Con una portada de manga donde aparecían dibujados unos jóvenes sonrientes, Japón presentaba el pasado 4 de agosto su libro blanco de defensa, introduciendo el mayor gasto militar de la democracia nipona. La ultranacionalista presidenta Sanae Takaichi ha ordenado una reindustrialización armamentística del país ante los crecientes "retos sin precedentes" en el Pacífico. Todo, a pesar de una constitución que heredó las limitaciones por la derrota de la Segunda Guerra Mundial respecto a su ejército y que la presidenta ya ha adelantado que habrá que "actualizar acorde a las demandas actuales".

Japón planea así alcanzar un gasto militar del casi 2% de su Producto Interior Bruto (PIB), con una inversión militar que ha pasado de unos 40.000 millones de dólares en 2022 a unos 61.000 millones proyectados para este 2026, según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). Su ejemplo no es un caso aislado. Australia, Taiwán o Singapur, acompañan a Tokio en este despegue armamentístico en el Pacífico, en el que China, el pasado marzo, se ponía a la cabeza con un aumento de su presupuesto en Defensa del 6,9%. Según el análisis del SIPRI, la inversión real se ha traducido de unos 274.000 millones de dólares a unos 335.000 millones en 2025. La cifra proyectada sobrepasaría los 350.000 millones en 2026.