“Noche de viernes para una chica sin amigos y sin interés en tener citas con hombres”. “Ir al cine a las once de la noche siendo una chica sin amigos”. “Mañana de sábado de una chica que solo sale consigo misma”. Estos son los títulos de algunos de los vídeos publicados en TikTok por Lana Isa, una canadiense de 24 años creadora de contenido que comparte con sus 195.000 seguidores su día a día bajo el prisma de una mujer solitaria. Si bien ha relatado en alguna de sus publicaciones que su intención no es idealizar la soledad y que sus circunstancias personales le han llevado a sentirse mejor sola que en compañía, ella forma parte de una comunidad creciente que se identifica con esta forma de vivir y acumula millones de visualizaciones en vídeos con esta temática. A principios de junio, The Cut se refirió a estos perfiles como “influencers de la soledad”, un sobrenombre algo reduccionista, ya que realmente estas creadoras (son en su mayoría mujeres) no tratan de influir ni de imponer su soledad al resto, sino que muestran ese día a día en solitario, un nicho de contenido que, a juzgar por el interés que despierta, interesa más de lo que podría parecer. A la hora de hablar de soledad, la psicóloga Olga Albaladejo Juárez, experta en bienestar y salud integrativa, recuerda la importancia de distinguir entre estar solo, elegir la soledad y sentirse solo. En este sentido, subraya lo positivo de “normalizar que alguien pueda viajar solo, ir a un restaurante o empezar una nueva vida sin que eso se interprete automáticamente como un fracaso personal o social. Durante mucho tiempo hemos asociado la autonomía con la falta de éxito en las relaciones, y romper ese estigma puede ser muy liberador”. Pero, al mismo tiempo, alerta del peligro de idealizar la soledad y percibir como real únicamente lo que se ve en redes sociales, donde se convierten “experiencias complejas en imágenes muy atractivas”: “Vemos un apartamento acogedor, una taza de café, un paseo al atardecer... pero rara vez vemos qué ocurre cuando se apaga la cámara”, señala. En España, una de cada cinco personas se siente sola. Aunque los mayores de 75 años son el grupo de edad que más suele acusar la soledad no deseada —algo que además se cronifica a lo largo de los años—, los jóvenes de entre 18 y 24 son quienes realmente más solos se sienten. Y cuando esta soledad no es elegida y se mantiene en el tiempo “puede afectar tanto a la salud mental como al funcionamiento del organismo”, apunta Albadelejo. Paula tiene 24 años, vive en Madrid y el verano pasado empezó a compartir su experiencia como una joven sin amigas en TikTok. “Empecé con una serie de ’sobreviviendo al verano sin amigas’. Desde pequeña quise crear contenido, pero he sido muy vergonzosa, o he creído muy poco en mí misma y he pensado mucho en el qué dirán como para hacerlo. Llegó el día en que me di cuenta de que no tenía a nadie, justo decidí alejarme de la última amiga que tenía y ya qué más daba lo que pensase la gente que ni estaba en mi vida. Realmente estaba triste, me sentía muy sola desde hacía bastante tiempo y quería desahogarme sobre lo que estaba siendo mi vida en ese momento”, relata sobre sus inicios. A diferencia de muchas otras creadoras de contenido similar, quienes han elegido la soledad y prefieren no tener amigos en este momento de sus vidas, Paula reconoce que “en una situación normal, creo que necesitamos gente a nuestro alrededor”. “He elegido alejarme de ciertas amistades, pero no significa que quiera estar sola siempre o me guste la sensación de soledad”, se sincera. Paula evita romantizar la soledad y critica cuando los medios de comunicación aluden a este tipo de vídeos como una moda con la que monetizar: “He visto cadenas de televisión intentando hablar del tema (de hecho tuve un problema con una de ellas) y no me ha gustado cómo lo han tratado”. No pretende hacer amigas con sus vídeos, sino dar visibilidad a una realidad muy frecuente, algo que agradecen sus seguidoras, “chicas de 13-14 años hasta los 40 o 50. Chicos también, pero muchísimo menos”, puntualiza. “Es gratificante para mí porque siento que compartir mi experiencia sí que sirve y ayuda en algo, que estoy acompañando a alguien, igual que yo me siento acompañada por ellas”. @mllamopaula siempre se enseña el lado bueno en redes sociales.. Pero realmente no todo es tan bonito como lo pintamos :( En mi caso fue bonito, si, pero no pude evitar tener un momento de bajón y una semana previa de molestia porque la única persona que iba a haber en ese escenario, era mi novio (y casi ni eso porque al principio no podía venir) Duele no poder compartir momentos buenos con nadie mas porque no tienes amigas.. Si os encontrais en una situación similar, que sepais que no sois las únicas y no estais solas en esto ❤️🩹 Diario de una chica sin amigas (50) #vlog #diario #grwm #realidad #soledad ♬ Swimming - Flawed Mangoes Aunque ella vive con sus padres, lo que más se repite en este tipo de perfiles son mujeres sin pareja, ni amigos y viviendo solas en apartamentos pulcros y diminutos. En España, el fenómeno todavía no ha cobrado la misma relevancia que en Estados Unidos y el Reino Unido, donde esta clase de cuentas se han multiplicado en los últimos meses. “Detrás de la rutina cosmética perfecta, de una deliciosa comida para uno y de un apartamento impecable, los populares ‘diarios de la soledad’ ponen de relieve la epidemia de la soledad”, escribió The Times en un artículo publicado el pasado junio en el que se analizó esta realidad. Paradójicamente, muchas de estas mujeres solitarias tienen comunidades de decenas de miles de seguidores que las acompañan al otro lado de la pantalla. Es el ejemplo de Lauren Blake, quien relata su vida solitaria en Boston, y Paulina Cee, cuyos vídeos muestran su existencia en Nueva York sin amigos ni familia. La británica Sarah-Jane Hoadley (conocida como @dramafreediaries en redes sociales) inauguró su perfil hace pocos meses y ya suma más de 320.000 seguidores en Instagram y más de 68 millones de visualizaciones en sus vídeos de TikTok. En un artículo titulado ¿Por qué he elegido no tener amigos?, publicado en The Telegraph este junio, Hoadley relata que con sus vídeos trata de crear cierta conexión con quienes llevan una vida como la suya y sienten que no es suficiente: “La gente está acostumbrada a esa sensación horrible y desagradable de compararse en las redes sociales, de sentir que tu vida no se parece a la de los demás. Creo que resulta muy reconfortante ver a otra persona que vive la misma vida que tú. Es una fuente de inspiración alcanzable”, escribe. Lo complejo de dirigirse a una audiencia tan vasta como la que hay en redes sociales, con millones de potenciales seguidores, es que existen todo tipo de particularidades e idealizar esa vida en solitario “puede hacer que algunas personas sientan que deberían disfrutar de una situación que, en realidad, les produce sufrimiento”, sostiene Albadalejo. Y añade: “Eso puede retrasar algo tan importante como reconocer que necesitan apoyo o crear relaciones. El mensaje no debería ser que vivir solo es mejor o peor, sino que la autonomía y la conexión no son incompatibles”, asegura. Entre las decenas de comentarios que acumulan estas publicaciones es fácil encontrar mensajes de mujeres que atraviesan un momento personal marcado por la soledad, ya sea por haberse ido a vivir solas, por vivir en una ciudad donde no conocen a nadie o tras una separación. Este último supuesto lo aborda la escritora Casilda Sánchez Varela en A veces nadie (Debate, 2026), un ensayo que nace de su propia experiencia tras separarse y afrontar esa soledad repentina con la que terminó por reconciliarse. La autora, tras un largo tiempo investigando y leyendo sobre la soledad, aboga por recuperar una soledad “activa”. “La de quien se sienta a leer, a escribir, a caminar o simplemente a pensar sin que un algoritmo le dicte el siguiente estímulo. Es la soledad de los místicos, de los monjes, de los creadores: un espacio de conversación íntima del que surge algo, una idea, una decisión o una transformación. La soledad de la pantalla es una soledad de consumo. No crea; entretiene. Y vacía. Por eso aunque cada vez pasamos más tiempo solos, cada vez nos cuesta más encontrarnos con nosotros mismos”, reflexiona. Batería social: recuperarse después de relacionarseOtro concepto que ha cobrado fuerza en los últimos tiempos relacionado con las nuevas formas de afrontar las relaciones sociales es el término “batería social”, entendido como una metáfora de la fatiga que para algunas personas ocasiona socializar durante varias horas. El concepto carece de base científica, pero ya hay estudios que han profundizado en esta realidad. El informe Estudio sobre energía social, publicado por la aplicación de citas Hinge en octubre de 2025, concluyó que el 38% de sus 10.000 encuestados comenzaba a sentirse agotado después de solo dos o tres horas de socialización. ¿En la era de la sobreexposición nos estamos volviendo cada vez más introvertidos en lo referente al contacto real? Precisamente, vivir rodeados de estímulos en forma de notificaciones de últimas noticias, correos electrónicos, mensajes no leídos, audios sin escuchar… puede generar una “fatiga social” aunque todo suceda detrás de la pantalla. Y esto se traslada también a la forma de relacionarnos en el mundo. Para Albadalejo, el hecho de estar sometidos de manera constante a la inmediatez y al bombardeo procedente de internet provoca que “muchas personas sientan la necesidad de reservar momentos de silencio o de soledad para recuperar energía”. La escritora Sánchez Varela propone otra lectura para explicar por qué cada vez más personas buscan socializar en pequeñas dosis. Acostumbrados a controlar cada detalle de cómo nos presentamos al mundo a través de las pantallas, en la vida real “no controlamos cómo nos ven los demás. Podemos hacer un comentario desafortunado, una gracia sin gracia, quedarnos en blanco o descubrir que la imagen que el otro tiene de nosotros no coincide con la que habíamos construido. Esa vulnerabilidad forma parte de cualquier relación auténtica. Por eso creo que hablamos tanto de batería social. No porque convivir con los demás sea hoy objetivamente más agotador, sino porque hemos perdido entrenamiento para sostener la incomodidad inevitable de los vínculos. Nos cansamos antes porque cada vez soportamos peor aquello que no podemos controlar”, desarrolla.
Una vida sin amigos y lejos de la familia: qué hay detrás de los diarios de los ‘influencers’ de la soledad que triunfan en redes sociales
Recientemente han proliferado los perfiles que cuentan sin edulcorantes cómo es una vida sin amistades, sin hacer apología ni imponer su modo de vida. Aunque pueden generar comunidad, no hay que olvidar el peligro de idealizar la soledad y percibir como real únicamente lo que se ve en internet






