En un pueblo de Almer�a, en varias localidades malague�as y ciertas zonas de las Islas Baleares. Tambi�n en Valencia, Barcelona, Islas Canarias y en algunos rec�nditos parajes de la Espa�a vaciada. No son los �nicos lugares de nuestro pa�s en los que la oferta de vacaciones relacionadas con el BDSM (Bondage, Disciplina, Dominaci�n, Sumisi�n y Sadomasoquismo) existe, pero s� son las zonas que albergan algunas de las opciones m�s llamativas, como La Mansi�n del BDSM, donde una pareja de alemanes, Lady Caroline y Mister Rufus, disponen de 40 hect�reas dedicadas a la experimentaci�n sexual, con piscina al aire libre y apartamentos algo ajados como pueden encontrarse en cualquier otro complejo vacacional.S�lo que no estamos hablando de cualquier hotel, sino de espacios que esconden mazmorras y potros de castigo, l�tigos, arneses, fustas, esposas, antifaces, m�scaras, pinzas para los pezones, kits de suspensi�n, velas... En la �ltima d�cada, Espa�a se ha convertido en el destino de vacaciones preferido de los europeos aficionados a lo que se conoce tambi�n como pr�cticas kinky (muy resumido, aquellas que incluyen juegos de poder). Mientras, los espa�oles hacen lo propio en lugares como Berl�n, Londres, �msterdam o Amberes, especialmente en festivales sex-positive o m�s espec�ficos (m�s kinky) que todav�a no existen en Espa�a.Un poco de hemeroteca demuestra nuestra evoluci�n (c�mo nos hemos despojado de moralina). En 2014, cuando ya exist�an hoteles solo para adultos y s�lo para homosexuales, un empresario trat� de abrir el primer hotel sadomaso de Espa�a en Villafranca del Cid (Castell�n) y tuvo que cancelar el proyecto ante el esc�ndalo generado entre los vecinos. El Ayuntamiento cerr� el local, que se hac�a llamar Castillo de Roissy, como el que aparec�a en la novela Historia de O (1975), un cl�sico de la literatura er�tica escrito por Pauline R�age. Dentro hab�a �una mazmorra de 500 metros cuadrados equipada con seis puntos de anclaje de suspensi�n, varios potros de tortura y diversas cruces de San Andr�s�, explic� el due�o del hotel a este peri�dico entonces.Y eso que ya se hab�a publicado, en 2012, el primer volumen de la trilog�a 50 sombras de Grey (Grijalbo). La er�tica, en general, y los gustos sadomasoquistas, en particular, empezaban a formar parte de la conversaci�n social. Cuesti�n que se dispara a partir de 2015 con las adaptaciones al cine de estas novelas. �Tanto aquel espectacular fen�meno hasta el hecho de que se publiquen reportajes en los peri�dicos denotan la normalizaci�n creciente de la diversidad sexual. El BDSM est� pasando de una subcultura muy privada a una cultura sexual m�s visible�, argumenta Cecilia Bizzotto, sex�loga del espacio liberal JOYClub.La raz�n fundamental del cambio es la mirada que aportan las generaciones m�s j�venes, �para quienes las pr�cticas BDSM est�n tan normalizadas que ni siquiera son consideradas alternativas�, apunta Bizzotto y confirman otros sex�logos como Bruno Mart�nez, fundador de la Escuela Sexol�gica y recientemente elegido presidente de la Asociaci�n Estatal de Profesionales de la Sexolog�a (AEPS). �Las ataduras y los azotes son, para muchos, juegos que enriquecen su er�tica y que no son percibidos como fuera de la normatividad�, detalla Bizzotto.Aunque es dif�cil calibrar la evoluci�n de estas pr�cticas en nuestro pa�s -�globalmente hay poca investigaci�n y en Espa�a menos, y hay pocos datos emp�ricos�, contin�a la sex�loga-, seg�n la encuesta de h�bitos sexuales del Centro de Investigaciones Sociol�gicas (CIS) de marzo de 2026, �el 7,9% afirma haber realizado pr�cticas de dominaci�n o de sumisi�n y un 6,8%, fetichismos espec�ficos�. Eso s�, �para el 64,4% de los que s� lo hab�an practicado se trataba de una experiencia puntual o una etapa de la vida�.Adem�s, �las cosas han cambiado mucho desde la pandemia�, sostiene Regina Carolina, divulgadora sobre sexualidad y cultura y con conocimiento del universo BDSM. �Se nota especialmente en las generaciones j�venes, donde la presencia queer ha propiciado que ahora hablemos del BDSM como un espectro de pr�cticas que no caben en lo normativo�."Los m�s j�venes no perciben los azotes y las ataduras como fuera de la norma, sino como juegos sexuales"Incluso uno de los t�tems de �stas, el hecho de que una persona domine y otra se someta (bajo un estricto consentimiento) �hasta se ha flexibilizado�: �Uno puede definirse simplemente como interesado en ciertas pr�cticas o ser switch (aquel que cambia de dominante a sumiso y viceversa) y esto hace que la entrada en una comunidad espec�fica sea m�s amable�, prosigue esta especialista.�Por qu�, entonces, los BDSMeros (as� se llaman entre ellos) patrios se van fuera para hacer sus vacaciones kinkies mientras los extranjeros las realizan en Espa�a? Los sex�logos especializados, como el propio Mart�nez, y el catal�n Ignasi Puig Rodas coinciden en que �el estigma persiste y lleva a buscar el anonimato y la m�xima discreci�n�. �Pasar desapercibido est� totalmente interiorizado y viajar fuera no s�lo tiene que ver con la calidad de los eventos en el extranjero, sino con el anonimato necesario para poder vivir su sexualidad c�modamente�, explica este especialista.Este peri�dico ha podido confirmar que la discreci�n es el primer pilar de la comunidad, porque ninguno de los espacios vacacionales BDSM contactados quiere que el nombre de su hotel, mansi�n o villa salga en este reportaje. Lady Caroline y Mister Rufus, que salen desnudos en numerosas fotos en internet, con toda la parafernalia kinky incluida, dijeron �no tener inter�s� en participar. Y lo mismo solicitaron otros espacios de Barcelona y Baleares. No quieren promoci�n, no quieren publicidad, no quieren que hablen de ellos. Tratan de proteger a sus clientes porque, como dice Mart�nez, �en muchos casos, si en el entorno familiar o en el trabajo se enteran de lo que hacen pueden perder su intimidad y acabar destruidos�.�El fen�meno es complejo�, aporta Puig Rodas. En 2025, este sex�logo defendi� la primera tesis doctoral espa�ola sobre el asunto que nos ocupa: Kinkyberia, procesos de creaci�n identitaria BDSM en el Estado espa�ol. M�s de mil p�ginas que abordan la importancia de la comunidad en la vida personal de los aficionados a la dominaci�n y la sumisi�n y c�mo �algunas personas transitan todo un proceso de autoaceptaci�n para integrar el BDSM como parte de su identidad�.�La respuesta que te dan, esa negativa a hablar o que no quieran que se mencione su espacio vacacional se debe a que es un negocio sexual, algo que sigue siendo un tab� brutal, a no ser que vendas preservativos o hagas terapia�, advierte Puig Rodas.As� se constata al escuchar a la due�a de una casona donde practicar libremente gustos sexuales kinkies en una isla de Baleares que opera desde 2018, pero pide que no se mencione ni su nombre ni el del lugar. �Es una realidad, existimos, existen estos lugares como el nuestro, pero la gente no llega a entenderlo. No tiene sentido darnos a conocer ni publicitarnos porque se llena de curiosos y eso nos matar�a. La gente quiere tranquilidad. Al fin y al cabo, se est�n yendo de vacaciones�."Espa�a es contradictoria. Permisiva en privado pero conservadora cuando alguien expone sus gustos en abierto"A su alojamiento �acuden sobre todo alemanes, alg�n suizo y alg�n franc�s y, de vez en cuando, norteamericanos�. �Tu casa BDSM�, se lee en su web, que no compartiremos. Tambi�n detallan su equipamiento: �Suspensiones, bondage, una jaula, potro para spanking, silla de esclavos, cama de bondage, barra colgante y una cruz de San Andr�s�. �No es un hotel�, detallan los propietarios, �es una casa entera, mientras que en Berl�n y otras ciudades, tambi�n espa�olas, como Barcelona, hay lugares donde alquilar mazmorras�.Desde uno de esos lugares precisamente habla Mistress Nereida, d�mina profesional con amplia experiencia con cuyas im�genes se ilustra este reportaje. El local vuelve a solicitar que no se les nombre para proteger a los usuarios y evitar conflictos vecinales. Esta profesional, muy respetada en su sector, dice recibir �extranjeros y, en concreto, �rabes�, donde pr�cticas como �stas son especialmente rechazadas.�No creo que el estigma sea la �nica raz�n de que los espa�oles hagan sus vacaciones kinky en el extranjero mientras personas de otros pa�ses las hacen aqu�. Y�ndose fuera tienen la sensaci�n de no ser juzgados. Nadie les conoce. La distancia funciona como m�scara�, argumenta. Sostiene Nereida que �hay personas que necesitan alejar su deseo de su entorno y hasta de su nombre�. Habla de personas -sus clientes- que �eliminan todas las conversaciones, que no pueden hacer transferencias con determinados conceptos, que necesitan organizar todo con mucha discreci�n, que no tienen soltura a la hora de hablar de estos temas, que sienten verg�enza o culpabilidad...�.Y cree que Espa�a tiene sus particularidades en relaci�n a lo sexual: �Somos contradictorios. Tendemos a ser permisivos con lo que se puede consumir o fantasear en privado pero, al mismo tiempo, tenemos una parte muy conservadora cuando alguien lo expone en abierto. Son realidades que encuentro entre mis clientes�, desarrolla. Y es tambi�n una amplia conocedora de toda esa oferta festivalera que esconden ciertas ciudades de Europa.�Del 9 al 15 de septiembre estar� en FEMDOM, un festival que se celebra en Atenas�, adelanta. Es m�s, ahora se encuentra inmersa en la preparaci�n de un festival a la espa�ola que espera celebrar el pr�ximo a�o. �Para m� el BDSM se fundamenta en el consenso, que es algo que va m�s all� del consentimiento incluso�. Le preguntamos qu� quiere decir exactamente: �Consentimiento y consenso no son lo mismo. El primero implica aceptar que uno quiere vivir tal experiencia. El segundo va m�s all� porque ahonda en ello: se dialoga, se negocia y, en definitiva, se acota entre las dos partes la forma en que se va a vivir la experiencia�.