El pasado 19 de agosto, a la hora del aperitivo, los bañistas de Cala del Barco, una encantadora y concurrida calita semiurbana situada junto a La Manga Club, en Cartagena, asistieron atónitos a una escena que hasta hace poco habría resultado difícil de imaginar en una playa del litoral murciano. Antonia estaba allí: “Primero me asustó el ruido, pensé que eran motos [acuáticas] y me acerqué a la orilla para advertir a mis nietos que salieran del agua. Lo que menos me iba a imaginar es lo que apareció en la playa”. Una embarcación de grandes dimensiones, equipada con cuatro motores fueraborda, se aproximó a la orilla y decenas de personas comenzaron a saltar de ella. Los patrones, con el rostro cubierto, no esperaron a desembarcar a todos: dieron media vuelta y desaparecieron mar adentro.
Eran 62 personas: 45 hombres adultos, dos mujeres y 15 menores varones, presumiblemente todos de nacionalidad argelina. Algunos bañistas abandonaron la cala y otros, como Antonia, se quedaron y avisaron al 112. Los vídeos grabados por testigos y que se han viralizado en las redes sociales muestran el desconcierto provocado por una llegada que se produjo a plena luz del día.
No fue un episodio aislado. Tres días después, otra lancha rápida dejó a cerca de medio centenar de personas en Punta Negra, nuevamente en el término municipal de Cartagena. Igual que en el suceso de Cala del Barco, los bañistas contemplaron cómo los migrantes eran abandonados en tierra mientras la embarcación regresaba al mar. Algunos fueron encontrados después por la Guardia Civil deambulando por las zonas montañosas próximas.







