Retratos Contempor�neosLa nueva reina de Noruega acumula una biograf�a civil bien surtida de pasotes, enredos, ex novio trafica, hijo preso y mensajes 't�rtolos' con el pederasta Jeffrey Epstein. Otra manera de ser monarca. Las casas reales viven un dif�cil acoplamiento a un mundo que observa con lejan�a esa otra 'realidad'Getty ImagesActualizado Domingo,

agosto

00:44Acaba el verano, muere uno de esos reyes de toda la vida y el hijo que va a sucederle est� casado con una mujer que puso patas arriba la monarqu�a en Noruega. La rechazada se llama Mette-Marit Tjessem H�iby. Naci� en 1973. Est� trasplantada de pulm�n. Maneja una biograf�a con rincones dif�ciles y acumula una alta densidad de rechazo popular desde que entr� en la biograf�a del entonces pr�ncipe. El problema de las casas reales es que est�n a a�os luz de la gente, pero disfrutan y padecen de los mismos enredos, vicios, deslealtades, man�as, secretos, atropellos y fantasmas. La de Noruega, como todas, est� cruzada de momentos dificil�simos y cuernos en todas direcciones y toneladas de excesos del pasado que siempre arrollan cuando se instalan en el presente. Imagino que muchos noruegos no son mon�rquicos, pero tampocon le ponen reparos a esta familia porque de alg�n modo, con Mette-Marit, fusiona los poderes de palacio con los poderes de la calle y simb�licamente todo queda igualado por la base.Las monarqu�as europeas sirven, mayormente, para recordarnos un largo ayer al que nadie quiere volver. Observarlas es la manera de saber que hacia atr�s siempre se camina peor. Son un s�mbolo humano que cuando te cae cerca ah� est� y si no lo tienes en tu jurisdicci�n sirve de exotismo lejano, como un cuerpo extra�o que contin�a en el tiempo sin saber muy bien c�mo, ni para qu�. Las monarqu�as son m�s fr�giles cuando mejor modernidad almacena un pa�s. Y peores a�n cuando las generaciones nuevas pasan por delante de palacio sin darse cuenta, sin mirar, porque lo que ocurre dentro les recuerda vagamente a la abuela con amigas comentando el �Hola!El caso de Mette-Marit es estupendo para animar a una realeza cansada de sus propias perdiciones. Parece que los monarcas noruegos no han producido tanto metraje de enredo como Juan Carlos de Borb�n, los de Dinamarca, los brit�nicos o los de B�lgica. Y que el rey Harald se enfrent� a su padre para casarse con una costurera con la que mantuvo un noviazgo secreto de nueve a�os. 55 a�os han estado juntos. Este regaliz aliment� muchos metros de revista. Los ciudadanos que gustan de estas cosas quedaron satisfechos, la monarqu�a continu� como siguen las cosas que no tienen mucho sentido y los hijos dieron los problemas justos y necesarios para perpetuar en los hogares el falso rumor del esfuerzo que exige educar cuando uno es rey. Entonces lleg� el pr�ncipe heredero y trajo a Mette-Marit con un curr�culo perfecto para reventar del todo la pompa y circunstancia del escudo: hija de padres divorciados (un periodista y una empleada de banca), con varios hermanastros, divorciada ella tambi�n de un trafica que trapicheaba con coca�na y con quien tuvo un hijo (Marius Borg). El trafica entr� a la c�rcel cuando ella estaba embarazada. Y despu�s la relaci�n epistolar que mantuvo con Jeffrey Epstein, el pederasta, a quien confes� el tedio de ser princesa y le escribi� cartas de algod�n de az�car en un zureo de palomos en celo: "Me hizo sentir la mujer m�s hermosa del mundo", escribi�. Estos asuntos de salto de cama sentaron fatal en Noruega, donde la gente debe aburrirse en los largos inviernos.La responsabilidad y vocaci�n de servicio que prometen ejercer quienes ingresan en una casa real fastidiaban a Mette-Marit, suponemos. Pero cada cual (hombre o mujer) acaba realiz�ndose, mal o bien, seg�n su destino m�gico. En Espa�a tenemos ejemplos notables: Jaime de Marichalar e I�aki Urdangar�n. Ambos tarifaron trasquilados de la maquinaria real hisp�nica. As� que Mette-Marit, que ahora ser� reina, no es una excepci�n pero es una resistente. Cuando repasas un linaje y otro con atenci�n entiendes que todo esto es un show. Dec�amos que Mette-Marit tra�a una vida bien apurada y eso no gusta en los rigores del machismo real. Para darle m�s manteca al asunto, el hijo con el trafica tambi�n sali� rana y ahora cumple condena de arresto domiciliario por dos casos de violaci�n y maltrato. Otro espect�culo, en este caso siniestro. Pero las monarqu�as, en asuntos de enredo, lo soportan todo. Lo �nico que puede hacerlas tambalearse es la p�rdida de inter�s del respetable, por eso hay que alimentar el dispensador de alm�bar de cuando en cuando. O aceptar que cualquier esc�ndalo puede ser una oportunidad si alguien sabe manejarlo. En pol�tica sucede algo parecido: duran m�s las democracias sentimentales que las demag�gicas.Mette-Marit replantea a nivel de palacio alguno de los conflictos dom�sticos que se viven en tantas casas de divorciados o divorciadas que empiezan nueva relaci�n con el ba�l cargado de herencias de la vida de ayer: hijos con el otro o la otra, ex insoportables, hipotecas por ultimar, incordios de variado pelaje. Mette-Marit, seg�n las cartas cruzadas con el difunto Epstein, parece que se ha asegurado la tristeza para toda la vida. El lema de las monarqu�as asentadas es solamente la palabra "paciencia". Y eso acaba con cualquiera. A esta mujer la aprecia un tercio de su pa�s, el otro tercio pasa de esos rollos y el tercio que queda la zarandea cuanto puede. Suele ser el sector m�s recalcitrante: el de la pureza de sangre, el de los oficios cortesanos, el del �nfasis tradicional. Nadie explic� a Mette-Marit que, m�s all� de los privilegios adquiridos, ponerse en reina consorte (y vivida) es (en general) pasar a a ser una funcionaria de palacio siempre a la espera de destino. Y eso no hay Dios ni hija de Dios que lo soporte. Menos a�n si acumulaste experiencia de barrio, buenos pasotes, amores de barra o algunas delincuencias menores. A las realezas, para sobrevivir en un presente ajeno a sus modales, s�lo les queda la alternativa de parecerse en algo a la calle. Y ni as�.