Cada giro completo del bombín termina moviendo una leva que empuja o libera el pestillo, de modo que una pieza situada al fondo del cilindro decide si la puerta permanece cerrada o se abre. Ese movimiento solo llega a producirse cuando nada invade la frontera interna que separa la parte móvil de la carcasa fija.
En una cerradura de pines, la llave adecuada eleva varias parejas metálicas hasta una misma línea y deja libre el cilindro para girar, mientras cualquier diferencia de altura mantiene al menos una pareja atravesada y bloquea el mecanismo. La forma dentada de la llave actúa, por tanto, como una secuencia de medidas que debe coincidir con la disposición interna del bombín.
Los pines bloquean el cilindro mientras no hay una llave válida
Dentro del cuerpo de la cerradura, varios alojamientos verticales contienen pines inferiores y contrapines superiores, mientras pequeños resortes presionan cada conjunto hacia abajo. Cuando no hay ninguna llave insertada, las dos piezas de cada pareja quedan a distinta altura y atraviesan la separación entre el cilindro y la carcasa. Esa invasión impide que la parte móvil pueda girar, aunque se intente forzar el movimiento desde el exterior. El sistema permanece cerrado porque varios obstáculos metálicos ocupan al mismo tiempo la zona por la que tendría que deslizarse el cilindro.






