OpiniónQué semana para las fotomultas. Pocas cosas generan tanto rechazo como recibir una sanción de tránsito. Cámaras fotomultas. Foto: FOTOS: @miltondiazfoto / El Tiempo30.08.2026 22:46 Actualizado: 30.08.2026 22:46
Qué semana para las fotomultas. Pocas cosas generan tanto rechazo como recibir una sanción de tránsito. Queremos vías más seguras y menos muertos, pero la conversación cambia cuando el control nos toca el bolsillo. Sería fácil concluir que simplemente nos incomoda cumplir las normas. El problema es que también existen razones para desconfiar. Las cámaras nacieron como un instrumento de seguridad vial para controlar la velocidad y modificar comportamientos, pero con el tiempo ampliaron considerablemente su función.Hoy también permiten detectar infracciones de pico y placa e incumplimientos relacionados con el SOAT o la revisión técnico-mecánica. Cuando una herramienta creada para prevenir termina convertida también en una poderosa máquina para detectar infracciones, es legítimo preguntarse dónde termina la seguridad vial y dónde comienza el recaudo.Esto importa porque una cosa es que una política genere recursos como consecuencia de su aplicación y otra que su capacidad de recaudo termine influyendo en su diseño. El problema aparece cuando las necesidades fiscales comienzan a mezclarse con decisiones que deberían responder principalmente al riesgo vial. La ubicación de una cámara, por ejemplo, debería explicarse por la posibilidad de reducir siniestros y no porque allí sea más probable encontrar infractores.El problema aparece cuando las necesidades fiscales comienzan a mezclarse con decisiones. Foto:FOTOS: @miltondiazfoto / El TiempoLa Secretaría de Movilidad sostiene que las cámaras permiten salvar 42 vidas al año, una cifra que muestra la relevancia que puede tener la fotodetección. Pero también deberíamos conocer cuántos de los comparendos generados por estos dispositivos corresponden realmente a exceso de velocidad y cuántos obedecen a otros controles. Si hablamos de “cámaras salvavidas”, resulta razonable establecer qué proporción de su actividad está efectivamente relacionada con la seguridad vial. LEA TAMBIÉN Independientemente de la posición que adopten la Administración o quienes cuestionan las cámaras, hay algo que no deberíamos perder de vista. La seguridad vial requiere una combinación de instrumentos. No puede reducirse a la fotodetección. El comportamiento de los distintos actores viales importa tanto como una infraestructura capaz de disminuir el riesgo. En algunos corredores funcionará mejor una cámara y en otros una intervención física. En vías largas tendría sentido probar controles de velocidad promedio por tramo, evitando que el conductor simplemente frene frente al dispositivo y vuelva a acelerar después. Siempre suelo repetirle a mis estudiantes que una política seria no comienza escogiendo la herramienta. Comienza identificando el problema.Cámaras fotomultas en Bogotá. Foto:FOTOS: @miltondiazfoto / El TiempoTambién habría que revisar la proporcionalidad de las sanciones. No representa el mismo riesgo superar ligeramente el límite que hacerlo por 60, 90 o más kilómetros por hora. En todos los casos se incumple la norma, pero una política orientada a gestionar el riesgo debería reconocer las diferencias. Colombia podría discutir sanciones progresivas según la gravedad del exceso y un tratamiento más severo para la reincidencia.Bogotá también podría recuperar legitimidad mediante algo mucho más sencillo. Transparencia. La Secretaría debería publicar para cada cámara cinco datos básicos. La siniestralidad previa, la velocidad promedio antes de su instalación, los comparendos generados, la siniestralidad posterior y el recaudo. Así podríamos saber cuándo una cámara está funcionando como instrumento de seguridad vial y cuándo merece ser revisada. LEA TAMBIÉN Esto permitiría responder preguntas que todavía tienen poco espacio en el debate. ¿Cuánto recauda individualmente cada cámara? ¿Qué actores viales concentran el incremento de las fatalidades? ¿Qué puntos generan muchas sanciones pese a registrar poca siniestralidad previa? ¿Cuánto del efecto atribuido a una cámara se mantiene a más de 500 metros? ¿Cuál será la meta de reducción de fatalidades para cada nuevo corredor donde se instalen dispositivos? Quitar las cámaras porque son impopulares puede producir aplausos, pero ¿qué reemplazará el control? No podemos llenar Bogotá de resaltos, o “policías acostados”, como popularmente los conocemos, ni depender exclusivamente de agentes de tránsito. Desmontar un instrumento sin tener un sustituto también es una decisión de política pública y puede traer consecuencias.Quitar las cámaras porque son impopulares puede producir aplausos. Foto:FOTOS: @miltondiazfoto / El TiempoLa salida no consiste en defender todas las cámaras ni en desmontarlas todas. Hay que evaluarlas. Las que demuestren una reducción del riesgo deben permanecer. Las que no logren modificar comportamientos deberían ajustarse o retirarse. Cada nueva cámara, además, tendría que comenzar con una línea base y una meta verificable que permita evaluar posteriormente sus resultados. Una cámara verdaderamente exitosa debería tender a producir menos infracciones. Si los conductores modifican su comportamiento, deberían disminuir los comparendos y también el recaudo; al fin y al cabo, el objetivo sigue siendo que menos personas mueran en las vías.OMAR ORÓSTEGUIDirector del GovLab de la Universidad de La Sabana Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








