M+.- Los pingüinos de Humboldt son más resistentes que otras especies. Bautizados así por la corriente de Humboldt, rica en plancton, que fluye desde la Antártida hacia Sudamérica, se han adaptado a lo largo de siglos a ciclos de escasez y abundancia impulsados por la presencia o ausencia de El Niño.A pesar de eso, los científicos temen que los cambios de temperatura y el 'superniño' de este año causen un daño grave a la población de estos animales. Este fenómeno climático trae agua cálida desde el oeste cada dos a siete años, ahuyentando a los peces de aguas frías de los que viven los pingüinos.“No tengo grandes expectativas sobre lo que voy a ver”, dijo Susana Cárdenas-Alayza, bióloga y directora del programa de conservación en Punta San Juan, mientras se preparaba para revisar la colonia de pingüinos unas semanas después de que habían iniciado las condiciones de El Niño de este año.Sus bajas expectativas estaban justificadas. Hace apenas unos años, la colonia reproductora de Punta San Juan quedó diezmada por un doble golpe: la gripe aviar de 2022 —que mató a miles de aves— y un fenómeno de El Niño en 2023 que redujo la población a sólo unos cientos de ejemplares. Ahora, apenas tres años después, las aves se enfrentan a un llamado 'superniño' que, según las previsiones, será mucho más intenso que el anterior.Al inicio de la temporada de cría de este año, que por lo general se extiende de marzo a diciembre, había alrededor de 200 nidos en Punta San Juan. Pero cuando los investigadores revisaron a las aves después del pico de otoño, los pingüinos ya habían comenzado a abandonar sus huevos.Por lo general, los padres pingüinos se turnan para quedarse en el nido y asegurarse de que sus huevos o polluelos estén calientes y protegidos mientras el otro padre sale a cazar. Pero durante los años de El Niño, les toma más tiempo encontrar alimento. Al final, el padre hambriento que vigila el nido también abandonará su puesto para buscar comida.“He visto adultos que dejan a sus polluelos y que estos los siguen, haciendo ‘pío, pío, pío’” dijo Cárdenas, imitando los gorjeos de las aves.A menudo, los adultos no regresan y, en su lugar, optan por reubicarse más cerca de aguas con mayor abundancia de alimento. El abandono de casi toda una colonia y la pérdida de una generación de pingüinos pueden ocurrir en tan sólo unas pocas semanas, como ha sucedido en Punta San Juan. Cárdenas no espera ver que el número de la colonia vuelva a aumentar hasta mucho después de que El Niño haya terminado.Punta San Juan no es el único sitio que ya está experimentando fuertes disminuciones esta temporada.No es la primera vezCarlos Zavalaga, ecólogo especializado en aves marinas de la Universidad Científica del Sur en Lima, Perú, visita regularmente las colonias de pingüinos de Humboldt en Perú. Dice que este año ha visto muchos nidos abandonados como los de Punta San Juan. Espera que empiecen a aparecer pingüinos demacrados y muertos a lo largo de la costa del país a medida que El Niño se intensifique.“Cuando ves los cadáveres de pingüinos en las playas, eso es una señal de que El Niño es realmente bien fuerte”, dijo Zavalaga.Algunas investigaciones sugieren que los fenómenos de El Niño se están volviendo más intensos a medida que el cambio climático calienta las aguas de los océanos. Los 'superniños' extremadamente potentes, como el de este año, siguen siendo poco comunes, pero los ecosistemas pueden tardar años en recuperarse de sus efectos.En 1997-98, otro 'superniño' destruyó 16 por ciento de los arrecifes de coral del mundo, provocó desastres naturales en todo el mundo y dejó a Punta San Juan prácticamente desprovista de animales durante varios años después.“Andábamos de un lado a otro con pintura en aerosol para contar todos los animales muertos en la playa —recordó Patricia Majluf, una bióloga que trabajó en Punta San Juan durante ese fenómeno del Niño—. Todos los días aparecían nuevos, así que teníamos que marcar a los antiguos con pintura”.Majluf estima que para finales del fenómeno de El Niño de 1997-98 había desaparecido alrededor de 80 por ciento de las poblaciones de animales con las que había trabajado a lo largo de su carrera: pingüinos de Humboldt, cormoranes, pelícanos y lobos marinos, entre otros. La experiencia fue tan impactante que cambió el enfoque de su carrera, pasando del trabajo de campo local a iniciativas de conservación marina a nivel nacional e internacional, tras darse cuenta de que los problemas en lugares como Punta San Juan eran demasiado grandes para resolverlos a nivel local.