El polvo se acumula sobre los muebles que José Luis Pérez mantiene en exhibición en su local de la avenida Rodolfo Baquerizo Nazur, en la Alborada. Lo limpia, vuelve a aparecer y, afuera, el ingreso sigue condicionado por los trabajos que desde marzo ocupan parte de esta vía del norte de Guayaquil.Pérez lleva treinta años trabajando en el mismo punto. Dice que antes la ubicación le permitía mantener un flujo constante de clientes, pero ahora calcula que sus ventas se han reducido cerca del 70 %. Ese es justamente uno de los principales reclamos de los comerciantes ubicados junto a la primera fase de la obra, que todavía mantiene trabajos pendientes en sentido sur-norte, desde la avenida Agustín Freire Icaza hacia José María Egas.“Nos prometieron entregar a finales de agosto, pero parece que esto no nos lo van a entregar ni en diciembre. No hay personal, no hay maquinaria y realmente estamos perjudicados. Llevamos ya meses que no vendemos. Tenemos gastos que pagar a proveedores, personal, y la situación está bastante difícil”, cuenta.PublicidadTres trabajadores dependían de su establecimiento. Uno permanece suspendido y los dos restantes continúan laborando a la espera de que los ingresos mejoren. Pérez asegura que, si las condiciones se mantienen durante los próximos meses, tendrá que evaluar el cierre del local.“Tenemos una pérdida aproximadamente del 70 %. Si esto sigue así uno, dos o tres meses, prácticamente nos tocará cerrar el local”, sostiene.Unos metros más adelante, Vanessa Andrade observa desde su vivienda y mueblería el movimiento de trabajadores y maquinaria. Lleva veinte años en el sector y asegura que actualmente sus ventas representan menos del 20 % de lo que registraba antes de la intervención.PublicidadPublicidad“Estamos totalmente colapsados en la parte económica. Muchos negocios ya han abandonado. Nosotros como dueños hemos aguantado, pero ya no podemos más”, manifiesta.El acceso de los clientes, la falta de estacionamientos, el polvo, los malos olores y la presencia de agua acumulada forman parte de sus reclamos. Andrade dice que la reducción de ingresos ya la obligó a acudir a una entidad bancaria.“Me ha tocado acercarme al banco a hacer arreglo de pago y pedir que me ayuden a ver crédito. Con las ventas ni siquiera le van a dar crédito, porque no tiene ventas”, relata.Desde el mismo punto, Andrade asegura que ha observado periodos con menor presencia de trabajadores y maquinaria. Por eso, una de sus principales preocupaciones es que las excavaciones permanezcan abiertas cuando lleguen las lluvias.“Muchas veces comienzan a las ocho de la mañana; ya a las dos de la tarde están retirados. Las máquinas llegan por una semana y luego se ausentan por dos semanas”, afirma.Al frente temen que las obras lleguen a sus localesCruzando la calle, en ese costado todavía falta ejecutar la siguiente fase. Los comerciantes piden que primero se termine completamente el tramo abierto antes de trasladar los trabajos hacia sus negocios.PublicidadFernanda Heredia tiene allí su salón de belleza; aunque la calzada frente a su establecimiento todavía permanece sin intervenir, dice que las restricciones del otro costado ya dificultan el ingreso y estacionamiento de sus clientes.“Han tomado casi seis meses de un solo lado. Todavía no han concluido, no han terminado, y ahora quieren los otros seis meses romper el otro lado”, expresa.Su preocupación está puesta especialmente en los meses en los que aumenta la demanda de su negocio. A eso suma la proximidad de las lluvias y los problemas de acumulación de agua que, según relata, registra este sector de la Alborada.“Viene octubre, noviembre y diciembre, que son las fechas un poco más concurrentes. A nosotros nos va a bajar las ventas terriblemente. Hay muchísimos locales que han cerrado del otro lado porque realmente seis meses es demasiado tiempo y uno no puede sobrevivir tanto”, señala.Por eso, plantea que la segunda fase espere y que primero se entregue el costado actualmente intervenido.“Si llega a llover y nos coge en invierno, ¿cómo nosotros vamos a poder salir o cómo nosotros vamos a poder venir a trabajar?”, cuestiona.William Coronado trabaja en un negocio de colchones ubicado en este mismo costado. La maquinaria todavía está al frente, pero asegura que las ventas ya pasaron de aproximadamente $ 25.000 a menos de $ 6.000 debido a las dificultades para circular y estacionarse.“Mis amigos me dicen: ‘Ya no puedo venir para allá a comprar porque está cerrada la vía, no sé por dónde meterme’. Buscan otra vía más fácil”, cuenta.El establecimiento llegó a considerar el cierre. Coronado explica que el alquiler era de $ 1.100 y pudieron permanecer después de conseguir una reducción del valor.“Estamos tratando de seguir, pero imagínese cómo estamos ahora, y eso que todavía no han trabajado de este lado”, dice.Diego trabaja por comisión en otro salón de belleza de la avenida. Cada cliente que deja de llegar repercute directamente en sus ingresos.“A mí me ha bajado el sueldo a la mitad debido a que cobro comisión. Aquí no se puede parquear, el polvo es muy molesto y la gente prefiere ir a un lugar que esté más cómodo”, relata.Los cierres cambiaron incluso su recorrido cotidiano. Antes caminaba aproximadamente dos cuadras para tomar el bus de regreso a casa; ahora calcula que debe avanzar cerca de un kilómetro a pie hasta superar la intervención.Municipio prevé terminar actividades críticas hasta octubreLa preocupación por la llegada de las lluvias fue consultada a Juan Guerra, jefe departamental de Obras Públicas del Municipio de Guayaquil. El funcionario identificó la Alborada como uno de los sectores con obras en ejecución consideradas críticas, junto con trabajos de agua potable en Monte Sinaí y la intervención de la calle Clemente Ballén, en el centro.“Todas esas obras se encuentran planificadas para terminar sus actividades críticas, que podrían presentar afectación ante un fenómeno del Niño hasta el mes de octubre de 2026”, indicó.Obras Públicas mantiene identificados aproximadamente veintitrés puntos vulnerables. Frente a la posibilidad de que los cronogramas presenten atrasos, Guerra indicó cuál sería la medida adoptada para las intervenciones pendientes.“En caso de retrasarse o identificar retrasos, se incrementarán frentes de trabajo”, explicó.El funcionario agregó que los administradores de los contratos mantienen socializados los cronogramas con los responsables de las obras y coordinan con otras instituciones las facilidades requeridas para completar los trabajos previstos. (I)
“Como dueños hemos aguantado, pero ya no podemos más”: primera fase sigue inconclusa en la Alborada y al frente piden que no comiencen excavaciones
Los trabajos iniciados en marzo mantienen restricciones de acceso y comerciantes reportan fuertes caídas en sus ventas.










