Sí. Dos letras. Una afirmación que, dicha a tiempo, puede torcer el rumbo de toda una historia. “Es como abrir una puerta, como avivar una llama”, redactó alguna vez el escritor canadiense Kenneth Oppel sobre esa palabra minúscula y poderosa, que en Cartagena dejó de ser una simple afirmación para convertirse en el nombre de un movimiento entero. Pero, ¿y cómo ocurrió esto? En 2024, El Universal —el periódico que acompaña a los cartageneros desde hace 78 años— decidió cambiar el enfoque o las historias que habitualmente narraban, dándole paso a las costumbres, a las personas que inspiraban y a la gente que transformaba su entorno desde lo cotidiano. Así que el equipo creativo del diario, liderado por Catalina Araújo Gerdts, le dio forma y nombre a esa idea: Cartagena sí. “Analizando cómo inspirarnos a soñar en grande, para aprovechar la fortaleza y el asombro que nos caracterizan como cartageneros y transmitirlo a toda Colombia, creamos ¡Cartagena sí!”, explica Araújo, porque “narrar lo positivo genera pertenencia e incentiva a otros a creer”. Lo que ocurrió después es que esa apuesta creativa terminó desbordando su propio propósito inicial y los números pueden confirmarlo: en los primeros seis meses, la campaña puso en circulación cerca de 300 contenidos en redes sociales, 338 páginas de artículos e historias en medios impresos y digitales, 130 avisos publicitarios y 51 vallas. Ochenta influenciadores y unos 35 aliados estratégicos se sumaron al ejercicio. Para 2025 esas cifras ya habían crecido: durante el año se compartieron otras 330 piezas en redes, 380 en medios impresos y digitales, 160 unidades de publicidad exterior. A esto se sumó otro tipo de alcance, uno que no cabía en una hoja de cálculo: 15 estrategias de sentido ciudadano, tres murales construidos con la comunidad, un foro con más de 500 asistentes, una canción que superó las 403 mil visualizaciones. Es decir, el “Sí” se tomaba las páginas y las redes, pero también las calles. Y ahí nacieron los Embajadores Cartagena sí: ciudadanos convertidos en voceros de su propia ciudad, capaces de llevar la campaña a barrios, instituciones y escenarios culturales por su propia cuenta. “Al final dejó de ser una campaña y se volvió más un movimiento porque la gente, que fue lo más lindo para mí, empezó a apropiarse del sí”, comenta Araújo. “Cuando me presentaron la campaña Cartagena sí, me cautivó inmediatamente, sentí que era la conjunción del mensaje visual y emocional que andaba esperando para que El Universal transmitiera ese caudal de energía vibrante y amorosa que en todos los pasillos del diario se siente y se vive por el Corralito de Piedra”, cuenta Nicolás Pareja, director del periódico. “Lo que nunca esperé es que prontamente se convirtiera en un movimiento ciudadano recorriendo barrios, convocando instituciones, congregando en escenarios culturales”, añade. Y es que hoy, Cartagena sí es sinónimo de optimismo crítico, no ingenuo, porque decir “Sí” a esta ciudad no ha significado cerrar los ojos ante lo que aún duele; al contrario: “sin desconocer ninguna de esas realidades, sentimos que tenemos la responsabilidad de mostrar la otra Cartagena”, afirma Araújo. La Cartagena donde la gente que sí emprende, sí trabaja y sí transforma su entorno pese a todo. *Contenido elaborado con el apoyo de El Universal