EditorialLa decisión del primer ministro de Canadá de dejar la mesa de negociaciones comerciales con Estados Unidos, acusando la exigencia de condiciones inaceptables, le ha traído réditos políticos, pero podría tener elevados costos económicos.Foto: AFP SAUL LOEB PATRICK DOYLE ComentariosLa disputa comercial entre Estados Unidos y Canadá escaló a un nivel inédito, cuando el primer ministro de este último país decidió abandonar la mesa de negociaciones, acusando a Washington de querer imponer condiciones imposibles de cumplir. La decisión derivó en que el gobierno de Donald Trump aplicara aranceles del 50% a poco más de un 5% de los productos canadienses que se comercian en Estados Unidos, a lo cual Ottawa respondió con gravámenes a cerca de 700 productos estadounidenses, equivalentes al 6% del total de bienes importados de ese país, por un valor de 20 mil millones de dólares. Una medida que entrará a regir el 8 de septiembre próximo.“Estás en guerra cuando te atacan y a nosotros nos atacaron”, dijo el primer ministro canadiense al ser consultado si su país y Estados Unidos estaban en una guerra comercial. Entre las condiciones imposibles de cumplir, a las que se refirió Mark Carney, estarían una cláusula que limita la libertad de Canadá para firmar acuerdos bilaterales con terceros países; la decisión de imponer un arancel más alto a los camiones fabricados en Canadá y exigir la revocación de una norma que protege a la cultura francesa, otorgando subsidios y otros beneficios, como la exigencia de que todos los productos tengan etiquetas en inglés y francés, norma que Washington considera una barrera comercial.La decisión del primer ministro canadiense tuvo amplia aceptación en su país. Siete de cada 10 personas consultadas aprobaron la medida. Paralelamente, se ha reforzado la imagen de Carney como el principal contradictor de Donald Trump. Su recordado discurso en Davos, donde llamó a los países medianos a coordinar sus posturas comerciales y diplomáticas para hacer frente a la nueva realidad, fue clave en ese camino. Una estrategia que se vería seriamente comprometida si se limitara la libertad de Canadá para ampliar su red de acuerdos bilaterales, como aspiraba Washington. “No permitiremos a ninguna nación determinar nuestro futuro”, dijo Carney.Si bien la medida le ha traído réditos políticos a Carney, la apuesta es arriesgada. EE.UU. es el principal socio comercial de Canadá y el 70% de sus productos son exportados a ese país. Seguir escalando el conflicto podría acarrear consecuencias económicas y un alto costo político. Por ello, el primer ministro confía en que la disputa comercial no se prolongue en el tiempo. Apuesta que su impacto en estados limítrofes como Michigan, Maine y Ohio repercutirá en las elecciones de medio término, obligando a Trump a retroceder. Carney sabe, además, que al ser el primer líder occidental en plantearle cara a Trump, ha dejado al presidente de EE.UU. en terreno desconocido.Pese a lo anterior, los costos económicos de la decisión del primer ministro canadiense serán altos y no está claro cuánto podrá sostener esa posición antes de que sus efectos comiencen a tener consecuencias políticas internas. La economía canadiense viene creciendo en torno al 1%, y su desempleo bordea el 7%. Todo ello enciende alarmas en Ottawa, pero de ganar la apuesta, el ejemplo de Carney podría terminar inspirando a otros países, rebarajando el naipe de la política arancelaria de Donald Trump.Más sobre:CanadáCarneyTrumparanceles