Durante años, una pregunta acompañó a Pablo Marti Krenz mientras buceaba en la vida de Ricardo Barreda: ¿Realmente le decían “Conchita” en su casa? El odontólogo había convertido aquel apodo en una pieza importante del relato sobre las humillaciones que decía padecer de parte de su familia. Sin embargo, cuando su biógrafo comenzó a buscar a alguien que lo hubiera escuchado antes del cuádruple femicidio, prácticamente nadie pudo confirmarlo. La respuesta apareció mucho tiempo después y de manera inesperada. Primero, una amiga de la familia recordó haber escuchado a Elena Arreche, la suegra de Barreda, pronunciar aquel sobrenombre, que además fue el título del primer libro del caso que escribió el periodista Rodolfo Palacios. Pero Marti Krenz no se quedó con eso y encontró una pista clave mientras reconstruía la historia de Oscar, “el Japonés”, novio de Cecilia Barreda, hija y víctima del múltiple asesino. El testimonio de un antiguo compañero de colegio permitió llegar a un origen muy diferente del que había quedado instalado alrededor del caso. Según esa reconstrucción, “Conchita” no habría surgido como una forma de humillar al odontólogo. Su origen estaría relacionado con una vieja broma entre amigos de Oscar, quien después habría comenzado a utilizar el sobrenombre cuando veía a Barreda arreglado y perfumado antes de salir de su casa. La referencia, de acuerdo con el testimonio recogido por el biógrafo, apuntaba a sus encuentros con otras mujeres.