El domingo 15 de noviembre de 1992 no fue un día común. En la ciudad de La Plata el odontólogo Ricardo Albero Barreda mató con una escopeta a su mujer, su suegra y sus dos hijas. El juicio se realizó en 1995 y dividió aguas en la opinión pública. Desde el 28 de agosto está disponible en la plataforma Prime Video la producción original Barreda dirigida por Daniela Goggi y los guionistas fueron Josefina Licitra, Donna Tefa, Juan Cavoti y Tamara Talenik. Hubo antes de la filmación una investigación ya que tuvieron acceso a los documentos del juicio, por lo cual hay muchos datos que sorprenderán al espectador. En la piel de asesino se puso Luis Machín, Carla Peterson, encarna a su esposa, Mercedes Morán a su suegra, y sus dos hijas son Maite Lanata y Margarita Páez, mientras que el abogado defensor está interpretado por Marcelo Subiotto. Cada uno de ellos cuenta cómo se acercó a la historia, qué recordaba y que significa hoy hablar de estos crímenes. EL ODONTÓLOGO. Ya había asumido en la ficción personajes reales y polémicos como Hitler y hoy Luis Machín asegura: “Me acerco desde muchos lugares, primero con la conciencia de que no hay un parecido físico, que a veces la gente necesita. Me detuve en su forma de hablar, en la pasividad con la que él ejecuta sus ideas. Esa especie de sorda pasividad, de tranquilidad no fingida, creo que él estaba tranquilo porque creía en lo que había hecho. Me parece que buscó toda su vida ser alguien y lo logró matando a toda su familia. Quería ser director o técnico de fútbol, buscada el ser reconocido, por su nivel de narcisismo. Lo ví como un hombre totalmente vacío, carente de afecto e imposibilitado. Fue alguien que no se emocionaba, sólo con Chaplin y escuchando las cuatro estaciones de Vivaldi. Por eso hay que tener cuidado con el vacío de la gente. Eso lo fue convirtiendo en algo muy peligroso, lacerante, dañino y en un criminal”. Sigue: “No hubo ningún arrebato pasional, todo estaba planificado al dedillo, sabía lo que iba a hacer. Había tomado un curso de criminología y de tiro. Para mí como actor es fascinante meterme en esa cabeza. Hay algo muy argentino, es una especie de compadrito sin talento. Vacío y asesino sobre todas las cosas. No hay otro caso así en la Argentina por suerte y uno aspira a que la película haga su trabajo para que esto no vuelva a ocurrir, sobre todo cuando el número de femicidios no se reduce. Él tenía en su forma de hablar una especie de tartamudeo para mí fingido, quería hacerse el interesante en cada una de sus exposiciones, con un saber enciclopédico, muy básico. Era una persona muy menor, poco atractivo a la vista”.