Vivimos en una época en la que descansar se convirtió en un lujo. Terminamos una jornada agotadora y, sin embargo, seguimos conectados, pensando en lo que falta. Nos acostamos cansados y al levantarnos seguimos cansados. ¿Por qué? ¿Dormir muchas horas significa realmente descansar? ¿Cuándo el sueño es realmente reparador? El descanso es mucho más que la cantidad de horas que pasamos en la cama: No se trata únicamente de detener la actividad física, sino de permitir que el organismo disminuya la sobrecarga y recupere sus recursos. En este sentido, descansar implica también aprender a detenernos. El sueño profundo cumple una función esencial en la recuperación física y cerebral. Durante la noche, el organismo atraviesa diferentes etapas del sueño y necesita continuidad para que los procesos de reparación, regulación emocional, consolidación de la memoria y recuperación energética puedan desarrollarse adecuadamente. Por eso, ocho horas de sueño fragmentado o inquieto no necesariamente equivalen a ocho horas de sueño reparador.
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