En los últimos seis años, la evolución de la pequeña pantalla ha seguido avanzando, a veces aferrada a la tradición y la nostalgia y otras, en busca de una identidad renovada y propia, al calor de las nuevas tendencias comunicativas.PublicidadEntre 2020 y 2026, la televisión generalista española ha estrenado numerosos formatos que reflejan esa búsqueda de nuevos públicos y nuevos lenguajes: una tendencia que continúa vigente, aunque cada vez resulta más difícil encontrar una gran marca capaz de reunir frente a la pantalla a una audiencia masiva. En un ecosistema cada vez más fragmentado, conquistar a todos parece una misión prácticamente imposible.El regreso de las viejas fórmulasEn la tercera década de los 2000, la televisión sigue creyendo que todavía puede vivir de lo reconocible: las grandes cadenas han comprobado que una marca conocida puede funcionar como un atajo. Un ejemplo claro es Pasapalabra, que nació en España hace 26 años y sigue siendo cardinal en la programación diaria de Antena 3 —y ahora también de Telecinco por la polémica con Rueda la letra—. Lo mismo ocurre con La Ruleta de la Suerte, que tras 36 años de historia, aún funciona como principal arrastre del informativo más visto de la televisión en España, Antena 3 Noticias 1. Incluso en el prime time, algunas de las marcas más fuertes son clásicos de la televisión, como El Hormiguero, que cumple dos décadas en antena, o MasterChef, estrenado en 2013. Cuatro también tira de lo conocido con First Dates, diez años después de su estreno, y Telecinco, hasta hace poco, seguía replicando la misma fórmula con Gran Hermano, 26 años después de su debut.Todos son ejemplos de formatos que han conseguido convertir su propia trayectoria en una garantía de consumo, y la apuesta no es casual. En un mercado en el que los estrenos se enfrentan desde el primer día a la oferta de las plataformas, YouTube, TikTok y las redes sociales, recuperar una marca que ya forma parte del imaginario televisivo reduce el riesgo. Por eso la nostalgia se ha convertido también en una herramienta de programación. PublicidadEl idioma de internetPero esa seguridad tiene un límite, y las cadenas también necesitan actualizar los formatos, renovar sus rostros y encontrar nuevas maneras de generar conversación. Por eso surgen los grandes experimentos y estrenos destinados a convertirse en nuevos referentes. Aquí entran los formatos que incorporan códigos digitales, redes, creadores y nuevas formas de consumo. La televisión ha empezado a asumir que, para llegar a una audiencia acostumbrada a YouTube, TikTok, Twitch o los podcast, no basta con subir a Internet los mismos programas que se emiten en la pantalla tradicional: hay que producir para la red.RTVE ha sido una de las cadenas que más ha experimentado en este terreno, a través de Playz y RTVE Play. Gen Playz, estrenado en 2020, ya planteaba debates sobre asuntos que preocupaban especialmente a los jóvenes y una distribución pensada también para las redes. En 2026, la apuesta se hizo más explícita con EN PLAY, un canal de streaming con más de ocho horas de programación diaria, que mezcla entretenimiento, contenidos de RNE, humor y formatos como El recreo, centrado en la actualidad viral, o La retaguardia, presentado por Inés Hernand. PublicidadAtresmedia ya había trasladado esa lógica a Atresplayer y, en 2025, estrenó Una vuelta más, el videopodcast presentado por Maya Pixelskaya. La privada fue pionera también en formatos verticales en el mismo año, cuando anunció su primera serie vertical: Una novia por Navidad. En 2026, RTVE quiso subirse al carro y anunció el estreno de Estúpido Cupido, su primer microdrama vertical: la propia corporación lo presentó como un formato pensado para adecuarse a los hábitos de consumo de la Generación Z.Mediaset ha seguido un camino parecido a través de Mediaset Infinity, pero más centrada en los derivados digitales de sus grandes realities: la plataforma ha incorporado contenidos concebidos específicamente para el consumo online, como avances y extensiones de La isla de las tentaciones o dating shows dirigidos expresamente a la Generación Z.La diferencia con la televisión de hace apenas una década es importante: antes Internet era el lugar donde se recuperaba un programa que ya había ocurrido en televisión, pero ahora empieza a ser también el lugar donde el programa se desarrolla. En otras palabras, la televisión ya no solo intenta llevar espectadores de Internet a la pantalla: también intenta llevar a la pantalla los hábitos de consumo que Internet ha creado.Divide y vencerásEl viejo principio de “divide y vencerás”, que también funciona en televisión porque, a medida que la sociedad se hace más plural, se multiplican las pantallas y crecen los estímulos, aquella televisión capaz de congregar a una mayoría frente a un mismo programa se aleja cada vez más de la realidad para convertirse, casi, en una quimera.La transformación se aprecia especialmente en las propias parrillas: La hora de La 1, Mañaneros 360, Espejo Público, Y ahora Sonsoles, TardeAR o Directo al grano responden a una televisión que ha dejado de competir únicamente por grandes acontecimientos para pelear también por un público concreto, en el día a día. El objetivo ya no es necesariamente crear un espacio que vea todo el país a la vez, sino construir formatos capaces de encontrar a su público, esté donde esté. Porque, aunque la televisión no ha desaparecido, sí que ha desaparecido la pantalla única, el consumo unitario y, progresivamente, las audiencias masivas. La pequeña pantalla ha dejado de ser un lugar al que todos acudimos “a la vez” para convertirse en una pieza de un ecosistema mucho más amplio: por eso es fin de la televisión tal y como la conocíamos, porque más que dejar de tener audiencia, hay que dejar de necesitarla toda.
Del 'qué ponen hoy' al 'tú dónde lo ves': el fin de la televisión que conocíamos
La televisión no desaparece, pero pierde su lugar central frente a unas audiencias cada vez más fragmentadas y una nueva forma de consumir contenidos







