Por Julio César Rivas |
Toronto (EFE).- En Davos, Mark Carney puso palabras a lo que muchos dirigentes occidentales pensaban, pero pocos se atrevían a decir abiertamente sobre las consecuencias de las políticas de Donald Trump; meses después ha llevado su tesis a la práctica, plantando cara a Estados Unidos con aranceles de represalia, algo que solo China se ha atrevido a hacer.
Carney, el vigésimocuarto primer ministro de Canadá, se ha forjado en tiempos de crisis existenciales: se convirtió en gobernador del Banco de Canadá el 1 de febrero de 2008, en plena crisis financiera global; fue gobernador del Banco de Inglaterra durante el Brexit (2013-2020); y ahora dirige Canadá cuando Estados Unidos amenaza con la anexión del país utilizando la fuerza económica.
En enero de 2026, Carney pronunció su ya famoso discurso de Davos (Suiza) en el que verbalizó el proceso de ruptura, «no una transición», que según él está viviendo el mundo, provocado por las grandes potencias que utilizan «la integración económica como arma, los aranceles como instrumento de presión, la infraestructura financiera como mecanismo de coerción».
Ante la ovación de líderes de todo el mundo, Carney expuso su ‘doctrina de Davos’: ante la coerción de las grandes potencias, la respuesta es reducir la vulnerabilidad, fortaleciendo el mercado interno y diversificando las relaciones comerciales, todo ello bajo el principio de no negociar individualmente desde una posición de subordinación.













