La princesa Diana y el príncipe Felipe, partido de polo de Cartier, Gran Bretaña - julio de 1987 (Foto de Brendan Beirne/Shutterstock)Durante años, Felipe de Edimburgo permaneció en un segundo plano. Como consorte de Isabel II, su papel institucional estuvo inevitablemente condicionado por la posición de la soberana y por una norma no escrita de la monarquía británica: él debía caminar siempre un paso por detrás. Sin embargo, casi tres décadas después de la muerte de Diana de Gales, nuevas revelaciones permiten reivindicar una faceta menos conocida del príncipe Felipe: su extraordinaria capacidad para anticiparse a los cambios y comprender cómo debía comunicarse la Corona con una sociedad cada vez más moderna.Este lunes, 31 de agosto, se cumplen 29 años del fallecimiento de Diana. La tragedia de París provocó una de las mayores crisis de popularidad de la historia reciente de los Windsor y obligó a Buckingham a replantearse su relación con una ciudadanía que reclamaba respuestas, cercanía y transparencia. Fue precisamente en aquellos meses de enorme presión cuando Felipe de Edimburgo volvió a demostrar una intuición que había acompañado su trayectoria durante décadas.PUBLICIDADAsí lo recuerdó Simon Lewis, quien ocupó el cargo de secretario de comunicaciones del Palacio de Buckingham entre 1998 y 2000. En el podcast The Royals, de The Times, relató una conversación mantenida con el duque poco después de la muerte de Diana. Felipe quiso conocer de primera mano hacia dónde se dirigía la comunicación de la institución y puso sobre la mesa una idea que, en aquel momento, parecía incluso demasiado adelantada a su tiempo.Príncipe Felipe, Reina Isabel II, Príncipe Carlos y Princesa Diana. Boda del príncipe Carlos y Lady Diana Spencer, Londres, Gran Bretaña, 29 de julio de 1981. (Shutterstock)