Tras el terremoto que azotó a Colombia el lunes, el presidente Abelardo de la Espriella le ha dado un protagonismo particular a una persona sin experiencia en el manejo de desastres naturales: su esposa, Ana Lucía Pineda. “Quisiera que nos contara de las ayudas humanitarias”, la presentó el miércoles durante una alocución en el Palacio de San Carlos, en el centro de Bogotá. Acababa de informar que el país ya contabilizaba 270 muertos, 500 desaparecidos, 3.500 heridos y 11.300 viviendas destruidas. Ella lo reemplazó frente al estrado. Contó que había conseguido un sinnúmero de donaciones, desde servicios funerarios para las víctimas hasta comida de McDonald’s para los rescatistas. El presidente se mostró complacido. “Queridos amigos, como ustedes pueden ver, se ha hecho todo lo que hay que hacer en materia técnica”, aseguró al recuperar el podio.Pineda es la líder de una gran campaña nacional de mujeres a la que denomina “Colombia, un solo corazón”. La acompaña Tatiana Céspedes, la “segunda dama de la Nación”, según se describe en su Instagram por ser la esposa del vicepresidente José Manuel Restrepo. Desde todo el país, hay anuncios de donaciones de alimentos y productos de aseo en las redes sociales de “las tigresas de la patria”, el apodo de las mujeres que hicieron campaña por De la Espriella, El Tigre. Y, finalmente, participan las otras esposas de mandatarios. “Hemos estado en comunicación con las primeras damas de los municipios más afectados”, explicó Pineda durante la alocución. Después, hizo una excepción entre quienes han sido electos. “Y también con la gobernadora del Chocó”, aclaró respecto a Nubia Carolina Córdoba. Asumió que son las mujeres, más que los hombres, las encargadas de manejar las ayudas privadas a los necesitados.De la Espriella dejó en claro que su esposa asumiría este rol durante una reunión virtual que tuvo en mayo con el presidente de Ecuador, Daniel Noboa. “Espérese, que mi mujer lo quiere saludar. Mi mujer es seguidor [sic] de su esposa (...). Me dice: ‘La primera dama del Ecuador es una belleza. Qué mujer tan linda y elegante”, comentó el entonces candidato. Pineda entró en escena, exultante, y corrigió dos veces a su marido: le dijo que era una “seguidora”, en femenino, y que no solo admiraba a la influencer Lavinia Valbonesi por su belleza, sino también por “el gran trabajo que está haciendo”. “Admiro muchísimo todo lo que ha hecho con la Fundación ANA. Maravilloso”, exclamó respecto a una primera dama que ha sido señalada de recibir donaciones de empresas con contratos estatales y acaparar funciones públicas.Con el terremoto, el Gobierno ha aprovechado para cumplir el deseo de Pineda. Los ministros, como si acataran una orden del presidente, han salido a mencionarla en cada uno de sus mensajes sobre asistencia humanitaria. “Desde el Ministerio de Agricultura estamos coordinando todas las ayudas con los gremios y las empresas de este sector. Esto lo estamos haciendo a través de la primera dama de la Nación”, anunció Indalecio Dangond. También se sumaron los empresarios: desde los cerveceros que producen refrescos de maltosa sin alcohol hasta el Grupo Trinity, que donará el acero para la reconstrucción de la Catedral de Manizales y se sumará así “a la campaña liderada por la primera dama”.Las damas de beneficencia Este protagonismo le puso los pelos de punta a expertos como Javier Pava, que fue director de la Unidad Nacional para la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) del Gobierno de Gustavo Petro y permaneció en su cargo hasta el martes. “Retoman la figura asistencial de la primera dama para el manejo de ayudas humanitarias que no provienen del Estado, sino de sus aliados del mercado”, se lamentó en un mensaje de texto a su antiguo jefe, quien lo compartió en X. En una conversación por teléfono con este periódico, agrega que “es una visión atrasada”. “Es algo de 1979, cuando se veían los desastres como un castigo divino y se creía en la beneficencia para ‘los pobrecitos’ que los sufrían”, explica. La ayuda a las víctimas, enfatiza, son “un derecho” y no un regalo de la caridad de los poderosos. “Ya hay leyes que dicen que es el Estado el que debe financiar la gestión del desastre, con entidades que tienen una responsabilidad”, dice.El liderazgo de Pineda relega a un segundo plano a dependencias como el Departamento de Prosperidad Social (DPS), encargado desde el 2011 de administrar subsidios para poblaciones vulnerables. Pone el énfasis en “la ayuda ciudadana y empresarial”, en palabras del presidente, para superar la crisis. Se asemeja al trabajo de varias primeras damas del siglo XX: María Michelsen de López, la esposa de Alfonso López Pumarejo (1934-1938; 1942-1945), fundó el Amparo de Niños Abandonados, una institución privada para apoyar a huérfanos; Lorenza Villegas de Santos, la pareja de Eduardo Santos (1938-1942), recolectó donaciones para crear hospitales infantiles; y Nydia Quintero, esposa de Julio César Turbay (1978-1982), creó la Fundación Solidaridad por Colombia para apoyar a poblaciones vulnerables. Pineda se mira en el espejo: ha puesto en marcha Tigresas Moviéndose con Corazón, una iniciativa “para ayudar a quienes más lo necesitan”.Para Isabel Arroyo, doctora en Historia por la Universidad de Los Andes y consultora en políticas públicas, es “un retroceso” en varios frentes. Coincide con Pava en cuanto a que “trivializa la política social” como un asunto que no requiere de experticia, cuando existen “instrumentos muy especializados” para definir cuáles intervenciones son las mejores y en quiénes focalizarlas. “Nunca le dicen al ministro de Hacienda que lo tiene que ayudar la esposa del presidente, así ella tenga experiencia en finanzas. Pero sí ponen a los expertos en bienestar a aguantar que alguien sin experiencia”, señala por teléfono. Por otro lado, agrega una crítica desde el feminismo. “Esto hace parte del lenguaje de reivindicación de ideas patriarcales: la valoración de la mujer por el marido que consigue, su acceso al poder por estar casada”, comenta. Sin embargo, hay algunos límites a las primeras damas que se incorporaron a medida que la experticia técnica tomaba el control de la política social en la segunda mitad del siglo XX. Una sentencia de la Corte Constitucional en 1993 tumbó una disposición que les otorgaba la presidencia de la junta directiva del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), la entidad estatal creada en 1968 por Cecilia de la Fuente de Lleras, esposa del presidente Carlos Lleras, para velar por los derechos de los niños y adolescentes. “El estado civil nada dice acerca de la calificación profesional, ocupacional o académica”, declaró el alto tribunal. Al año siguiente, otro fallo estableció que las esposas de los presidentes no eran funcionarias públicas y que no podían arrogarse competencias que correspondían a los ministros. Podían, eso sí, mantener “la noble tradición” de liderar actividades de beneficencia.Las tensiones, comenta Arroyo, continuaron en este siglo: María Clemencia Rodríguez, esposa de Juan Manuel Santos (2010-2018), tomó el protagonismo con un programa de primera infancia que había diseñado la experta Costanza Alarcón; María Juliana Ruiz, la pareja de Iván Duque (2018-2022), le pidió al Archivo General de la Nación que hiciera un libro sobre ella y sus predecesoras. La llegada de la izquierda al poder en 2022, con banderas feministas, tampoco puso fin a estas dinámicas. Verónica Alcocer, la esposa de Petro, estuvo lejos de emular a Irina Karamanos, en ese entonces esposa del chileno Gabriel Boric y crítica de un rol que consideraba poco democrático. “La figura de Alcocer no ayudó. Incluso compitió con la de [la vicepresidenta] Francia Márquez: en los primeros 100 días de Petro, hasta le hicieron un documental”, apunta Arroyo.Ahora, en la nueva era de De la Espriella, el rol de la primera dama parece encaminado a consolidarse con un protagonismo aún mayor. Cada donación y cada visita a los municipios afectados termina con videos para la cuenta de Instagram de Pineda, @analu_pineda, que suma más de un millón de seguidores. Algunos mensajes van acompañados de canciones inspiracionales, como Color esperanza, de Diego Torres. “Saber que se puede, querer que se pueda / Quitarse los miedos, sacarlos afuera / Pintarse la cara color esperanza”.