Un iPhone 17 Pro lanzado desde 30.607 metros de altura sobre el norte de Suecia protagonizó una prueba extrema que terminó con un resultado inesperado. El dispositivo ascendió hasta la estratosfera mediante un globo antes de iniciar un descenso sin paracaídas hacia una zona deshabitada próxima a Kiruna. La demostración, organizada por RHINOSHIELD junto con la compañía aeroespacial británica Sent Into Space, pretendía llevar hasta el límite la resistencia de una funda para móvil. El desenlace convirtió el experimento en un intento reconocido oficialmente por Guinness World Records.

La operación se realizó con una condición especialmente exigente: el teléfono debía descender libremente y la funda tenía que ser la primera parte del conjunto que entrara en contacto con el terreno. El lanzamiento llevó el dispositivo hasta 30.607 metros, una cota superior a tres veces la altitud habitual de crucero de un avión comercial. A semejante altura, además del posterior impacto, el equipo tenía que afrontar cambios acusados de temperatura y presión atmosférica. Por ese motivo, los responsables realizaron previamente pruebas de presión y exposición a temperaturas bajo cero.

La protagonista tecnológica de la prueba era la funda AirX de RHINOSHIELD, desarrollada mediante una construcción basada en un único material. Según la compañía, su diseño toma como referencia principios empleados en los airbags de los automóviles y sistemas de amortiguación por aire utilizados en el calzado. Su estructura está concebida para absorber parte de la energía generada durante un impacto, mientras que el planteamiento de material único busca facilitar también su reciclaje. Sin embargo, todavía quedaba por comprobar qué ocurriría al enfrentarse a una caída desde la estratosfera.