El último curso de la legislatura arranca con la atención puesta en Ceuta, con la mirada en la comparecencia en el Congreso de Pedro Sánchez el próximo 3 de septiembre y con la maquinaria de La Moncloa trabajando, en un segundo plano, en tres carreras internacionales que van a marcar el último tramo del mandato. La aspiración de España al liderazgo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con Yolanda Díaz de candidata; el de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, en sus siglas en inglés), con el ministro Luis Planas; y, previsiblemente, al Banco Central Europeo (BCE), determinarán si Sánchez mantiene el aura fuera de España o si su postura sobre Gaza y la regularización han opacado su brillo.

La influencia del Gobierno a escala internacional se tradujo en 2023 y 2024 en los nombramientos de Nadia Calviño y Teresa Ribera, ambas vicepresidentas con Sánchez, como, respectivamente, presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y comisaria al frente de la todopoderosa cartera de Competencia en la Comisión Europea, además de ser, de facto, la ‘número dos’ de Ursula von der Leyen.