Alfredo Di Stéfano fue un gran creador de frases célebres. En su época de entrenador en el Valencia, una de ellas fue para el arquero de su equipo: “No te pido que atajes las que van adentro pero, por lo menos, no metas las que vayan afuera”. Algo parecido le pasa al gobierno de Córdoba y algunos hasta dudan que no sea a propósito.
Esta semana fue un descontrol o, por lo menos, una gran descoordinación. El escándalo que sacude a la Unicameral tiene múltiples ramificaciones. Los legisladores oficialistas no entienden a quién están protegiendo al defender la licencia de Ramón “Cañito” Flores, en lugar de la expulsión.
Flores no es un hombre del riñón del gobernador Martín Llaryora ni de alguien que ocupe algún lugar de peso en la estructura provincial. Hasta la misma Alejandra Vigo le soltó la mano y quedaron todos en offside: “La política tiene que tener una reacción, el legislador (Flores) por lo pronto debería renunciar”, expresó la senadora en Cadena 3. “Y entonces, qué estamos haciendo”, se escuchó detrás de la puerta de una de las oficinas más importantes en la sede de Emilio Olmos 580.
Nada es nuevo pero nadie reacciona. Ni Luis Juez, ni Gabriel Bornoroni ni Rodrigo de Loredo cuestionaron lo que pasa en la Unicameral. Sus jefes de bloque les pidieron prudencia, no vaya a ser que pase algo parecido con sus asesores, o como los bautizó la vicegobernadora: “Asistentes”.






