En pleno boom de información sobre menopausia y la importancia de la alimentación o el ejercicio de fuerza en este periodo de vida de las mujeres, un informe de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha reavivado el debate (y la indignación) sobre el sesgo de género en investigación, especialmente más allá de la edad reproductiva. La AESAN, que hacía recomendaciones nutricionales para mujeres en menopausia recogiendo datos de hombres, ha acabado reconociendo el error y asegurando que revisará el artículo en medio de una ola de indignación a la que se ha sumado la ministra de Igualdad. Porque el caso vuelve a poner en evidencia la poca investigación con datos de y para mujeres existente en la actualidad.RectificaciónUn informe sobre alimentación en menopausia con datos de hombres“Estudiar a hombres es más barato que a mujeres”, lamenta en conversación con La Vanguardia la investigadora del CSIC, Sonia de Pascual-Teresa. Esta licenciada en Farmacia que trabaja en nutrición y en compuestos antioxidantes en la dieta para investigar sobre envejecimiento fue la que descubrió que el polémico estudio de la AESAN abordaba la alimentación en menopausia basándose en datos exclusivamente de hombres. De Pascual-Teresa preparaba un proyecto sobre vitamina C en mujeres perimenopausicas -que incluye perimenopausia, menopausia y postmenopausia- y no encontraba información, como suele ser habitual en investigación femenina, lamenta. Se fue “directa” a los datos que le interesaban sobre vitamina C que llevaban a una referencia a la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) y allí encontró la aclaración de que la información se apoyaba en estudios en hombres que habían sido ajustados a mujeres por peso. Quiso advertir a la AESAN de la imprecisión, pero asegura que no recibió respuesta hasta un mes más tarde y, tras mucho insistir, la agencia le respondió que “no lo consideraban relevante y que en las conclusiones ya explicaban que eran necesarios más estudios”. La denuncia de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), recogida en el medio eldiario.es, ha acabado forzando que la agencia reconozca el error y asegure que revisará el informe. También la EFSA corregirá su informe.De Pascual-Teresa sabe que no es culpa de la AESAN que no haya datos de mujeres, pero reivindica la importancia de declarar en el informe que eran extraídos exclusivamente de hombres. Más en un tema como la menopausia. Además, lamenta que se recalcularon los datos para mujeres adultas de más de 18 años, pero que se usaban “engañosamente” diciendo que son para mujeres mayores de 40. “No hay recomendaciones para esa franja de edad porque no hay estudios que sustenten eso”, lamenta.Durante décadas ha generado gran parte del conocimiento, tomando al hombre como modelo de referencia y extrapolando los resultados en mujeresElisa LlurbaDirectora del Servicio d'Obstetrícia i Ginecologia del Hospital de la Santa Creu i Sant PauTras la polémica, hasta la ministra de Igualdad, Ana Redondo, ha lamentado el sesgo de género existente y ha revindicado que “ya es hora de que las mujeres estén presentes en las agendas y en los estudios de salud y que el cuerpo masculino deje de ser la referencia universal para todo, incluso para lo que tiene que ver con la menopausia”.El clamor de la ministra Redondo es el de muchas investigadoras y catedráticas que desde hace años lamentan la nula investigación en temas que atañen a la mujer. Para la directora del Servicio d'Obstetrícia i Ginecologia del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, Elisa Llurba, este caso es un ejemplo muy claro del “sesgo histórico de género en la investigación biomédica que durante décadas ha generado gran parte del conocimiento, tomando al hombre como modelo de referencia y extrapolando los resultados en mujeres”. En 2023 Llurba fue una de las fundadoras de la Societat Catalana de Medicina con Perspectiva de sexo y género de la Acadèmia de Ciències Mèdiques de Catalunya i Balears con la idea de “revertir tanto desconocimiento” y también para promover “la evidencia científica con gafas de género”. La ginecóloga apunta que el polémico informe de la AESAN constata no únicamente que son necesarios más datos de mujeres, sino también más datos en esta etapa concreta de la vida (la menopausia) porque supone cambios hormonales, metabólicos, cardiovasculares, de huesos y de composición corporal “muy importantes”.Llurba avisa que cuando no se dispone de una evidencia específica en mujeres esta “ausencia de evidencia se debe explicitar” y lamenta que “no podemos transformar una incertidumbre científica en una certeza “simplemente porque necesitamos hacer una recomendación”. Pero lamenta que esta manera de proceder es “sistémica” y que provoca que muchas recomendaciones o herramientas terapéuticas en mujeres no hayan sido demostradas. Y ello explicaría, prosigue, que los efectos secundarios de los medicamentos “son más frecuentes en mujeres”.La AMIT y la vigilancia constante de las mujeresHace 25 años que existe AMIT, la asociación de mujeres que luchó junto con la investigadora para que la AESAN rectificara, cuenta su presidenta, Maite Paramio. La catedrática aclara que la agencia no investiga sino que recoge datos, pero cuestiona que en el controvertido informe “sobre mujeres con menopausia no hay ni una mujer con menopausia”. Y avisa del peligro de dar recomendaciones sin datos desde una agencia estatal. La asociación de mujeres está “vigilante” y tiene como objetivo señalar las discriminaciones que hay en la ciencia, no solo en el ámbito de la investigación, sino también en la promoción y visibilidad de las científicas. Por suerte, apunta Paramio, se van consiguiendo avances. Y pone un ejemplo: antes la investigación experimental con animales solo se hacía con machos y no se usaban hembras “por comodidad”, pero ahora es obligatorio que haya el mismo número de machos que de hembras.Diálogo entre la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant (dcha), y la bióloga molecular y candidata a astronauta de la Agencia Espacial Europea, Sara García, Ana Escobar / EFEElisa Llurba, que es también Coordinadora de la RICORS-SAMID-RD24/0013, Instituto de Salud Carlos III, denuncia que no se puede considerar que estudiar hombres adultos o incluso población adulta general sea equivalente a estudiar de manera específica a mujeres “durante la transición menopáusica”. Y advierte que no es suficiente incluir a mujeres en los estudios sino que es necesario que estén presentes en una cantidad suficiente para que los resultados tengan “suficiente potencia estadística”. Esto significa, aclara, que hay que contar con el doble de sujetos. Pero lamenta que de esta manera los estudios son “más caros y difíciles de llevar a cabo”. Porque en el caso de las mujeres sería necesario además estudiar las diferentes etapas reproductivas.Una de las cosas que más preocupa del caso del informe a la investigadora del CSIC es que crea la falsa idea de que parezca que la investigación está hecha y nadie vea la necesidad de financiar una hecha con mujeres. “Se está desinformando a una parte importante de la población y las empresas van a usar esos datos para comercializar productos poniendo a la EFSA como aval”, lamenta.Infradiagnóstico y medicina bikiniUn estudio publicado en la revista Journal of Women’s Health en el año 2022 avisaba que la investigación en lo que atañe a la salud de la mujer aún está muy centrada en el “enfoque bikini” que cree que la salud de las mujeres solo es diferente a la de los hombres en las partes del cuerpo que tapa un bikini: pechos y genitales. Y esto acaba generando que la investigación excluya causas de mortalidad. El estudio lamentaba que las publicaciones sobre salud femenina están dominadas por temas de salud reproductiva a pesar de que se pide ampliar la visión y tener en cuenta enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares o enfermedades pulmonares crónicas.Hoy las mujeres están infrarepresentadas como “sujetos científicos”, aunque algunas de ellas estuvieron “dramáticamente sobrerepresentadas como cuerpos disponibles para experimentar”, lamenta María Teresa Ruiz Cantero, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Alicante y especializada en prevención y salud pública con perspectiva de género. Ruiz Cantero recuerda algunos casos, como el del cirujano J. Marion Sims, que mediados del siglo XIX para perfeccionar la reparación de las fístulas vesicovaginales “experimentó sin anestesia con mujeres negras esclavizadas”. También recuerda los ensayos de la píldora anticonceptiva con mujeres pobres de Puerto Rico. La catedrática apunta que el hombre “implícitamente es el organismo humano de referencia” y recuerda también que en 1977 la Food and Drugs Administration de EE.UU. recomendó excluir a las mujeres con capacidad reproductiva de determinados ensayos farmacológicos. Una decisión que, aunque pretendía prevenir “nuevas tragedias”, acabó facilitando que “buena parte del conocimiento sobre farmacología, eficacia, seguridad y dosificación se construya usando predominantemente cuerpos masculinos”.Ruiz Cantero denuncia también el “edadismo” en la investigación femenina que provoca que no haya datos de mujeres en menopausia, por ejemplo. “La medicina está dentro del contexto social y comparte sus valores. Y aquí se suma los valores del sexismo, del edadismo y probablemente el capitalismo”, concluye.Nacida en Barcelona (1978), trabaja en La Vanguardia desde julio de 2009. Ha pasado por la Hemeroteca Digital y los departamentos de Producción Propia y Última Hora, en la edición digital. Ahora en la sección de Sociedad