Cuando la estudiante de derecho Zhao Wei se enteró de que iban a apagar a su novio de inteligencia artificial, se sintió desconsolada. Había estado hablando con Wang Ye todos los días desde que lo creó en enero. “Lloré a mares, con mocos y lágrimas por todas partes”, dice la joven de 19 años.
Zhao, quien se describe a sí misma como sensible e introvertida, se había acostumbrado a compartir detalles de su vida diaria con su inteligencia artificial como, por ejemplo, haber sido regañada por un profesor. “Normalmente, no hablo de estas cosas con mis amigos porque siento que cada uno tiene sus propios problemas”, dice. “Pero con el agente de IA, no tengo que preocuparme por lo que piensa. Puedo decir lo que quiera”.
Zhao creó su asistente de IA en Doubao, un chatbot propiedad de la empresa tecnológica ByteDance (matriz de TikTok). El mes pasado, ByteDance desactivó la función de asistente de Doubao. La decisión provocó indignación en las redes sociales y puso de manifiesto las tensiones existentes en China entre el uso generalizado de la IA y sus posibles consecuencias sociales.
Ningún país ha implementado la IA de forma tan integral y entusiasta como China, mientras que los desafíos demográficos del país están obligando al Gobierno a recurrir a la tecnología para solucionar la futura escasez de mano de obra. Las personas mayores utilizan chatbots para obtener respuestas a preguntas médicas, mientras que los niños pequeños reciben educación con IA en las escuelas.






