EntrevistaMaría Fernanda Suárez, presidenta del Banco Popular, habla de la necesidad de adaptar el sistema pensional colombiano a la realidad de un país envejecido. Foto: Juan Esteban Rosero. EL TIEMPO29.08.2026 22:30 Actualizado: 29.08.2026 22:30
El país termina el mes de Agosto teniendo que enfrentar a la vez los apremios coyunturales y los asuntos estructurales. En medio de las necesidades que han traído el terremoto y los incendios regionales, el mes ha cerrado con la conmemoración del día del adulto mayor, que pone sobre la mesa los retos de la aguda transición demográfica que estamos viviendo, y la realización de la Convención Bancaria, el mayor evento gremial de un sector llamado a jugar un papel central a la hora de encarar todos estos desafíos.María Fernanda Suárez ha tenido un amplio y variado tránsito por el sector público y privado, una experiencia que le permite ver con singular agudeza los retos que estamos encarando y la mejor manera de resolverlos. Además tiene dos condiciones clave para afinar aún más su juicio: es la presidenta del Banco Popular, la entidad financiera que ha hecho de la longevidad un derrotero estratégico, y pertenece a una generación de colombianos que está empezando a ver como algo natural el llegar a vivir cien años. LEA TAMBIÉN Primero el terremoto, después los incendios… Parecería que la agenda del Gobierno está cambiando a la fuerza. ¿Cómo ve desde el sector privado este entorno tan turbulento?Ha sido, sin duda, un arranque desafiante. Empezar el primer día hábil con un terremoto encima es algo muy fuerte. Creo que el Gobierno ha reaccionado de manera muy rápida y nosotros, desde el Grupo Aval y el Banco Popular, hemos buscado acompañar.Primero nos concentramos en la integridad de nuestros colaboradores y su situación personal y familiar. Después, en recuperar rápidamente la operación de la entidad que se vio afectada por los rigores de la catástrofe. Ahora estamos en una tercera fase: acompañar la recuperación y entender la situación financiera de nuestros clientes. Los bancos Bogotá, Occidente, Villas y Popular tendremos las mismas líneas de acción.Mauricio Reina, periodista. Foto:Fernando Ariza Romero / EL TIEMPO¿Qué medidas están tomando?En préstamos de vivienda vamos a tener una tasa del 8%, de acuerdo con lo propuesto por el Gobierno. Es prácticamente la mitad de la tasa comercial actual, para damnificados y viviendas que se adquieran en los próximos seis meses, hasta por 500 millones de pesos.Además, tendremos una línea especial, con periodos de gracia y tasas de interés especiales, para negocios o micronegocios con ingresos hasta de 1.000 millones de pesos. Para nuestros colaboradores, tendremos préstamos de vivienda con tasas con descuento y periodos de gracia, y un crédito de 50 millones de pesos de libre inversión para necesidades inmediatas. Además, el doctor Sarmiento Angulo, principal accionista del grupo, y su esposa hicieron una donación de 200 mil millones de pesos.Y una recomendación muy importante para todos los clientes del sector financiero: no dejen caer en mora sus créditos si tienen problemas de pago. Acérquense a su entidad financiera. Lo mejor es revisar la situación y hacer un plan de refinanciamiento y alivios. LEA TAMBIÉN Ahora que estamos cerrando el mes del adulto mayor, recordemos que hay un cambio demográfico brutal en Colombia y en el mundo que mucha gente soslaya. Deme tres buenas razones para que todos pensemos en estos cambios.Ese cambio es tan trascendental como la revolución digital, el calentamiento global o la transición energética. La transición demográfica nos va a cambiar completamente como sociedad.La primera razón es que nacen menos niños. En 2000, en Colombia la tasa de fecundidad era de 2,6 hijos por mujer. En 2025 fue de un hijo. Bogotá es una de las ciudades con menor tasa de fecundidad en el mundo, menor que Tokio y Nueva York, con 0,9 hijos. Recordemos que para que la población se reemplace se necesitan dos hijos por mujer.Segundo, vivimos más tiempo. En 2000 la expectativa de vida de los colombianos era de 68 años. Hoy, en 2025, es de 78 años: vivimos diez años más en promedio.Y tercero, seremos una sociedad distinta. Antes éramos una pirámide poblacional: muchos jóvenes en la base y muy pocos adultos mayores en el pico. Menos nacimientos y más longevidad están convirtiendo esa pirámide en una columna. Ese cambio va a transformar las políticas públicas, los negocios y la manera como interactuamos. Hoy uno de cada cuatro colombianos tiene más de 50 años. En 2050, uno de cada dos tendrá más de 50. LEA TAMBIÉN A los mayores no hay que convencerlos de la importancia de esta revolución. ¿Por qué esas cifras tendrían que interesarle a alguien menor de 40 años?Mi mensaje para los de 30 o 40 años es que no pueden ser espectadores. Somos protagonistas, porque no se trata de qué hacen las políticas públicas o los negocios, sino de qué vamos a hacer nosotros con nuestra vida, que va a ser tremendamente diferente de cómo fue la de nuestros papás o nuestros abuelos.Cuando reconfiguramos la estrategia del Banco Popular vimos que prácticamente todos los bancos estaban volcados a los jóvenes y a los adultos en su pico productivo. Vimos la transición demográfica y las oportunidades de la nueva longevidad, y decidimos ser el banco especializado en la segunda mitad de la vida.Hoy somos líderes en Colombia en productos y servicios para esa segunda mitad. Cuando lanzamos la estrategia, gente que ya tenía canas me preguntaba: “¿Y cómo va con sus viejitos?”. Yo les preguntaba la edad y respondían que tenían 50 o 60: Yo les decía: “usted es de los míos”. A los de 40 les preguntaba: “¿ya está pensando qué va a hacer a los 80?”. Me decían que no sabían. Me ha impresionado ver cómo la gente no piensa en eso.¿Cuál es la primera reflexión financiera ante una vida mucho más larga?Estamos mentalizados en que el espacio entre que terminamos nuestra vida productiva y morimos es muy corto, y eso hace rato dejó de ser cierto. Los hombres se pensionan a los 62, las mujeres a los 57, y en ese momento nos pueden quedar por delante 30 o 40 años de vida. El ingreso tiende a declinar y, como somos más longevos, tenemos más tiempo pero menos plata.Tenemos que empezar a ahorrar y hacer mejor planeación para tener la magia del interés compuesto: intereses sobre los intereses. La invitación es a todas las edades: disponga de 20.000, 50.000 o lo que esté dentro de su capacidad, y ahorre mensualmente. Eso le va a dar réditos en su futuro financiero.Banco Popular Foto:Banco PopularComo sociedad, ¿qué tendríamos que hacer frente al efecto de esa transición sobre las pensiones?Me parece inadmisible que en Colombia hayamos hecho una reforma pensional y que la transición demográfica no haya estado en el centro de la discusión. Estamos dando la discusión de manera incorrecta: tendríamos que aumentar la edad de pensión, pero no lo hacemos porque es políticamente incorrecto.Tenemos que afrontar la realidad. La Ley 100, que estableció las actuales edades de pensión, data de 1993, cuando vivíamos 12 años menos y no había esta caída tan brutal en los nacimientos. Las proyecciones suponían que seguían naciendo niños que iban a pagar esas pensiones. Además, en el esquema de la reforma pensional prácticamente no va a haber ahorro individual, sino un sistema en el que los jóvenes pagan las pensiones. Con este cambio demográfico no va a ser posible.La Corte devolvió a la Cámara nueve artículos de la reforma pensional. Foto:EL TIEMPO. Foto:EL TIEMPO.¿Además de esa dimensión colectiva, habría que pensar también qué significa para las personas pensionarse jóvenes?Uno dice: “Trabajé 40 años, es hora de que me den una pensión”. Sí, muy bien… pero si le quedan 30 años por delante, su ingreso con seguridad va a caer. Y esto para los privilegiados: solo uno de cada cuatro colombianos tiene pensión. El ingreso puede caer 30%, 40% y el gasto no cae.Lo segundo es la salud mental. Las personas que dejan su actividad en plena edad productiva tienen un golpe emocional muy fuerte. Hay un estudio de la universidad de Stanford que dice que cuando uno trabaja tiene más o menos 20 interacciones diarias, y cuando deja de trabajar apenas tiene dos. Eso genera una soledad brutal.Yo tengo 52 años y la ley dice que me pensiono a los 57, o sea que en teoría me quedan cinco años de edad vital. Eso no tiene sentido. Estamos pensionando a la gente muy rápido.Usted conoce las finanzas públicas. ¿Cuánto tiempo cree que aguanta Colombia sin subir la edad de pensión?Esto es una olla hirviendo a punto de explotar. Estamos destinando una cantidad de recursos públicos a pensiones, en vez de meter esa plata a todas las necesidades que tenemos en Colombia, y le estamos haciendo un daño a las personas. A juicio, no aguantamos más.Tenemos un déficit fiscal y un nivel de endeudamiento que tenemos que bajar. Además, el terremoto cuesta 30 o 40 billones de pesos y hay que dedicar plata a reconstruir las zonas afectadas. Aprovechemos estas situaciones críticas para dar debates importantes que están detrás de la bomba pensional y fiscal.Terremoto en Colombia: Pereira. Foto:Sergio Cárdenas / EL TIEMPO.Pasemos a la relación de las personas mayores con el sistema financiero. ¿Qué problemas encuentran esas personas en una evolución digital tan frenética?Todas las aplicaciones digitales están diseñadas por nativos digitales. Diseñan una experiencia que para ellos es intuitiva y para los mayores de 50 termina siendo excluyente.Por ejemplo, la gente mayor ve en una esquina de su pantalla tres rayitas y piensa que debe ser la señal del wifi. Usted se las muestra a alguien de 20 años y sabe inmediatamente que ahí hay un menú. Eso no es intuitivo para alguien que no es nativo digital.Nosotros en el banco hemos rediseñado la experiencia para que sea más intuitiva, fácil y simple, con cambios en el tamaño de la letra y el contraste de colores. No puedo decir que esté todo listo, pero vamos aprendiendo.¿Y qué han cambiado en las oficinas?Estamos rediseñando la experiencia, porque si uno se dedica a la segunda mitad de la vida ya no puede tener una fila prioritaria: todos son prioritarios. Estamos pasando de considerar a los clientes por la edad biológica a la edad vital.Usted puede tener 80 años, llegar caminando solo y quizá no necesita atención prioritaria; mientras alguien de 60 o 70 años que llega con oxígeno, en silla de ruedas o con alguna discapacidad tal vez necesita más atención. Estamos aprendiendo a priorizar con base en elementos de la edad vital y no solo de la edad biológica. LEA TAMBIÉN ¿Cómo se traduce esa visión en productos financieros?Una de las primeras cosas que hicimos fue cambiar las edades de las tarjetas de crédito. Antes no le dábamos una tarjeta a alguien de más de 70 años. Hoy en el Banco Popular no hay edad máxima para solicitarla, siempre que la persona tenga experiencia financiera.Somos líderes en libranza sobre pensión. Tenemos la Cuenta Plateada y la Cuenta Pensión, donde no cobramos cuota de manejo ni transferencias y pagamos un interés diario. También tenemos el CDT Millonario, que paga intereses mensuales. En esta segunda mitad de la vida las personas necesitan sobre todo rentas, más que ahorro a largo plazo.Para terminar, ¿cuánto cree que va a vivir usted?Yo creo que voy a vivir 100 años. Antes de entrar al Banco Popular estaba a punto de cumplir 50 y empecé a leer mucho sobre esto. Me pregunté: “He hecho un montón de cosas, ¿y ahora qué voy a hacer en los próximos 50?”. Eso me hizo ganar conciencia sobre cómo cultivar las tres dimensiones claves de la longevidad.La primera es la salud física. Yo no era buena para hacer ejercicio y ahora lo hago no por verme bonita, sino por estar saludable y fuerte. La segunda es la salud emocional: cultivar a los amigos, la familia y nuevos intereses. Y la tercera es la salud financiera.Lo más importante es que he aprendido que no se trata de tener muchos años, sino de la calidad de vida que uno tiene en el tiempo que tiene por vivir. LEA TAMBIÉN MAURICIO REINAEspecial para EL TIEMPO Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.













