En estos días, desde ARTEI (Asociación Argentina del Teatro Independiente) junto a redes de salas de distintas partes del territorio nacional y junto a la comunidad teatral en general estamos reclamando que le devuelvan los fondos al teatro. Fondos que le corresponde por ley al INT (Instituto Nacional del Teatro) y que desviaron incumpliendo, una vez más, la legislación vigente. Pero con ese marco, no puedo dejar de pensar que lo que están desviando y queriéndose robar es el país que supimos construir generaciones y generaciones de argentinos. Con mentiras, noticias falsas, agresiones e insultos intentan culpar al sentimiento igualitario de la mayoría de los argentinos como responsable de problemas estructurales que claramente tienen otro origen. Quieren hacernos creer que el histórico acceso mayoritario a la educación, a la seguridad social, a la salud o a la cultura o la pretensión de que lo sea, mejorando sus prestaciones y eficacia, es la causa de las recurrentes crisis. No tienen en cuenta lo arraigado que está en nuestra sociedad la necesidad de inclusión social y de movilidad social ascendente, de acceso a los bienes tangibles e intangibles ni la memoria histórica de organización solidaria y colectiva. Ese país es el que pretenden dinamitar, desviarlo de su cauce o llevárselo puesto como un niño que si no puede ganar se lleva la pelota. Cuando comenzó este gobierno nos extorsionaban diciendo que el dinero invertido en cultura se le restaba a la comida o a la salud de quienes más lo necesitaban. Era un discurso que en ese momento permeaba con fuerza. Camino a los tres años de gestión estoy convencido que la mayor parte de la sociedad descubrió el embuste: la única beneficiada con los recortes de la inversión pública en todas las áreas es la elite económica interna y externa, cada vez más concentrada y representativa de no más del 10% de la población.
Devuelvan el país
En estos días, desde ARTEI (Asociación Argentina del Teatro Independiente) junto a redes de salas de distintas partes del territorio nacional y junto a la comunidad teatral en general estamos reclamando que le devuelvan los fondos al teatro. Fondos que le corresponde por ley al INT (Instituto Nacional del Teatro) y que desviaron incumpliendo, una vez más, la legislación vigente. Pero con ese marco, no puedo dejar de pensar que lo que están desviando y queriéndose robar es el país que supimos construir generaciones y generaciones de argentinos. Con mentiras, noticias falsas, agresiones e insultos intentan culpar al sentimiento igualitario de la mayoría de los argentinos como responsable de problemas estructurales que claramente tienen otro origen. Quieren hacernos creer que el histórico acceso mayoritario a la educación, a la seguridad social, a la salud o a la cultura o la pretensión de que lo sea, mejorando sus prestaciones y eficacia, es la causa de las recurrentes crisis. No tienen en cuenta lo arraigado que está en nuestra sociedad la necesidad de inclusión social y de movilidad social ascendente, de acceso a los bienes tangibles e intangibles ni la memoria histórica de organización solidaria y colectiva. Ese país es el que pretenden dinamitar, desviarlo de su cauce o llevárselo puesto como un niño que si no puede ganar se lleva la pelota. Cuando comenzó este gobierno nos extorsionaban diciendo que el dinero invertido en cultura se le restaba a la comida o a la salud de quienes más lo necesitaban. Era un discurso que en ese momento permeaba con fuerza. Camino a los tres años de gestión estoy convencido que la mayor parte de la sociedad descubrió el embuste: la única beneficiada con los recortes de la inversión pública en todas las áreas es la elite económica interna y externa, cada vez más concentrada y representativa de no más del 10% de la población.






