Dos mujeres, dos madres acusadas de matar a sus hijos, ¿y un mismo destino?Esta es la cuestión que flota en el juicio de Lindsay Clancy, la enfermera que mató a sus tres hijos de cinco, tres y ocho meses, y caso que se ha convertido en la conciencia de EE.UU.Yates, que ahogó a sus cinco hijos, recibió cadena perpetua, pero se repitió el juicio y se le declaró no culpableEl jurado ya deliberó durante dos días esta semana en el tribunal de Plymouth (Massachussetts) y lo volverá a hacer a partir de este lunes. Mientras la fiscal pidió la condena por el triple crimen, la defensa alega que Clancy no es imputable porque sufría depresión posparto y que, pese a solicitar ayuda reiteradamente, no le atendieron.El relato de Clancy sobre lo ocurrido ha cambiado ocasionalmente en pequeños detalles en los últimos tres años. Pero nunca ha modificado los aspectos claves de su versión.El 24 de enero de 2023 sugirió pedir comida para llevar a la hora de cenar y, mientras su marido iba a recogerla, oyó una voz que le ordenaba matar a sus hijos para después suicidarse.Estranguló a los niños con bandas elásticas de ejercicio. Después subió al piso superior, ingirió una variedad de pastillas, se hizo un corte en el cuello con un cuchillo y saltó por una ventana. Quedó inmóvil. Ahora va en silla de ruedas.Ella acepta su autoría, pero niega su culpabilidad porque estaba totalmente enajenada.Lindsay Clancy habla con su abogado en un momento del juicio en su contra en Plymouth. Greg Derr / Ap-LaPresseSu caso ha hecho que se recupere el de Andrea Yates, otra enfermera que hace un cuarto de siglo mató a sus cinco hijos. Los ahogó en una bañera en junio del 2001 en Houston. Su marido estaba trabajando. Los niños tenían edades comprendidas entre los seis meses y los siete años.Yates fue declarada culpable de asesinato en el 2002 con la petición de pena de muerte, aunque el jurado la condenó a cadena perpetua. Posteriormente, en un nuevo juicio, fue declarada no culpable por razón de demencia y trasladada a un hospital psiquiátrico estatal.Hubo un gran rechazo público hacia Yates, a pesar de sus antecedentes de enfermedad mentalHaya coincidencia o no en el veredicto final, los dos casos han recibido una consideración muy diferente, tal vez muestra de una percepción social diferente en un mismo tipo de caso respecto a la depresión que surge después de dar a luz.A las puertas del tribunal de Plymouth, numerosas mujeres se convocan durante la vista oral para expresar su apoyo Clancy y reclamar su absolución dado su estado mental.Aunque hay quienes recuerdan que murieron tres niños, numerosas personalidades y articulistas muestran compasión y compresión hacia esta mujer.Lee tambiénEl caso de Clancy “es, fundamentalmente, una historia sobre a quién se escucha, a quién se cree y a quién se toma en serio, y a quién no”, escribió Jessica Winter en The New Yorker .En cambio, el rechazo público hacia las acciones de Yates, a pesar de sus antecedentes de enfermedad mental, fueron palpables. “No hay duda al respecto”, declaró al USAToday Jack Vaeth, psiquiatra y director del Centro Avanzado para el Tratamiento de la Depresión Resistente de la Universidad de Maryland. Sostuvo que en el juicio de Yates el consenso era que se debía asumir la responsabilidad de sus actos. “Sin duda, esta vez hay mucha más empatía y se está poniendo el foco en un sistema que no funciona”, dijo.Un titular de la CNN de marzo del 2002, recogiendo el testimonio de un psiquiatra: “Yates podría haberse recuperado por sí misma”. Otro columnista, Rob Jones del The State Press , escribió: “Si dependiera de muchas personas, no habría juicio, solo una ejecución”.“Ya no pensamos automáticamente que las personas que tienen problemas de salud mental simplemente no son lo bastante fuertes, que están fingiendo o que se hacen las enfermas, como quizá habríamos pensado hace 20 o 30 años”, afirmó en un artículo Michelle Oberman, especialista en Derecho que estudia casos de madres que matan.