EntrevistaEl presidente de Asobancaria le contó su historia a la revista BOCAS, desde su infancia en La Guajira hasta su papel durante la pandemia del covid-19.Jonathan Malagón. Foto: Pablo Salgado / Revista BOCAS29.08.2026 22:01 Actualizado: 29.08.2026 22:01

Jonathan Malagón, el presidente de Asobancaria, tiene 42 años, se graduó con honores de la Universidad Nacional, en el 2006 ganó el Premio Portafolio a mejor estudiante y fue ministro de Vivienda en medio de la tragedia del covid-19. Ha construido una carrera en la investigación económica, la academia, el sector público y el financiero. Fue el ministro más joven del gobierno del expresidente Iván Duque y ahora es el presidente más joven en la historia de Asobancaria. Entre su rigor tecnócrata y la sensibilidad de un padre que inventa fábulas para dormir a sus hijos, hoy lidera el gremio bancario frente al reto de ayudar al país a sobrellevar una crisis por un terremoto que nadie podía predecir. Después de salir de la oficina del entonces presidente de la República Iván Duque, Jonathan Malagón se dio el permiso de llorar por 15 minutos. Transcurría la madrugada en la Casa de Nariño en Bogotá y recién había terminado un consejo de ministros urgente, citado por el primer mandatario. Fue una discusión tensa sobre una medida sin precedentes: a partir del 25 de marzo del 2020, Colombia entraría en un estricto confinamiento. Fue el inicio de un momento incierto. Y él —como ministro de Vivienda, Ciudad y Territorio— era parte de una ecuación que comprometía a todos: el covid-19.Jonathan Malagón está en la nueva portada de BOCAS. Foto:Pablo Salgado / Revista BOCAS¿Cómo conseguir que la gente pagara los arriendos si prácticamente nadie iba a poder trabajar fuera de sus casas? ¿Cómo evitar que la construcción se desplomara si nadie iba a poder salir a comprar finca raíz? ¿Cómo garantizarían el agua para que la gente se lavara las manos? Las preguntas corrían a toda velocidad por su cabeza. Y se vino abajo. “Lloré, lloré y lloré por los miles de personas que se podían morir. Por la gente que trabajaba conmigo, porque nos moveríamos en las regiones y porque me daba miedo la amenaza del covid. Pero, en algún momento, pensé que morir por servirle al país en la pandemia también valía la pena”, dice Malagón con un cambio de entonación en que le da énfasis a cada palabra; como para que no queden dudas. Recuerda que se secó las lágrimas y se prometió que no volvería a ceder ni un solo segundo ante la angustia. Al lado de su equipo puso toda su energía en promover políticas para prevenir desalojos masivos, garantizar el acceso a agua potable y otorgar subsidios de emergencia a poblaciones vulnerables. Ese trabajo le valió a la cartera de Vivienda el Pergamino de Honor de ONU-Hábitat del año 2020, uno de los más prestigiosos del mundo en urbanización sostenible. Jonathan Malagón Foto:Pablo Salgado / Revista BOCASSeis años después, el país vuelve a estar en emergencia, y Jonathan —en esta ocasión como presidente de Asobancaria— otra vez lidera una estrategia determinante para que el país se levante después del terremoto del pasado 10 de agosto. En el sótano de un edificio, en un estudio de fotografía, no para de hablar del tema y no puede dejar de señalar la solidaridad del país. Justo al lado, en el mismo sótano, hay un centro de acopio improvisado de donaciones para los damnificados, creado por un grupo de estudiantes universitarios. “Los colombianos nos crecemos ante las dificultades”, dice. Malagón conoce el esfuerzo desde niño y sabe lo que es crecer en medio de las dificultades. Nació en Riohacha, La Guajira, y sus padres, Aylen y Gabriel, se mudaron a Valledupar, Cesar, en busca de un mejor futuro. Los negocios no funcionaron y no tuvieron otra alternativa que comenzar de cero. La lucha de sus papás era sostener a la familia, y la de él fue convertirse en un estudiante a la altura de ese esfuerzo. El resultado fue una serie de triunfos académicos: mejor examen de admisión de la Universidad Nacional, y mejor prueba ECAES (hoy llamadas Saber Pro) en la carrera de Economía, además de una beca de excelencia del BID y la CAF para su maestría en la Universidad de los Andes. En la entrevista que le hizo el diario Portafolio en el 2006, cuando lo premió como mejor estudiante, aparece un Jonathan soñador que se proyectaba como decano de Economía o ministro. Terminó tanto en la academia como en el gobierno. Primero, combinó la cátedra en varias universidades del país con los estudios económicos en el centro de pensamiento ANIF, Telefónica y Fedesarrollo. Luego se perfiló en el sector público como gerente del programa Compartel del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Colombia (MINTIC), pero volvió al ámbito privado como vicepresidente técnico de Asobancaria. Fue el ministro más joven del gobierno Duque en encarar el covid-19, y no deja de agradecer ese acto de fe del expresidente, que supo que él estaba listo, a los 33 años, para asumir una responsabilidad de ese tamaño. LEA TAMBIÉN Malagón nunca se alejó de la academia: fue profesor visitante de la Universidad de Harvard y a mediados de año se estrenó como profesor de la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Columbia. Sus diplomas más recientes son un segundo pregrado en Administración de Empresas de la Universidad de Londres; maestrías en Administración Pública en Columbia, en Finanzas Corporativas en la Universidad de Barcelona, y en Banca y Mercados Financieros en la Universidad Carlos III de Madrid; y un doctorado en Economía en la Universidad de Tilburg. Los enumera sin alarde. Abre los ojos, enmarcados por unas cejas negras espesas, para aseverar que con los años —igual— se volvió enemigo de la sobreespecialización, porque ningún título reemplaza el criterio para tomar decisiones que solo se gana con la experiencia, pero eso no significa que haya dejado de estudiar. Ahora prefiere el arte contemporáneo o la teología: otros lentes para comprender el mundo; también le gustaría tomar cursos de escritura creativa, porque quiere publicar un libro de fábulas basado en las historias que les inventa a sus hijos, de dos y cuatro años, para dormirlos cada noche. Jonathan —contrario a la imagen del banquero de tirantas y corbata— lleva un traje de lino a rayas azul marino y unos impecables tenis blancos sin medias. Han pasado varios días desde el terremoto y sabe que el cronómetro está corriendo. Su paso por el Ministerio le dejó el sentido de urgencia para actuar rápido ante los desastres naturales, como cuando el huracán Iota arrasó con las viviendas de la isla de Providencia. De hecho, bajo su liderazgo, el gremio acaba de anunciar alivios financieros para los damnificados del sismo —como la refinanciación de créditos sin afectar el historial crediticio—. Con el agradecimiento del presidente de la República, Abelardo de la Espriella, por estas medidas en medio de la crisis, el nombre de Jonathan Malagón no ha parado de sonar en las noticias. Y esto solo significa que el país lo sigue mirando.Jonathan Malagón. Foto:Pablo Salgado / Revista BOCAS¿En qué consisten exactamente las acciones propuestas por Asobancaria para que el país le haga frente al terremoto?El miércoles 12 de agosto dimos a conocer un plan de medidas como la concesión de periodos de gracia y la refinanciación de créditos. La idea es que esto se pueda lograr sin afectar el historial financiero de los clientes. Estas medidas podrían aliviar las obligaciones financieras de familias y empresas, e implican un costo de $1,1 billones. Los alivios concretos y los canales para solicitarlos serán definidos e informados por cada entidad bancaria. Finalmente, algunas entidades financieras dispondrán de tasas de interés preferenciales para los hogares que perdieron su vivienda.¿Y qué han pensado en cuanto a atención al cliente en las zonas damnificadas?Estamos comprometidos con mantener la atención al cliente activa, lo cual no es para nada fácil. Por ejemplo, en Pereira hay aproximadamente 75 oficinas y una gran parte de ellas estaban cerradas. A los pocos días del desastre queríamos abrir 15 sedes, varias de las cuales se encuentran en centros comerciales, pero el protocolo de gestión de riesgo aún no lo permitía. Llevamos sucursales móviles y buscamos que más cajeros estuvieran operando. Pero la otra cosa es que, si la gente quería sacar efectivo, el cajero debía disponer de él. Había todo un trabajo detrás con las transportadoras de valores, así como con la coordinación y optimización de las rutas de envío de la plata. En esos días la conectividad se estaba recuperando, para que a través de los portales y aplicaciones de los bancos la gente también pudiera mover dinero. Por último, se dispusieron equipos para atender a los damnificados de la emergencia. En resumen, los canales digitales y telefónicos han estado disponibles 24/7, la distribución de efectivo se normalizó a un par de días de la emergencia, y a una semana del terremoto, el 60 por ciento de los puntos de atención física que se habían cerrado ya estaban atendiendo al público. LEA TAMBIÉN El desastre coincidió con la entrada de un nuevo gobierno, ¿cuál considera que es la regulación más importante que debería priorizarse?Creo que el proyecto de la ‘patria milagro’ puede venir acompañado de la derrota o el debilitamiento del gota a gota. En la conversación nacional, este tema debe estar al nivel de problemas como, por ejemplo, los cultivos ilícitos. Y es que yo sé lo que es vivir bajo el gota a gota: mi mamá sacaba créditos diarios informales para poder pagarme el colegio. Si bien Colombia ha logrado la universalización en el acceso a los servicios financieros, debemos enfocarnos en hacer crecer el crédito formal que permita vencer el gota a gota. De lo peor que podemos encontrar en nuestra sociedad en términos de delincuencia está asociado con este flagelo, porque es un mecanismo de lavado, financiación del terrorismo y financiación de la proliferación de armas de destrucción masiva. ¿Cómo fue vivir la niñez en Valledupar con las dificultades económicas que recuerda?Fue un tema de insolvencia: mi familia atravesó una situación que les pasa a muchos hogares colombianos: vivir una época de vacas flacas. Creo que cuando tenía ocho años, mis papás tuvieron que volver empezar, por eso mis recuerdos no son con una prosperidad trepidante. Yo veía a mis papás hacer de todo para sacarnos adelante, lo cual me generaba una enorme admiración. Yo trabajo intensamente a partir de esa ética del trabajo que me enseñaron mis papás. Si nosotros no hubiéramos tenido un tropiezo económico, mi vida no hubiese sido la misma. Lejos de separarnos, estas situaciones nos unieron como familia.Jonathan Malagón Foto:Pablo Salgado / Revista BOCAS¿Desde una edad temprana reconoció su propósito en la vida? Recuerdo mucho una entrevista que vi en la televisión al entonces presidente de la República César Gaviria. Tenía por ahí seis o siete años. Busqué a mis papás y les pregunté: ¿cómo ese señor tiene la capacidad de trabajar en tantas cosas? Me acuerdo que mi papá me dijo que es como la Selección Colombia de fútbol y se elige al equipo que va a trabajar en un gobierno, el cual ayuda al resto del país. Yo quería estar en esa selección y por ahí empezó todo. Siempre fue un alumno aplicado y a veces en los colegios los niños molestan al más estudioso… Eso está muy caricaturizado en las películas americanas. Juicioso es el de gafas y el que no tiene novia, pero yo creo que es un estereotipo absolutamente superado. En mi caso, no se dio de esa manera. En mi casa desfilaba todo mi curso, pues todos los días se mantenía llena con mis amigos del colegio con quienes hacíamos las tareas y nos divertíamos mucho. Es que los rasgos de la personalidad no necesariamente definen la interacción con la gente. ¿Cómo fue crecer con dos hermanos mayores que también se lucían en los estudios?Mis papás nos dieron la confianza de que se podían alcanzar metas extraordinarias gracias al esfuerzo. No es fácil tener esa fe cuando se está en provincia, porque las oportunidades son para pocos. Ahora mi hermana mayor es oftalmóloga pediatra que trabaja por la atención y prevención en niños recién nacidos, y mi hermano es matemático graduado en Harvard con doctorado y ahora vive en los Países Bajos. Con él nos llevamos apenas dos años, entonces de chiquito era la persona a la que yo más admiraba en el mundo. Jugábamos fútbol y videojuegos de Nintendo y cuando me veía resolviendo ejercicios de matemáticas, me mostraba alternativas para llegar a una respuesta. Creo que así fue que me salté segundo de primaria. Yo me aburría con los libros de mi curso y mi hermano dejaba sobre la mesa unos que me parecían interesantísimos.¿Se acuerda de algún libro que su hermano le haya compartido? La vorágine es mi libro favorito. De niño, si me preguntaban de qué se trataba, decía que era una historia de aventuras. “Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia”, así comienza este clásico de la literatura colombiana escrito por José Eustasio Rivera. Se trata de una lucha para superar una serie de obstáculos, a veces por el reconocimiento y otras veces por el amor. Muchos años después, cuando lideré proyectos de vivienda en los Llanos Orientales como ministro, recorrí muchos lugares de La vorágine y me conmoví. Hace algún tiempo lo releí y me di cuenta de que siendo niño no me percaté de que era un libro de denuncia. Para la insolvencia que afecta a los hogares colombianos existe una ley creada para aquellos que tuvieron un quebranto económico…La insolvencia hace parte de la incertidumbre en la vida misma. De ahí que sea completamente válido que en algún momento alguien no pueda pagar sus deudas y necesite acogerse a esta figura para salir adelante. Pero hay un dicho que dice que ‘hecha la ley, hecha la trampa’: tras la normatividad se creó un cartel de delincuentes que inventan deudas de papel para aparentar insolvencia y evitar cumplir con obligaciones financieras. Llegué a ver publicidad de empresas fachada que le prometían un viaje a la gente pagándole al banco una cifra increíblemente baja. El “paquete” incluía el trámite con los centros de conciliación a cargo de aceptar las solicitudes relacionadas con esta figura y deudas ficticias. Lo más peligroso es el ciudadano que cae por incauto, ignorando que no solo se está jugando su acceso al sistema financiero, sino su carta de presentación ante el resto de la economía. Una posible forma de abordar este cartel es lograr la idoneidad de estos centros de conciliación.Usted ha tenido tanto el sombrero de académico como el de líder político y gremial. ¿Cómo hace para pasar de un sombrero a otro? En las etapas tempranas de mi carrera, en ocasiones me enfrenté con el dilema de escoger entre el sombrero de académico o el de líder en las esferas política o gremial. Pero tomé la decisión de vestirme con ambos: mis clases se nutren del debate constante con estudiantes sobre los retos reales que vivo en el día a día en mi ejercicio profesional, mientras también mis pesquisas académicas me arman de argumentos técnicos para incidir en la agenda pública. De hecho, el libro De la equidad al crecimiento, escrito con Andrés Narváez y con José Antonio Ocampo, se convirtió en una herramienta clave para buscar convencer al pasado gobierno de que un país a favor de la equidad social no va en contravía del crecimiento económico, y que una nación que persigue la prosperidad es posible sin profundizar las brechas sociales.¿Cómo fue escribir con José Antonio Ocampo?Él ha tenido una gran influencia en mi carrera. Desde que fue mi profesor en la Universidad de Columbia hemos escrito varios libros. A pesar de que ambos hemos sido coautores de varios libros a lo largo de mi carrera, él siempre te habla como un profesor, y creo que eso es muy gratificante. A mí me gusta muchísimo aprender y enseñar, entonces, cuando se está con una persona como él escribiendo, siempre, en cada página, te está corrigiendo una palabra, te está dando un consejo de cómo escribirlo, y sobre las ideas fundamentales, siempre hay debates muy enriquecedores. Yo también procuro asumir este rol con las personas con las que trabajo. El rol de profesor nunca lo ha abandonado, ¿cuál es la clave para que una clase sea buena? Lo primero en lo que pienso a la hora de dictar una clase son los ejemplos. Cuando se está hablando de algo con un alto contenido teórico, como puede ser la macroeconomía, se corre el riesgo de quedarse en elucubraciones. En otras palabras, se puede parecer un gran técnico, pero la gente se queda con que uno habla con unas palabras rarísimas. Es cierto: hay que conocer los modelos económicos, el léxico de la profesión, pero hay que poner ejemplos aterrizados en la vida real. Lo segundo es que en mis clases se habla muchísimo y la mitad del tiempo quienes dicen algo son los estudiantes, porque les pregunto y hago de abogado del diablo. Y lo tercero es que me gusta mucho jugar con las entonaciones: no puedo hablar de cómo el Estado puede cambiar la vida de los ciudadanos sin mover las manos y subir el volumen de la voz. Un ejemplo para explicar un término económico… Voy a referirme a la inflación. Se tiene la intuición de que la inflación es mala porque las cosas se hacen más caras. Si yo explico la inflación, aclaro que el problema no es solamente que suban los precios, sino que detrás de eso hay dos líos tremendamente complejos en la vida cotidiana. El primero, es que se trata de un impuesto ilegítimo, porque nadie se lo preguntó, es decir, no se discutió desde el punto de vista político. El segundo, es que la inflación le pega al 100 por ciento a los pobres, porque los ricos consumen bienes que eventualmente pueden dejar de consumir o pueden importarlos, especialmente bienes de lujo y los que no son necesarios, y entonces así pueden evadir la inflación. Pero a personas pobres, sobre todo quienes destinan la mayoría de sus ingresos a comprar comida, si se suben los precios, eso significa que las raciones de comida serán más pequeñas. De ahí que tengamos que combatir la inflación, pues hace que este país sea mucho más desigual. Volviendo a su cargo actual, ¿en qué consiste ser presidente de un gremio como Asobancaria? Mis días en Asobancaria son muy movidos. Nunca un día se parece al anterior, lo cual es absolutamente fascinante. Ayer me levanté a las cinco de la mañana, troté en la caminadora y la bicicleta estática, para luego levantar un poco de peso. Procuro que mis hijos se levanten con un abrazo. Después me fui a la oficina y tuvimos una junta directiva de tres horas. Aparte de eso, recibí las llamadas de siete presidentes de banco y nos reunimos ayer con cuatro congresistas, tres concejales y dos fundaciones del sector privado y 10 periodistas de una casa editorial para conversar. Y me parece divertido por la posibilidad de hablar con más gente, con los ciudadanos en general. En el marco del relevo generacional, he estado enfocado en la comunicación, por ende, me tomo muy en serio TikTok e Instagram. Con el equipo que me acompaña hemos logrado que sea uno de los creadores de contenidos más influyentes de Colombia en LinkedIn. ¿A qué se refiere con el relevo generacional?Basta con leer los periódicos para ver lo que está ocurriendo. A diferencia de hace cinco o 10 años, hoy la inmensa mayoría de los líderes del país tiene entre 30 y los 50 años —ya sea de organizaciones filantrópicas, empresas del sector privado o entidades públicas—. El sector financiero no es ajeno: en los últimos tres años hay ocho nuevos presidentes de bancos, entonces se trata de un relevo generacional superintenso. Yo creo que este proceso es bueno per se, para que lleguen nuevas figuras, con nuevas ideas, pero creo que tiene un reto muy importante, que a mí me preocupa mucho. Hemos abrazado como generación este relevo, porque consideramos que es nuestro momento. Sin embargo, es necesario garantizar que no se pierda la experiencia de gerencia de quienes empezaron antes. Después de tres años en el gremio, entregó al actual gobierno una agenda financiera y bancaria… Llevo más de tres años y medio en Asobancaria, fui vicepresidente técnico por un período largo. He tenido dos temporadas, durante las cuales he tenido la fortuna de contratar a una gran parte del equipo, a quienes conozco y los he acompañado en momentos especiales como sus grados. Respecto a la agenda financiera y bancaria, buscamos rebancarizar a la gente y pelear contra el gota a gota. Otra prioridad se refiere a las personas que no tienen historial crediticio, es decir, de quienes el sistema financiero no sabe nada. Hay un proyecto que se llama Open Data, que permitiría compartir la información de los hábitos de pago de la persona en las empresas de telecomunicaciones. El pago de impuestos, las relaciones financieras con el sector público y privado se podrían tener en cuenta. De este modo, si el ciudadano lo quiere, puede habilitar que los bancos conozcan cuál es su perfil transaccional, con el fin de ofrecerle instrumentos de crédito, entre otros objetivos. A propósito de la digitalización, ¿cómo ve el sistema de pagos interoperables Bre-B en Colombia frente al de PIX en Brasil?Hoy tenemos más de 100 millones de llaves activas vía Bre-B y en promedio hay tres por cada persona. Para ser una etapa temprana, el volumen transaccional está creciendo a ritmos impresionantes. Me pareció maravilloso que la iglesia a donde voy todos los domingos ahora recibe Bre-B. Es cierto que su proceso de adopción podría ser más rápido; sin embargo, el Banco de la República ha sido muy cuidadoso en aprender de la experiencia brasileña para corregir algunos errores que pasaron allá. Por ejemplo, en este país el fraude vía celulares se incrementó en cerca del 70 por ciento. Con tantas actividades al día y tantos proyectos por lograr, ¿cuántas horas duerme? He mejorado muchísimo, porque durante varios años, incluyendo mi tiempo en el servicio público, dormía tres o cuatro horas al día. Fueron varios años en que la decisión era estudiar, trabajar, estudiar, trabajar y estudiar. Pero pasó algo que cambió mi vida: mi esposa quedó embarazada de mi primer hijo. Habíamos buscado mucho tener un bebé. En ese momento tomé la decisión de hacer ejercicio, porque yo tenía sobrepeso, comer en los horarios correctos y dormir ocho horas diarias. No siempre lo cumplo, pero por lo menos ya son siete o seis. Me enfoqué en que mi nuevo estilo de vida fuese compatible con un buen desempeño laboral. ¿Y qué pasó? Me ha ido muy bien en el trabajo. Ahora reconozco que uno puede lograr el 95 % del 100 % de las tareas en el trabajo. Para las personas que son adictas al trabajo, lo que me pasó a mí es un mensaje de que es cuestión de organizarse mejor.Jonathan Malagón Foto:Pablo Salgado / Revista BOCASEntre la lista de reconocimientos que ha recibido recientemente se encuentran los títulos de joven líder global del Foro Económico Mundial, líder gremial del año otorgado por el diario La República en dos ocasiones consecutivas, entre otros. ¿Cuál de estos galardones es el más significativo?La Cruz de Boyacá, que tengo enmarcada en mi casa. Es que se trata de la máxima distinción que se le puede dar a un colombiano y fue por mi servicio público. Entonces, representa los miles de viviendas y millones de subsidios que entregamos, lo que significa que más personas pudieron acceder a agua potable en sus hogares por primera vez. A través de la cruz, veo el poder transformador de la administración pública para mejorar la vida de la gente. Trato de explicarles a mis hijos su importancia, pero todavía no lo entienden. Cada vez que los niños pasan por ahí dicen: “¡ese es el cuadro favorito de mi papá!”. A primera vista, usted da la impresión de no ser un banquero tradicional, sino fuera de serie. No solo por la pinta con tenis y sin corbata, sino también porque es un líder en Colombia que asume posiciones certeras, sin puntos tibios…Sí, soy una persona muy activa, pero también me considero muy fresco, por eso tengo una manera de vestir poco convencional respecto a los líderes gremiales. Pero si me toca ponerme corbata, me la pongo, sin problema, de manera que se vea mi respeto con las instituciones. En vez de fuera de serie, me gusta pensar más en que soy igual que el resto de los colombianos y que todos nosotros podemos alcanzar cosas extraordinarias. Y quisiera que ese fuese el legado para mis hijos: el aprendizaje de que se puede soñar en grande. MARÍA XIMENA PLAZAREVISTA BOCAS LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.