Hay una escena de Disney que está entre mis top five. Es una escena de El Rey León. El pequeño Simba está solo. Su padre ha muerto. Y Simba carga con algo mucho más pesado que la muerte: la culpa. Para borrar todo eso, intenta escapar de aquello que le duele. De su historia. De su responsabilidad. De quien había sido. Y encuentra una manera de hacerlo: Hakuna Matata. No pensar. No mirar atrás. No hacerse preguntas. Vivir el día. Distraerse.
Y, en algún sentido, funciona. Porque a veces distraernos funciona. Podemos pasar horas haciendo scroll en Instagram, mirando videos, trabajando, comiendo, saliendo, llenándonos de estímulos, ocupándonos de cualquier cosa que nos permita no quedarnos demasiado tiempo a solas con determinadas preguntas.
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Y no hay nada malo en eso. El problema aparece cuando la distracción deja de ser un descanso y se convierte en una forma de olvidarnos de nosotros mismos. Hasta que, en medio de todo ese viaje, Simba escucha la voz de su padre. Y le dice una frase épica: “Remember who you are.” Recordá quién sos.
Y creo que a todos nos pasa. Que, en algún momento, nos olvidamos de quién somos. Nos olvidamos de esa parte nuestra que existe más allá de nuestras heridas, nuestros miedos y nuestras historias. Y entonces empezamos a vivir desde una versión mucho más pequeña de nosotros mismos. ¿Por qué? ¿Cómo empezó?










