Unos pocos bloques de hormigón cubiertos por la maleza son lo único que queda del campo de trabajo forzado nazi de Weinberglager, en las afueras de la ciudad de Leobersdorf, en Austria.Los planes para construir allí una zona comercial, con un almacén frigorífico y un supermercado, suscita indignación en el país alpino, que durante mucho tiempo evitó confrontar plenamente su pasado nazi.

"Siento tristeza porque se está construyendo sobre un lugar cargado de historia, sacrificado en aras de la economía", declara a la AFP Erich Strobl, quien dirige una campaña local para preservar el lugar.Tras la anexión de Austria por la Alemania nazi en 1938, el campo de Weinberglager, situado unos 40 kilómetros al sur de Viena, fue utilizado para concentrar a miles de prisioneros de guerra y trabajadores forzados.

Posteriormente, también incorporó el subcampo femenino de Hirtenberg, dependiente del campo de concentración de Mauthausen.Unas 400 mujeres, en su mayoría procedentes de la Unión Soviética, estuvieron detenidas en Hirtenberg y fueron obligadas a fabricar munición de infantería entre septiembre de 1944 y abril de 1945 en una fábrica cercana.

Aunque todavía se conservan las ruinas de la fábrica, los barracones del campo fueron demolidos.Bertrand Perz, historiador especializado en el campo de Mauthausen, explica que Hirtenberg es "históricamente importante", especialmente porque "las mujeres prisioneras de Mauthausen fueron marginadas en la memoria colectiva".