas, sostén de miles de familias.El 17 de agosto, la Cámara de Comercio de Cali habilitó un reporte nacional con MinComercio, 16 cámaras, Acopi, Fenalco, Asocapitales y la Federación Nacional de Departamentos. “Necesitamos conocer de primera mano qué está pasando con los empresarios y comerciantes de las regiones afectadas”, explicó Nicolás Botero-Páramo Gaviria, presidente de Confecámaras.La unión que está moviendo al paísEl 21 de agosto, Jaime Andrés Uribe fue designado gerente del Fondo Milagro, anunciado para canalizar aportes nacionales e internacionales. Un día después, el Gobierno informó que Grupo Aval, GNB Sudameris y Grupo Bolívar aceptaron una tasa del 8 por ciento efectivo anual para créditos de vivienda de damnificados durante toda su vida.La alianza reparte tareas: las cámaras ubican necesidades; los gremios convocan; las empresas aportan recursos, materiales y logística; la banca financia, y el Gobierno prioriza, contrata y rinde cuentas. La comunidad verifica la llegada.El Gobierno estimó en cerca de $30 billones las pérdidas en edificaciones e infraestructura. Colombia convirtió la solidaridad en una ruta compartida. Ahora cada aporte debe terminar en una vivienda segura, una escuela abierta, un comercio en marcha o un empleo protegido.La confianza también se reconstruyeLa reconstrucción mueve cuatro corrientes: donaciones, ayudas en especie, recursos públicos y créditos. Sumarlas en una cifra llamativa impediría saber quién aportó, quién responde y qué recibió cada territorio. La claridad nace al separarlas y vincular cada peso o bien con una necesidad comprobada.El registro empresarial unificado abre esa ruta. Identifica el negocio, su ubicación, el daño y la urgencia. El Fondo Milagro, con gerente designado, tendrá que conectar ese mapa con los diagnósticos de vivienda e infraestructura. Jaime Andrés Uribe lo resumió así: “Lo primero es la información y luego la planeación de la reconstrucción”.Para una familia, la transparencia significa saber cuándo llegará el material para su casa. Para un comerciante, conocer si tendrá crédito, apoyo para recuperar inventario o una compra pública a la cual presentarse. Un tablero abierto debería responder cinco preguntas por proyecto: cuánto recibió, de dónde vino el capital, quién lo ejecuta, a quién beneficia y qué avance presenta. Las ayudas en especie requieren cantidad, valor, punto de entrega y constancia de recibido.La rapidez puede caminar junto al control. Colombia Compra Eficiente recordó que, cumplidas las declaratorias requeridas, la urgencia permite contratar directamente. Esos contratos deben remitirse de inmediato al control fiscal y publicarse en el Secop. El expediente, los informes de supervisión y el avance físico completan el recorrido público.La alianza funciona cuando cada actor hace bien su parte y comparte información. Las cámaras levantan necesidades; los gremios reúnen capacidades; el Gobierno prioriza y contrata; las organizaciones distribuyen, y comunidades y veedurías comprueban. Ninguno tiene que hacerlo todo y ninguno queda por fuera del resultado.Ese modelo también mueve la economía. Un inventario visible permite anticipar compras, convocar proveedores de distintas regiones y medir cuántos negocios y empleos vuelven a operar. La transparencia deja de sentirse como un trámite: se convierte en la infraestructura de confianza que atrae nuevos aportes y acelera soluciones para la gente.Una red que acerca la reconstrucciónEn un municipio sin internet, el reporte viaja en papel; en otro, por teléfono, WhatsApp o formulario web. La Red de Cámaras de Comercio llega a los 1.103 municipios, tiene más de 250 sedes y reúne datos de 1,8 millones de empresas vigentes. Esa presencia escucha al negocio lejos de Bogotá y compara necesidades con un mismo criterio.El registro mira más allá de los muros caídos. También incluye al comercio que perdió clientes, energía, inventario, acceso vial o abastecimiento, aunque su local siga en pie, y admite unidades formales e informales. La emergencia también entra por la caja registradora y amenaza el ingreso familiar.La red también acerca pequeñas empresas a las compras de la recuperación. Si el tablero anticipa materiales, transporte, alimentación y servicios, proveedores regionales podrán prepararse y competir. Así, el recurso cumple una doble tarea: repara lo perdido y vuelve a mover ventas, abastecimiento y empleo donde el terremoto frenó la economía.El Tolima también lo necesitaLa emergencia climática que golpea al departamento alcanza dimensiones críticas. La sumatoria de las conflagraciones de cobertura vegetal deja ya un saldo trágico de casi 31.000 hectáreas afectadas en la región, comprometiendo gravemente la biodiversidad, las fuentes hídricas y el sustento de cientos de familias campesinas.Frente a esta coyuntura, la solidaridad de todos los sectores resulta vital. Por ello, la recolección de donaciones y suministros prioritarios se concentra en las siguientes necesidades:El fuego ha dejado más de 31.000 hectáreas de cobertura vegetal afectadas en el Tolima. Foto:iStock.Para quienes combaten el fuego (prioridad urgente): Elementos de protección personal: tapabocas N95 o quirúrgicos y gotas para los ojos (lágrimas artificiales).Equipos e insumos de operación: sistemas manuales de fumigación y bebidas de hidratación (agua embotellada, sueros o bebidas con electrólitos).Herramientas de control: palas, batefuegos y demás herramientas manuales para sopesar y contener el avance del incendio en campo.Para las comunidades afectadas: Si bien la zona cuenta aún con algunas reservas, nunca sobran las prendas de vestir en buen estado (ropa) ni los alimentos no perecederos (enlatados, granos, panela y leche en polvo).Puntos de recolección y movilización regionalRed de la Cruz Roja: Se están recibiendo aportes e insumos en todos los puntos de la Cruz Roja del Tolima habilitados para la atención de la emergencia.Jornada empresarial (lunes 31 de agosto): Empresarios de la región se reunirán para coordinar la logística y llevar directamente los cargamentos de ayuda hacia los municipios más golpeados cercanos a Ibagué. Cada insumo entregado suma fuerzas para respaldar el incansable trabajo de los cuerpos de socorro y aliviar el impacto de las familias que lo han perdido todo frente a las llamas. Sigue toda la información de Más Contenido en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







