Noticia Exclusivo suscriptores Las niñas con el presidente Abelardo De La Espriella. Atrás, la gobernadora Dilian Francisca Toro y el alcalde Alejandro Eder. Foto: Samir RojasPERIODISTA30.08.2026 18:01 Actualizado: 30.08.2026 18:04

Aquella carpa improvisada a pocos metros del coliseo El Pueblo de Cali se convirtió en un lugar donde rodaron lágrimas de víctimas del feroz terremoto que se ensañó con la capital del Valle del Cauca, con la región y con el occidente y el centro del país, el pasado 10 de agosto.Las dos niñas, ante el presidente Abelardo De La Espriella. Foto:Samir RojasEl destructivo sismo de magnitud 7,4, según el último reporte de la Alcaldía distrital, les arrebató la vida a 154 personas y dejó más de 1.500 heridos, de los cuales 148 permanecen en centros hospitalarios de la ciudad.Lo que iba a ser una entrega protocolaria de viviendas para los damnificados, el 28 de agosto, cambió drásticamente cuando dos menores se acercaron al presidente Abelardo De La Espriella para pedirle un hogar para sus madres.Ese escenario formal de ayudas, el pasado viernes—como parte de las visitas que el jefe de Estado ha realizado a los caleños durante la emergencia— se transformó por completo ante la espontaneidad y la urgencia de soluciones para hogares fracturados por la tragedia. Frente al atril principal donde se encontraba el mandatario, la rigidez institucional se quebró cuando una de las pequeñas se aproximó tímidamente.Con voz baja pero firme, transmitió una angustia familiar: su casa se había desvanecido en medio de una densa nube de polvo aquella fecha imborrable en la memoria de Cali, donde 46 edificios se desplomaron por completo y modificaron drásticamente la geografía urbana.Conmovedora petición al presidente Abelardo De La Espriella. Foto:De videoDurante el acto oficial se planeaba adjudicar inicialmente cuatro apartamentos de la constructora Marval a quienes lo perdieron todo. Estas primeras soluciones estaban asignadas rigurosamente a los damnificados Cristian López, Maryori Basto y Diana Troncoso, esta última una biomédica de 31 años rescatada entre las ruinas del edificio Torres del Limonar, en el sur de la ciudad, donde permaneció sepultada durante casi 30 horas.La cuarta vivienda priorizada correspondía a Ana María Saavedra Caicedo, de 23 años, quien se convirtió en símbolo del dolor local tras perder a sus padres, a sus dos hermanas trillizas y a un tío. El edificio María Elvira Lloreda, ubicado en la carrera 58 con calle 3 en el barrio Cuarto de Legua, donde residía la familia Saavedra, desapareció por completo. Ana María fue la única sobreviviente.