Actor, director, productor, escritor y uno de los rostros más reconocibles de una generación televisiva, Sergio Peris-Mencheta (Madrid, 1975) lleva más de tres décadas moviéndose entre escenarios, platós y aeropuertos. De Al salir de clase al teatro más ambicioso; de Hollywood a las series españolas; de Shakespeare a la dirección escénica, su trayectoria ha sido siempre inquieta, física y profundamente vocacional. En los últimos años, además, ha sumado una nueva faceta como escritor con 730 días, el libro donde relata el proceso de enfermedad y recuperación tras sufrir leucemia.Tras pasar ocho años viviendo en Los Ángeles y después de uno de los periodos más duros de su vida, el actor ha regresado a Madrid con otra relación con el tiempo, el cuerpo y el movimiento. Ha rodado en Islandia durante dos meses la película Hólmavík; ha estado de gira teatral con las obras Blaubeeren y Constelaciones; en julio permaneció en Barcelona con Una noche sin luna; y, en 2027, estrenará 7 minutos con Blanca Portillo. Además, colabora con TVE en Sukha, un formato de monólogos donde mezcla bienestar, actualidad y escena. Habla pausado, sin impostura, y convierte una conversación sobre coches, aeropuertos y trayectos en una reflexión luminosa sobre la velocidad a la que vivimos.Lee tambiénHas vivido en Madrid, en Los Ángeles, entre hospitales, teatros y aeropuertos… ¿Dónde sientes realmente que llegas a casa?En casa, claramente. Mi lugar favorito es mi mujer, Marta. Donde están ella, mis hijos y la perra, ahí está mi casa. Ahora estoy en Madrid, pero hace unos años estaba en Los Ángeles y allí también fuimos cambiando mucho de barrio. En Los Ángeles cambiar de barrio es casi como irte de Segovia a Madrid. Las distancias lo cambian todo.Allí existe mucho el concepto del commuting: el tiempo que tardas en ir al trabajo, llevar a los niños, moverte durante el día… y son muchas horas. Aquí bajo andando a la calle y hago mi vida caminando. Eso cambia muchísimo la manera de entender el tiempo.El actor vivió ocho años en Los ÁngelesCedida¿Conduces distinto después de todo lo que has vivido?Muchísimo más tranquilo. Antes parecía que tenía que batir récords cada vez que repetía un trayecto. Era una competición absurda conmigo mismo. Ahora no tengo prisa. También porque físicamente no puedo tenerla.Después de la leucemia y de los efectos secundarios, mi movilidad cambió. Ponerme unos calcetines, algo que antes tardaba cinco segundos, ahora me lleva un minuto por pie. No puedo correr. Tengo que calcular todo con más tiempo. Pero eso también ha hecho que la vida vaya más despacio. Tengo la sensación de que el tiempo se ha ralentizado porque yo también he frenado.¿Recuerdas el momento exacto en el que levantaste el pie del acelerador?Sí, claro. La enfermedad te para. Le ves las orejas al lobo y empiezas a mirar la vida de otra manera. Ya no estás tan pendiente de lo siguiente. Estás más en lo que pasa ahora.Y además cambian cosas muy concretas. Cuando llego a un hotel, lo primero que miro es la altura de la cama o dónde puedo apoyar el pie para ponerme los calcetines. Cuando fui a La Revuelta y lo primero que hice fue probar el sofá para ver si luego iba a poder levantarme bien. Es mi realidad y no tengo problema en compartirla.Tengo una relación peculiar con los medios de transporte porque me mareo muchísimo desde niñoSergio Peris-MenchetaActor¿Para qué te sirven hoy los trayectos largos en coche?Para pensar, aunque tengo una relación peculiar con los medios de transporte porque me mareo muchísimo desde niño. Yo iba al colegio en ruta, cruzando Madrid de punta a punta, y vomitaba todos los días. Conducir me sirve para pensar o para dejarme llevar. Y cuando me canso de mí mismo, me pongo Nadie sabe nada. Berto Romero y Andreu Buenafuente me han acompañado en muchísimos viajes largos.¿Qué conversación importante de tu vida recuerdas dentro de un coche?Recuerdo las conversaciones de niño, esos viajes interminables a la playa y el “cuanto queda, mamá”. Teníamos un Renault 4 amarillo, de esos con la palanca de cambios arriba y los trayectos hasta Alicante, de no sé si ocho horas, eran una barbaridad. Mi hermano Juan y yo lo pasábamos fatal, sobre todo yo, porque me mareaba más que él.Peris-Mencheta (derecha), en una representación teatral CedidaViviste ocho años en Los Ángeles. Allí el coche es casi una extensión de la identidad.Totalmente. En Nueva York se dice que eres lo que comes y en Los Ángeles eres lo que conduces. El coche define muchísimo el estatus. Yo nunca he sido nada mitómano con los coches. Siempre he tenido un vehículo práctico para la familia, una furgoneta, algo útil. Nunca me han interesado los deportivos.Pero allí la gente vive dentro del coche. Se pasan horas. Hay farmacias drive-through (te sirven sin bajarte del vehículo), gimnasios a los que vas en coche… No ves a nadie caminando. Te miran raro si vas por la calle andando porque se te para un coche de policía al lado, te echa un vistazo y luego acelera.Después de la enfermedad, ¿ha habido algún viaje especialmente revelador?Islandia. He estado dos meses rodando allí este invierno y hubo un momento en un pequeño pueblo perdido en un fiordo en el que pensé: “Esto me lo habría perdido si no hubiera salido adelante”. Recuerdo un barco oxidado enorme, la nieve desapareciendo de golpe con la llegada de la primavera… y sentir una gratitud brutal por estar vivo viendo aquello. Todos los viajes ahora tienen otra intensidad.Nunca he sido nada mitómano con los coches; siempre he tenido un vehículo práctico para la familia, como una furgonetaSergio Peris-MenchetaActor¿Cómo ves hoy los aeropuertos?Siempre he pensado que los aeropuertos y los hospitales se parecen muchísimo. Son lugares asépticos, de despedidas y bienvenidas. Fríos. Lugares de tránsito.A mí me gusta viajar y no tengo miedo a volar, pero los aeropuertos tienen algo poco acogedor. Y además suelen implicar madrugones, y yo tengo una relación complicada con madrugar desde pequeño por aquellos viajes al colegio que me daban náuseas.Si tuvieras que asociar etapas de tu vida con medios de transporte, ¿cuáles serían?Mi infancia fue la ruta escolar y el metro. Mi adolescencia, puro metro madrileño. Yo vivía en Batán y era la manera más rápida de llegar al centro. Hasta que llegó la popularidad de Al salir de clase. Recuerdo un día en el metro en que un grupo de adolescentes me encerró en un vagón cantándome la canción de la serie y prácticamente tuve que recurrir a mi pasado como jugador de rugby para salir. Creo que dejé de usar el metro durante muchos años después de aquello.Luego vino la moto, que usé muchísimo hasta la enfermedad. Y ahora camino mucho. Necesito caminar para recuperarme, pero además siempre me ha gustado muchísimo andar.El actor cambió su forma de gestionar el tiempo y la vida en general a partir de la leucemia que padeció Cedida¿Cuál ha sido el trayecto más duro de estos dos últimos años?No sé decirte si el físico o el emocional. El miedo paraliza muchísimo. Pero curiosamente el teatro me salvó. Estaba ingresado y decidí seguir ensayando una obra a distancia. Ensayaba desde el hospital. Durante esas horas desaparecían el dolor, las náuseas y el cansancio. Luego terminaba y me volvía a hundir físicamente, pero entendí algo muy importante: cuando uno está agarrado a una pasión, todo pasa mejor.¿Hay algún lugar al que necesites volver para reconocerte?Mi barrio. La Casa de Campo, Batán, el zoo, el teleférico… esos son mis paisajes emocionales. Y también Las Navas del Marqués, donde pasé muchísimos veranos. Y luego hay sitios concretos del mundo que me impresionan muchísimo. La Fontana di Trevi, por ejemplo. La primera vez que entré en esa plaza me dejó completamente apabullado.Si hoy compartieras coche con el Sergio de hace diez años, ¿qué le dirías?“Más despacio, tío, no pasa nada”. Le diría que no merece la pena competir contigo mismo todo el rato. Que llegar cinco minutos antes no cambia nada. Que disfrute del trayecto.Durante mi enfermedad recuperé la canción 'Fields of Gold', de Sting; me llevó de vuelta a la infancia y a aquellos viajes eternos en coche que hacíamos en familia a la playaSergio Peris-MenchetaActor¿Con qué música se conduce una recuperación?Hubo una canción muy importante: Fields of Gold, de Sting. Mi padre la ponía en el coche cuando yo era niño y la recuperé durante la enfermedad. Me llevó de vuelta a la infancia y a aquellos viajes eternos a la playa. A veces la música funciona así: no te devuelve solo canciones, te remite a momentos de tu vida.Después de todo este viaje, ¿hacia dónde sientes que vas ahora?Estoy mucho más abierto a la vida. Antes no me habría imaginado escribiendo un libro o haciendo determinados proyectos. Ahora intento vivir sin tanta expectativa porque las expectativas casi nunca se cumplen exactamente como imaginas. Tengo ganas de que la vida me siga sorprendiendo. Con lo bueno y con lo malo.
Sergio Peris-Mencheta, actor: “La enfermedad me enseñó que llegar cinco minutos antes no cambia nada, hay que disfrutar del trayecto”
El también director de teatro recuerda que, de joven, en el metro, un grupo de adolescentes le encerró en un vagón cantándole la canción de la serie que protagonizaba 'Al salir de clase'; después estuvo varios años sin utilizar este medio de transporte







