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Hace unos 5.500 años, el norte de África sufrió una drástica alteración ambiental que reconfiguró su entorno natural. Antiguas sabanas y humedales perdieron paulatinamente el nivel de precipitaciones hasta convertirse en la zona árida del Sáhara actual. Si bien los cambios orbitales terrestres justificaban el proceso inicial, un trabajo científico de 2017 publicado en Nature Communications determinó que dichos factores eran insuficientes para esclarecer la rapidez detectada en los registros paleoclimáticos.
Para descifrar ese fenómeno, un grupo internacional de investigadores analizó ceras foliares preservadas dentro de sedimentos marinos del golfo de Guinea. El estudio de los isótopos de hidrógeno en dichos restos fósiles reconstruyó el patrón pluvial que impactó a Camerún y al Sahel-Sáhara central. La evidencia confirmó un vertiginoso declive en las lluvias ocurrido entre 5.800 y 4.800 años atrás, una tendencia en sincronía con otros puntos del continente africano.
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El detonante principal proviene de las latitudes altas del hemisferio norte. Indicadores procedentes de Groenlandia, el mar de Noruega y el estrecho de Fram revelan un desplome térmico estival entre hace 6.000 y 5.000 años. Ese cambio climático, unido a la expansión del hielo marino ártico, desestabilizó el periodo húmedo del norte africano.






